¿TODO EN MARCHA?

MA
/ 13 de septiembre de 2022
/ 12:25 am
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¿TODO EN MARCHA?

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ESTOS días los cívicos aficionados, luciendo su mejor mudada patriótica, van a estar más pendientes de los desfiles que de cualquier otra cosa. La gazmoñería –si bien el país aparece en la cola de la cola en lo que toca a la calidad educativa– ha fijado su preocupación en las “palillonas” que pudiesen adornar las portadas de los periódicos. Hay que ocultar las imágenes de lo que cada año, menos este, ha sido la noticia más llamativa. Sepa Judas qué subrepticia maniobra preparan los ágiles camarógrafos de los canales televisivos para no enfocarlas tampoco. Para esquivarlas cuando pasen por la tribuna principal, eso sí, pueden darse gusto pasando en vivo y a todo color cada movimiento de los funcionarios acomodados en el estrado de honor y en los palcos. Todavía no han dicho qué providencia disponen, mientras las marchas estudiantiles –amenizadas por sus bandas de guerra– se toman la vecindad, para que los curiosos se tapen los ojos y cuidadito se les ocurre mirar a las agraciadas muchachas que, guardando sus mejores piruetas para la pasarela oficial, engalanen las calles, avenidas y bulevares de las festivas ciudades. Tampoco hay pista delatora de qué instrucción vaya a impartirse para evitar que circulen por las redes sociales todas las fotos tomadas –con sus inteligentes aparatos– por el público asistente, por amigos, admiradores, y orgullosos padres de familia.

Así que ya en las proximidades de la esperada efeméride, para agrado del “colectivo”, en este espacio de editoriales “poéticos”, no vamos a desentonar con la ocasión: CANTO A HONDURAS, de Alfonso Guillén Zelaya: “Patria: yo me he sentido vagar en esos vientos/ que bajan de tus tierras cargando pensamientos/ de sol. Como yo, nadie te vive y te concentra;/ habita en ti lo mío, lo tuyo en mí se encuentra./ Yo me he sentido ser sangre de tus venas,/ forraje de tus árboles, metal de tus arenas./ Amo tu sol candente, tus grandes aguaceros/ y el polvo trashumante que va por tus senderos./ Adoro tus espacios de cristal rumoroso,/ tu fragancia de selva y tu indio silencioso./ Me inquietaron tus mares, me atrajeron tus montes,/ por ellos he sufrido una sed de horizontes/ que jamás se ha apagado, ni que se apague espero./ Mares y montes, doble escala hacia el lucero/ y la sabiduría:/ en sus aguas y cumbre hallan soberanía/ el pensador y el rebelde, cuyas mentes y manos/ unirán a tus hijos ahogarán a tus tiranos./ La historia no se cansa y romperá los yugos/ que a tu frente impusieron logreros y verdugos,/ al horror de las cárceles y las persecuciones,/ al de la incertidumbre y de los paredones,/ al de los pies descalzos y la vida sin techo,/ al de la sangre enferma y el pulmón deshecho;/ al dolor de quien vive cada esperanza en ruinas,/ ignorante, oprimido, sin pan ni medicinas,/ se interpondrá el impulso que aniquile tus penas/ y destroce los hierros de todas tus cadenas./

A la noche tremenda sucederá la aurora./ Minuto tras minuto, la fragua redentora/ implacable incinera/ al servilismo inmundo y a la ambición artera/ de esbirros y entreguistas, de estultos y traidores./ En las cenizas muertas reventarán las flores,/ a tus campos vacíos regresarán las gentes/ y en exilios y cárceles solo habrá delincuentes./ Contra tus inquietudes, contra tus desvelos,/ albergue más seguro que el techo de tus cielos/ o el del cielo y sus chozas, tendrán tus campesinos./ Y ricos de salud. Y dueños de su parcela,/ al paso de sus niños marchando hacia la escuela/ los llenará de fe el músculo y el pecho./ Creerán que Dios existe, que no es farsa el derecho/ y su abrazo y su amor. Hermanos de la tierra,/ nos darán la abundancia y alejarán la guerra”./ “Vendrá el mañana libre. Vendrá la democracia./ No por mandato extraño ni por divina gracia;/ vendrá porque el dolor ha de unirnos a todos/ Para barrer miserias, opresores y lodos./ ¡Vendrá la libertad! Sobre el pasado inerte/ veremos a la vida derrotando a la muerte./ Tendremos alegría, tendremos entusiasmo,/ la actividad fecunda sucederá al marasmo,/ y en la extensión insomne de todos los caminos,/ se alzarán majestuosas tus cumbres y tus pinos./ Ese árbol es tu símbolo. El pino es tu bandera;/ se yergue en tu montaña, se yergue en tu ladera,/ se yergue en tu llanura, se yergue en tus alcores;/ tu sangre y tu heroísmo, tus sueños, tus amores./ Palpitan en la cálida savia de tus pinares/ con el rumor profético de antiguos avatares./ Como tu propio cuerpo altivo y desafiante,/ como la propia historia de tu opresión sangrante,/ lleva el pinar las huellas del odio y la metralla:/ tus pinares han sido un campo de batalla./ Allí yacen legiones de titanes heridos,/ y se quejan al viento sus ramajes caídos;/ al pinar no faltan bravuras ni soldados:/ pinares legendarios, pinares infinitos,/ ejército de cimas que ofrece a los proscritos./ En su compacto bloque de fraterna arrogancia,/ una lección de lucha suspensa en la distancia./ ¡Nobles pinos de Honduras, espejos de grandeza,/ perpetuo desafío de la naturaleza/ contra las dispersiones, contra las deslealtades,/ las derrotas, los crímenes y las adversidades!/ El pino es horizonte. El pino es un ejemplo./ En nuestra vida tiene la majestad de un templo./ Pinares hondureños, pinares ancestrales,/ enhiestos, eminentes, serenos, inmortales;/ bandera de victoria contra las tiranías;/ ¡vendrán los días de oro, vendrán los nuevos días!”. (A propósito de marchas. “Educar –del repertorio de dichos del Sisimite– es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar y poner todo en marcha”).

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