Informe UNESCO, UNICEF y CEPAL: Honduras va en la cola para alcanzar las metas de educación al 2030

ZV
/ 12 de septiembre de 2022
/ 04:30 am
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Informe UNESCO, UNICEF y CEPAL: Honduras va en la cola para alcanzar las metas de educación al 2030
El aprendizaje se ha visto agravado por la gran cantidad de días de clases presenciales suspendidas durante los años 2020 y 2021 (y en algunos países esta situación continua parcialmente en 2022), según el informe.

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Honduras se encuentra en la cola de los países de América Latina para cumplir los objetivos en Educación al 2030 que se propusieron en 2015 con Organización de las Naciones Unidas (ONU), como una de las vías para reducir de la pobreza, según un informe divulgado por la Unesco, Unicef y Cepal.

Con el título, “La encrucijada de la educación en América Latina y el Caribe: informe regional de monitoreo ODS4-Educación 2030”, el documento concluye que sí antes de la pandemia del COVID-2019 las naciones ya iban rezagadas en el cumpliento de estos objetivos, el panorama cuesta arriba de de aquí al 2030 es mayor.

En 2015 se aprobó la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí, en el cuarto Objetivo del Desarrollo Sostenible (ODS4), se definió la importancia de una visión inclusiva, equitativa y de calidad para la educación.

Los indicadores muestran que, en los años recientes, aún antes de la crisis educativa provocada por la pandemia, hubo una desaceleración —y en algunos casos un estancamiento— en el avance de muchos de los logros educativos que eran notables en el período 2000-2015. En algunos indicadores esto muestra los límites a la hora de llegar a las poblaciones con más dificultades, como las niñas y los niños con discapacidad, los habitantes de zonas rurales remotas y los miembros de hogares pobres.

“En otros indicadores se observan mejoras y hay logros alentadores, algunos comunes a toda la región y, en otros casos, específicos de algunos países. Pero, en general se observa ya el efecto de un período más reciente que ha estado marcado por las dificultades económicas, la discontinuidad política y los devastadores efectos de la pandemia de la COVID-19. Esto implica un llamado urgente a la aceleración del avance en las metas educativas establecidas en 2015 con más inversión, participación social, diálogos y capacidades estatales para conducir los procesos de mejora y transformación sistémica de la educación”, subraya el documento.

MATRÍCULA PRIMARIA LA MÁS AFECTADA

Para el 2019, de acuerdo al informe, la tasa bruta de matrícula de educación de la primera infancia era del 46.6%, con amplias diferencias según los ciclos: para el desarrollo educativo de la primera infancia (de cero a dos años) la cobertura era de apenas el 18.6%, mientras que en la educación preprimaria (desde tres años y hasta el inicio de la primaria) la tasa bruta era del 77.5%. La evolución de este indicador muestra un crecimiento constante en los últimos veinte años. Entre 2015 y 2020 se incorporaron cerca de 2.1 millones de niños y niñas a programas de desarrollo educativo de la primera infancia, a un ritmo más acelerado que en los quinquenios anteriores.

Sin embargo, aclara, más allá de los avances, todavía es un porcentaje menor de la población la que accede a programas de desarrollo de la primera infancia: apenas el 18.6% de los niños y niñas entre cero y dos años. Es necesario acelerar estos ritmos de inclusión ya que, de sostenerse este ritmo de crecimiento, para el 2030 se alcanzará a cubrir apenas una cuarta parte de la población.

Además, la información disponible muestra que la asistencia a la educación de la primera infancia ha sido la más afectada por la pandemia.

En paralelo, en estos mismos años vimos una fuerte desaceleración del crecimiento de la educación preprimaria. El indicador ODS 4.2.2, sobre la participación en programas educativos un año antes del inicio de la primaria, muestra que un 5% aún no accede a ninguna etapa de esta oferta educativa.

