Último maestro

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/ 11 de septiembre de 2022
/ 12:49 am
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Todas las culturas del mundo desde las antiguas hasta las actuales, siempre se han preocupado y siguen preocupándose por la presentación personal, y una de esas preocupaciones es el arreglo del pelo y el cabello. Para el caso, Herodoto era un historiador griego de la época antigua y nos explica y comenta que los egipcios se afeitaban tanto los pelos de la cara como los cabellos de la cabeza. Por esta razón José, el que fue vendido por sus hermanos, se afeitó la cabeza y su cara para verse mejor presentado antes de comparecer ante la presencia del Faraón. Hay literaturas antiguas, medievales y modernas, que nos hablan de la actividad del barbero y el peluquero, entre ellas: La Biblia, La Ilíada y La Odisea, obras maestras de Homero; Don Quijote de la Mancha, obra maestra de Miguel de Cervantes Saavedra; y la Ópera, El Barbero de Sevilla, obra maestra de Rossini.

Actualmente en nuestro país, este bello oficio practicado con profesionalismo de hacer sobar las tijeras y utilizar hábilmente la máquina, antes manuales cuando no había electricidad y ahora eléctricas, hacen de esta digna profesión, un fin primordial, para la visita a la barbería y peluquería, siempre llenas de alegría y buena plática, que permite a los ciudadanos, lucir guapos, nada greñudos y bien arreglados.

El barbero es aquella persona que tiene por oficio el afeitar y cortar el pelo de la cara, los de la nariz y oídos llamados cilios; el peluquero y estilista es la persona que tiene por igual profesión el cuidado y arreglo del cabello de la cabeza. Pues el cabello es cada uno de los pelos que nacen en la cabeza del hombre y de la mujer, y estos varían en su aspecto: ya sea lisos, rizados y crespos, su grosor y color. Y todo cabello pasa por tres fases: la anágena, que es un periodo de crecimiento que dura tres años; la catágena, que es un periodo de transición e inactivo, y dura 3 semanas; y la telógena, que es un periodo de reposo, donde el cabello muerto es expulsado por un nuevo cabello. Repitiéndose el ciclo cada vez.

Para el maestro barbero y peluquero don Sotero Escoto Aguilar, que es el único con el título de Maestro Barbero y Peluquero de la vieja generación del siglo veinte, compatriota oriundo de las afueras de Tegucigalpa y barbero y peluquero de generaciones, quien por más de 73 años dedicó su vida a tan digno oficio a favor de miles de hondureños esmerados en lucir guapos y bien presentados. Un ciudadano de ejemplo y excelencia a quien nunca le faltó decir: “Está usted servido y me da muchísimo gusto poder servirle nuevamente” son las palabras de este artista de las tijeras, la navaja, el peine y la máquina al finalizar su tarea. Y su carta de presentación.

El maestro Sotero Escoto Aguilar, inicia sus estudios en la Escuela de Cabos y Sargentos, a inmediaciones del actual Congreso Nacional, allá por el año de 1945; para ese entonces, tenía doce años e inicia con los siguientes niveles de aprendizaje con la dirección y supervisión de un maestro: el primer nivel era El Instrumentalista, a cargo del maestro Rosendo Beltrán. En este nivel aprendió a utilizar, manejar, deslizar y dirigir los instrumentos. El segundo nivel era La Enseñanza, a cargo del maestro Carlos Romero; en este nivel se le enseñó los secretos del cabello, sus formas, los tratos que se debían tener y los cuidados del mismo. El tercer nivel era El Fino, a cargo del maestro Fausto Fuentes Carrasco. Con este nivel aprendió a fijar bien la vista, ver los detalles para un acabado excelente y aprender a concentrarse en el trabajo para dejar bien pulido y acabado cualquier cabello por muy difícil que fuera. El cuarto nivel era El Maestro, a cargo del maestro Daniel Pavón, en este último se realizaba la supervisión del postulante para maestro, realizando la práctica con modelos y aplicando todos los conocimientos adquiridos, enseñados por los diferentes maestros de cada uno de los niveles antes mencionados. La práctica la realizaba en tres lugares: 2 días en la Casa Presidencial; 2 días en el Cuartel San Francisco; y 3 días en la Penitenciaría Central, en esta última de 7 de la mañana a 9 de la noche. Esta práctica duraba tres meses.

Finalizando los tres meses, los futuros maestros, realizaban la práctica final en la barbería del maestro Daniel, y este no le quitaba la mirada al practicante en el momento de realizar algún trabajo, respirándole cerca de la nuca por si cometía algún error. Una vez aprobado el postulante, el maestro Daniel calificaba y otorgaba el título de “Ya eres Maestro” al nuevo profesional, lanzándose este, a buscar trabajo a las pocas barberías existentes en aquellos años. Es así como el maestro Sotero Escoto Aguilar, inicia su trayectoria como profesional de la Barbería y Peluquería con el título de maestro. Sus actividades ya como profesional los inicia en 1948 en un establecimiento de Comayagüela bajo el nombre de Barbería Colón, posteriormente pasa a la Barbería Francesa, luego años después a la Triana, El Progreso, Eureka, Jackos y Maya.

Es así que este hondureño luchador, de fisonomía ectomorfa en su juventud y endomorfa en su vejez, de hablar pausado pero sapiente y de estricto proceder en su oficio, se convirtió en una figura para la juventud adolescente y adulta de aquellos dorados tiempos, en los que un corte de cabello y de pelo con todo y el acondicionador y la propina, no pasaba de los 2 lempiras.

Figura que se mantuvo como garantía de un buen corte de cabello y pelo con conversación incluida de primera, producto de sus ilustrados conocimientos y esa gracia característica que mantuvo por muchos años, hicieron del maestro Sotero Escoto Aguilar un barbero y peluquero con quien era muy agradable platicar del tema que usted gustara, aunque sus temas predilectos eran la problemática productiva de hortalizas y café, conocedor y productor de dichos productos y un excelente catador y bebedor del aromático y sabroso café, que nunca le faltaba todos los días, hasta siete tazas diarias.

El maestro Sotero siempre sostuvo que el único oficio que supera al de peluquero y barbero es la carpintería, pues esta actividad decía el maestro Sotero “era la que ejercía el padre de Jesús, a quien introdujo en ese trabajo a los doce años”. Los mismos años que el maestro Sotero comenzó a aprender el arte de la peluquería y barbería.

Bueno, me despido de ustedes y del maestro o “maistro” como cariñosamente le decían sus clientes: “hola Maestro”, “hola Maistro”. También aprovecho la ocasión para felicitar a todos los peluqueros, barberos, estilistas y maquillistas por su día el pasado 25 de agosto, fecha de este bello y hermoso arte de la belleza.

Muchas gracias papá por todo; te ganaste tu futuro aquí con nosotros y también, muchas gracias porque nos amaste y nos abrazaste con tus manos.

Buena suerte allá arriba y que recibas muchas propinas.

Gracias a Dios por los dones que te dio.

Tu hijo.

ESCOTO FERRERA SOTERO
Tegucigalpa, M.D.C.

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