Partidos nacionales y extranjeros

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/ 13 de septiembre de 2022
/ 12:15 am
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Partidos nacionales y extranjeros

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Juan Ramón Martínez

Un entrañable amigo, de muchos años; y que reside en Estados Unidos, sigue con dedicación mis artículos. Cada vez que publico algo, comparte sus criterios, opiniones, sugerencias. Algunas veces, me enmienda la plana. En los últimos artículos, en que me he referido a los partidos, me ha hecho caer en una obviedad que yo, he pasado por alto: que los partidos “hondureños”, pueden clasificarse como nacionales y extranjeros. El Partido Liberal, el Partido Nacional, la Democracia Cristiana y el PSH, son partidos “nacionales”, centrados en Honduras y preocupados, cada uno a su manera, en los problemas hondureños. Pero Libre no es un partido nacional, sino que uno, “integrado en un internacionalismo descalzo, dependiente emocional del chavismo, del peronismo e incluso, obediente a las instrucciones de López Obrador” y “amigo”, para seguir los pasos pertinentes, de Bukele, de El Salvador. Por ello, se aprecia, me dice mi amigo, un atrasado internacionalismo de hojalata, un antiimperialismo yanqui, aunque les gusta Nueva York, donde paren sus mujeres, estudian sus hijos y van de compras durante las fechas navideñas. Libre, está más interesado en lo que ocurre en Nicaragua; en los éxitos de Bukele en su estrategia de dominación política; en las acciones más rudimentarias de Maduro, en defender -con enormes dificultades e hipocresía- la honestidad de Cristina Kirchner, la cercanía con el grupo “La Campora” de Argentina, al tiempo que el delfín Héctor Zelaya, “heredero de la corona”, una vez que “muera” su padre, resalta que el presidente argentino, fue su profesor en sus estudios de maestría en Madrid, donde se formó para gobernar a Honduras.

Por eso Libre “no tiene una política exterior destinada a proteger a Honduras, sino para servir intereses extranjeros, algunos de ellos, contradictorios con los nuestros. Y por las mismas razones, la política interna está diseñada para hacerle daño a los compatriotas más pobres o para mellarle el futuro, a las nuevas generaciones. No están interesados en la reactivación económica. Más bien rechazan y crean dificultades para las inversiones de Estados Unidos que al dar empleo, frenen la inmigración de los mejores y más valientes entre nosotros, que desesperados viajan a Estados Unidos”. Votan en la OEA, en favor del autoritarismo en contra de los políticos demócratas, la libertad religiosa y en favor del armamentismo nicaragüense; apoyan en forma indirecta el narcotráfico, anunciando fallos en los radares para invitar a los comerciantes de la droga que usen nuestros espacios para “llenar las narices de USA de cocaína”, como dicen que afirmó JOH, en algún momento, de euforia irracional. Y cuando Taiwán es amenazada por China, no se le brinda solidaridad; pero sí se la da cuando los tribunales argentinos, encausan por corrupta, a la vicepresidente de aquel país, mentora y amiga de los Zelaya y sus corifeos.

Por supuesto, mi amigo de Los Ángeles, me reclama que, en esas condiciones, no hay espacio para cooperar con Libre, como recomiendo a los grupos democráticos, -minoritarios eso sí-, para que retomen la dirección de ese partido; porque repite, el ADN -no sé si Hugo Noé sabe de los que trata cuando se refiere a esto- es que la naturaleza del partido de los Zelaya, es servir a los extranjeros, dándole la espalda a los intereses y problemas de los hondureños. Lo que Libre busca es figuración internacional. “Olancho le quedó pequeño a los Zelaya. Y ahora Honduras también”. Me recuerda, los Zelaya, “tienen sus intereses económicos en República Dominicana, México, Argentina, y sus ahorros, más expuestos, en Moscú”. Las cosas son diferentes. Hasta el 2009, sus recursos y bienes estaban en Olancho. Ahora son tierras improductivas, compradas con dinero público, que no tienen valor para ellos.

Los intereses económicos de los gobernantes, no nos obligan a los hondureños. El modelo democrático, la libertad y el orgullo, nos animan a dominar los gobernantes, para volverlos servidores que, en vez de cambiarnos la forma de pensar para instrumentalizarnos, más bien se sometan al cumplimiento de nuestros deseos. Los hondureños no queremos ser provincia argentina, poner en nuestros billetes a Cristina Kirchner y menos, agradecerle tareas de chofer que cumpliera Maduro en el pasado. Eso sí, que no. Somos hondureños y no queremos ser otra cosa más. Por lo que, hay que rechazar a los partidos “extranjeros”, que quieren entregarnos; y, destruir, a Honduras.

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