POBLACIÓN INDÍGENA MARGINADA

Entre 2015 y 2020 también se observa una desaceleración de los indicadores de acceso a la educación primaria y secundaria. La tasa de población fuera de la escuela (ODS 4.1.4) en primaria pasó de 3.2% en 2015 a 2.9% en 2020, mientras que en secundaria baja subió de 6.1% a 6.8%, y en secundaria alta se redujo de 22.7% a 21.3%. Como resultado, se estima que 10.4 millones de niños, niñas y jóvenes se encontraban excluidos del acceso a la educación primaria y secundaria en América Latina y el Caribe en el año 2019.

Con un valor estable en el tiempo, el 92.7% de la población adolescente había finalizado la educación primaria en 2020. Para la secundaria baja y alta el porcentaje de la población joven que concluye cada nivel es 79.1% y 63.7%, respectivamente.

Es preocupante reconocer una fuerte desaceleración de la mejora en la finalización del nivel frente a lo que venía ocurriendo entre 2000 y 2015. Cabe destacar que algunos países, como México, Costa Rica y Uruguay, con antecedentes de alta exclusión en la educación secundaria alta, lograron mejorar más en el período reciente.

Pese a las mejoras, las desigualdades siguen siendo muy amplias: mientras que en el quintil de ingresos más alto el 84.6% de la población logra culminar la educación secundaria, esta proporción cae a 44.1% en el quintil de ingresos más bajos. Por otra parte, el 66.6% de la población urbana finaliza la educación secundaria alta, pero solo lo hace el 46.4% en zonas rurales. La población indígena es un grupo que presenta niveles altos de exclusión educativa: en el promedio de países para los que se dispone de información, el 59% logra culminar la educación secundaria alta.

CLASES PRESENCIALES

La repetición también ha disminuido claramente en las últimas dos décadas en la región desde valores históricamente muy altos, especialmente en el inicio de la primaria. En el período 2015-2020 la repitencia en primaria se mantuvo estable en torno al 3.6%, mientras en secundaria siguió disminuyendo hasta llegar al 4.5% de los estudiantes. Es importante considerar que estos indicadores son especialmente preocupantes en los países de Centroamérica y muestran valores muy bajos o casi nulos en los países del Caribe.

En toda la región hubo políticas activas que buscaron ampliar la inclusión educativa de las poblaciones más desaventajadas. En particular se avanzó en nuevas estrategias de inclusión de la primera infancia.

Las fuertes políticas de inclusión social centradas en transferencias condicionadas de ingresos continuaron y se expandieron en muchos países de la región; se desarrollaron acciones compensatorias para enfrentar las desigualdades sociales y se implementaron novedosos programas de redistribución y reconocimiento de los sectores vulnerables.

En este sentido, el informe destaca cómo se han enfrentado temas como la pandemia, la discapacidad o la situación de aquellos estudiantes que han quedado fuera de la escuela, y se presentan ejemplos que dan cuenta de casos específicos, de políticas integrales para la primera infancia, el desarrollo de nuevas plataformas educativas para promover el uso de tecnologías en un contexto de no presencialidad y novedosas experiencias de protección de las trayectorias educativas en distintos países.

Estos grandes esfuerzos de políticas no quitan las enormes deudas que siguen existiendo en la región para lograr la inclusión educativa plena de los sectores sociales más desfavorecidos.

Las deudas educativas se extendieron, además, en tiempos de emergencia a partir de la COVID-19 y su impacto en la exclusión educativa. La suspensión de clases presenciales tuvo un efecto devastador en los sectores con menos apoyo pedagógico en el hogar, conectividad y materiales educativos.

Las proyecciones elaboradas por diferentes organismos internacionales estiman que un porcentaje importante de estudiantes ha quedado excluido de la continuidad de la enseñanza durante la pandemia, y que es previsible observar una pérdida generalizada de aprendizajes, pero que afectará en mayor medida a las poblaciones más desaventajadas.

Los efectos de la pandemia y la suspensión de las clases presenciales en la salud mental en los estudiantes es una temática que genera preocupación y obliga a repensar las acciones educativas en marcos más amplios, donde el aprendizaje se combine con el bienestar estudiantil. La preocupante situación de los bajos logros de aprendizaje en la región se vio agravada por el efecto de la pandemia de la COVID-19.

