La configuración de la identidad hondureña

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/ 10 de septiembre de 2022
/ 12:02 am
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La configuración de la identidad hondureña

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Por: Juan Carlos Arosemena*

En 2019, se publicó el libro “Antología del pensamiento crítico hondureño contemporáneo” en el cual se compilaron una serie de artículos de diversos autores. La antología incluyó un texto del escritor e historiador Mario Argueta, miembro de la prestigiosa Academia Hondureña de la Lengua, sobre la conformación de la identidad nacional hondureña, el cual considero valioso de destacar en el mes patrio hondureño.

Como es sabido, la independencia de Centroamérica difiere de la sudamericana en que la primera es menos violenta. En 1822, el imperio mexicano de Agustín de Iturbide anexó Centroamérica. No obstante, el 1 de julio del siguiente año las Provincias Unidas de Centroamérica se declararon libres e independientes de España, México y cualquier potencia. “Se concretiza paulatinamente la idea de un sistema federal (1824) que parecía más viable, pero las diferentes ideologías -en este caso conservadoras- no permitieron el fortalecimiento de la llamada Patria Grande” (Bardales y Lemus, 2019). Posteriormente, pese a los esfuerzos de Morazán -al retorno de su viaje a Perú-, la República Federal de Centroamérica terminó disolviéndose. Así, cada Estado inició su propio camino en medio de anhelos, dificultades y construcción de su identidad nacional.

En el siglo XIX, parafraseando a Bardales y Lemus, Honduras consiguió recuperar territorio (Islas de la Bahía y La Mosquitia), se promovió la protección fronteriza, se establecieron la Bandera y el Escudo Nacional y se creó el panteón de héroes y próceres nacionales de la mano de los presidentes Marco Aurelio Soto -quien bautizó al militar peruano Leoncio Prado como “Soldado de la Democracia” por sus hazañas en el caribe hondureño en favor de la libertad de Cuba al capturar el vapor “Moctezuma” de España (Arosemena, 2022)- y Ramón Rosa, aunque esto no fue suficiente, ya que “la idea de Honduras y lo hondureño aún se encontraba poco desarrollada entre la mayoría de la población, que era abrumadoramente rural y campesina” (Argueta, 2019). Esto cambió en el siglo XX, debido a tres acontecimientos.

Los dos primeros están ligados a los Estados Unidos. Debido a las pugnas por el poder entre las facciones que luchaban por el poder, los desembarcos de “marines” eran comunes en la costa atlántica para proteger a sus nacionales y a sus empresas. En 1924, después de la muerte del general López, al haber estallado la guerra civil, los Estados Unidos impusieron a 200 marines en Tegucigalpa, lo cual nunca había ocurrido. La Cancillería hondureña protestó y en una nota cursada a la embajada norteamericana consideró dicho acto “como un agravio a la soberanía e independencia”. La intelectualidad hondureña y la sociedad civil de la época también protestaron. Froylán Turcios editó el boletín de Defensa Nacional protestando por el agravio (Argueta, 2019).

El segundo episodio está relacionado con la Huelga de 1954 de los obreros de las plantaciones bananeras de la United Fruit Company. Las muestras de solidaridad llegaron de la burguesía, el estudiantado y la intelectualidad. No solo se consideraban justas y razonables las peticiones de los trabajadores, sino que Honduras se levantaba contra un monopolio extranjero que había llegado a obtener, vía concesiones gubernamentales, las tierras más fértiles del país. “Y es que el componente nacionalista estaba allí presente” (Argueta, 2019). La Huelga del 54 es considerada el movimiento social más importante del siglo XX.

En tercer lugar, el conflicto bélico con El Salvador marcó a Honduras. “Lo que evitó el colapso en los frentes de batalla fue el apoyo irrestricto de la población civil a la defensa del territorio y a la contención de la penetración invasora. Los sectores urbanos aportaron recursos económicos, mediante la compra de bonos, para la adquisición de armamento y los habitantes rurales abastecieron de alimentos a los combatientes” (Argueta, 2019).

La guerra colocó en la agenda nacional los problemas del desarrollo económico e integración nacional por lo que entre 1971-1972 se buscó implantar un gobierno bipartidista de Unidad Nacional. Esto fue aprovechado por el Ejército que “aplicando un reformismo, al estilo peruano, que, con altibajos, impulsó reformas sobre todo en materia agraria, que evitaron que la polarización entre las distintas clases sociales desembocara en la guerra civil, como aconteció en Guatemala y El Salvador” (Argueta, 2019). Cabe resaltar que, el Tratado General de Paz entre Honduras y El Salvador se firmó en octubre de 1980 en Lima. La mediación del expresidente peruano Bustamante y Rivero fue fundamental para solucionar este conflicto.

* Diplomático, filósofo, Lic. en Relaciones Internacionales y Jefe de la Sección Consular de la Embajada del Perú en Honduras

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