Una mirada al desarrollo industrial japonés

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/ 10 de septiembre de 2022
/ 12:05 am
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Una mirada al desarrollo industrial japonés

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Por: Carlos G. Cálix*

En el marco de la cátedra JICA-UNAH fui invitado como panelista al Simposio “Desarrollo industrial, estrategia y gestión japonesa” junto a Gaku Funabashi Profesor Asociado de la Universidad Internacional de Japón y Asesor Senior JICA, además de las representantes tanto del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) como del Servicio Nacional de Emprendimiento y de Pequeños Negocios (SENPRENDE). Un evento excepcionalmente organizado por el Posgrado de la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables (POSFASE) y la Vicerrectoría de Relaciones Internacionales (VRI) – UNAH y JICA.

Con la presencia del embajador del Japón Jun Nakahara, el Representante Residente de JICA-Honduras Shino Katsuhiko y frente a un público académico y empresarial, Funabashi centró su presentación en el tipo de tecnologías que tienen como fortaleza las empresas japonesas, efectuando énfasis en el Índice de Competitividad Internacional con una relevante gráfica orientada a mostrar las características tecnológicas en diversas industrias (química, siderúrgica, electrónica y automovilística). Hizo énfasis en la innovación incremental de procesos con ideas del personal in situ, basados en el aprender haciendo y caracterizando el desarrollo de la industria japonesa en tres grandes dimensiones (integralidad, progresividad y necesidad de coordinar) que permiten una comoditizada arquitectura integral.

Al efectuar un análisis comparativo entre la gestión empresarial estadounidense y japonesa, el profesor Funabashi expresó que las empresas norteamericanas dirigen sus esfuerzos en combinar diversos conocimientos en cada organización diferente -adecuado para la innovación radical-. Por su parte, las empresas japonesas se enfocan en la rotación de puestos, en eliminar las barreras de especialización y sobre todo en el intercambio de información a través de la acumulación de conocimiento en la misma organización. Esto permite afinar el desarrollo de piezas en la cadena de suministro en un mercado organizado, donde pueden intercambiar información con sus proveedores, logrando una excelente implementación del sistema Just In Time (JIT). En las empresas japonesas procuran que la toma de decisiones sea compartida y permiten una red de recursos humanos estables por medio de la distribución justa del rendimiento, fortaleciendo los Principios del Movimiento de Productividad. El rendimiento se incrementa en función de la estructura de la industria y del comportamiento de la empresa, todo en función de las fuerzas propuestas por Michel E. Porter y con la visión de la Teoría Basada en los Recursos y Capacidades.

Desde 2010 he sido un apasionado por los activos intangibles. Escuchar a Funabashi enfatizar el uso del capital humano y organizacional es emocionante, porque este tipo de activos no solo generan ventaja competitiva (entendida como innovación empresarial), sino que son inimitables al considerar que la acumulación de activos intangibles incrementa las capacidades dinámicas. El problema general radica en que la mayoría de las empresarios y directivos hondureños no identifican, clasifican o miden el capital intelectual y otros intangibles, por tanto, no saben el valor real de sus empresas, -resultados que publiqué en el libro “Capital Intelectual en el éxito de las empresas”-. Precisamente, al igual que muchas organizaciones hondureñas, las empresas japonesas enfocan la innovación incremental basadas en las capacidades dinámicas mediante tecnologías cambiantes, -lo que llamó la atención del profesor japonés-, manifestando que había identificado ciertas similitudes de gestión en empresas hondureñas y japonesas, algo que considero se puede explicar por la cantidad de altos directivos hondureños que se han formado en programas de gestión de la calidad basados en enfoques japoneses, cuyos profesores han sido discípulos de Kauro Ishikawa y Shigeo Shingo.

Al concluir el simposio, coincidimos en varios temas, entre ellos: comprender que el éxito del Japón no ha dependido únicamente de las acciones y políticas desarrolladas a partir de 1952 (mediante los aportes de J. Dodge, Edwards Deming, Joseph Juran y otros), conocer los antecedentes históricos, la situación geográfica, los recursos naturales y humanos, las características de los productos/servicios, la estructura y política de la industria, además de la demanda del mercado nacional y extranjero, particularmente el periodo Edo o Tokugawa (1603-1868) y el periodo de la Restauración Meiji (1868-1914).

Al respecto, como aporte, me resultaría motivante efectuar tres tipos de análisis comparativos. El primero sobre las “Políticas industriales de Japón, Estados Unidos y Honduras (1870-1914)”, el segundo sobre “Japón y Honduras (1950-1970) elementos subyacentes para comprender y emular el milagro económico” y, el tercero orientado a fortalecer el “Intercambio del conocimiento en las empresas japonesas y hondureñas, desde la perspectiva de la innovación incremental”.

Las empresas, la academia y los gobiernos, deben hacer énfasis -como bien expresa Ishikawa- en que “la calidad empieza con la educación y termina con la educación”. Por tanto, se debe “eliminar la causa de raíz y no los síntomas”.

*Carlos G. Cálix es cofundador de una firma especializada en estrategia empresarial y política. Profesor del Doctorado en Dirección Empresarial en la UNAH. Postdoctorado CONICET- IIESS-Argentina. calixgrupoeditorial@gmail.com

carlosgcalix.com

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