La región tuvo una gran cantidad de días de clases presenciales suspendidas durante los años 2020 y 2021 (y en algunos países esta situación continua parcialmente en 2022). Esto afectó gravemente las posibilidades de aprendizaje, especialmente de los sectores sociales más desfavorecidos. Resta saber el impacto concreto y el acumulado en los años que vendrán en las trayectorias de aprendizaje de los estudiantes de la región. (EG)

Los aprendizajes de los estudiantes a nivel mínimo de competencia
El porcentaje de estudiantes que alcanza el nivel mínimo de competencia, según lo establece el indicador ODS 4.1.1, revela los bajos logros de aprendizaje de la región. Para el año 2019, el promedio de los países evaluados se sitúa en valores bajos en Tercer grado: alcanza el 54.6% en lectura y el 50.9% en matemática. Es decir, aproximadamente la mitad de los estudiantes no logran alcanzar los niveles mínimos de competencia esperados, que en estos grados se enfocan principalmente en el desarrollo de la alfabetización inicial y de operaciones matemáticas básicas. En Sexto grado, el porcentaje de estudiantes que alcanza el nivel mínimo de competencias es del 31.3% en lectura y el 17.2% en matemática. Esta caída respecto del tercer grado revela un problema muy grave en la progresión de aprendizajes en los últimos años del nivel primario: menos de una tercera parte finaliza la educación primaria adquiriendo las competencias mínimas.

Para el conjunto de la región, si se asume que la población no escolarizada no alcanza los niveles mínimos de competencia definidos en el marco de monitoreo del ODS4, apenas el 31% de la población total de 15 años logra el nivel mínimo de competencias esperado para el fin de la secundaria baja en lectura, y el 21% en matemática.

El principal factor asociado con las desigualdades en los aprendizajes es el nivel socioeconómico de la población. Si se considera a los estudiantes del quintil de ingresos más bajos, solo el 40% alcanza el nivel mínimo de competencia esperado de lectura en tercer grado, mientras que esta proporción supera el 70% en el quintil de ingresos más alto. Estas diferencias son muy similares a las observadas en secundaria, y también se reconocen en sexto grado, con el agravante de que en el quintil de ingresos más bajos los porcentajes son sumamente menores: solo el 16% obtiene el nivel mínimo de competencia esperado en lectura y apenas el 9% en matemática.

Los docentes y directivos calificados en la oferta de sistemas educativos
El cuarto capítulo se concentra en los docentes y en la meta específica del ODS 4 que remarca la importancia de incrementar la oferta de docentes calificados para la expansión de los sistemas educativos. También se analizan algunos indicadores sobre los directivos escolares, una figura relevante en la conducción pedagógica de las instituciones educativas. Entre 2015 y 2019 se registró un aumento total de 260 mil docentes, una cifra que ha seguido el ritmo de expansión de la matrícula, pero sin reducir la proporción de alumnos por docente. En este período hubo una desaceleración de la incorporación de docentes a los sistemas educativos: apenas un 2.7% de aumento en relación con el año 2015, mientras que en los quinquenios anteriores el aumento había sido del 9.5% (2007-2011) y del 4.5% (2011-2015). En conjunto, entre 2000 y 2019 se incorporaron 2.4 millones de docentes a los sistemas educativos de la región, lo que representa un incremento del 30%

La educación superior
El quinto capítulo analiza las tendencias en educación superior. Se resalta la mejora del acceso a partir del seguimiento del indicador ODS 4.3.2 referido a la tasa bruta de matrícula, que pasó del 49% al 54.1% entre 2015 y 2020. Esta mejora es parte de un ciclo más largo que logró en veinte años incorporar a cerca de 17 millones de estudiantes en la educación superior en la región. Sin embargo, en los años recientes el ritmo de aumento muestra una desaceleración, como ocurre con otros indicadores analizados en este informe. En particular, la brecha entre hombres y mujeres se ha ampliado: si en el año 2000 la distribución era casi igual, para 2020 la tasa bruta de matrícula en educación superior era de 61.7% para las mujeres y de 46.8% para los hombres.

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