Gorbachov: “Un líder soviético humanista”

MA
/ 14 de septiembre de 2022
/ 12:46 am
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Gorbachov: “Un líder soviético humanista”

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Óscar Lanza Rosales

Ha fallecido a sus 91 años (1931-2022), Mijail Gorbachov, el último dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) (1985-1991) y que en su tiempo se disolvió por las grandes reformas políticas, económicas y sociales que quiso promover -para evitar su colapso- para lo cual no contó con el apoyo del partido comunista, los militares, ni los sectores más conservadores de la URSS, y la predisposición de algunos países miembros de independizarse de la URSS (Estonia, Letonia y Lituania), entre otros factores.
Sin duda alguna, Gorbachov, era un idealista, soñador, demócrata, que anhelaba la libertad e irradiaba simpatía, muy diferente a sus antecesores, personajes muy serios, algunos muy tiranos, como Joseph Stalin, que estuvo 30 años en el poder (1924-1953). Según los analistas, esta es la época con mayores logros de la URSS, por la excesiva centralización del poder y control de la población bajo un régimen policiaco. A Stalin le sucedieron Nikita Khrustchev (1953-1964); Leonid Brezhnev (1964-1982); Yuri Andropov (1983-1984); y Konstantin Chernenko (1984-1985).

Estos dirigentes estaban tan veteranos que algunos murieron en el poder por la edad y ya no podían cumplir con los retos y desafíos del imperio soviético.
Gorbachov lo recibió cuando ya estaba por colapsar. Una gran burocracia. Los centros de producción industrial, agrícola y hasta lo militar trabajaban con tecnologías obsoletas, con una productividad muy baja, que ya no era competitiva con las economías desarrolladas, principalmente Estados Unidos (EU).
Gorbachov inventó dos palabras mágicas para emprender las reformas: “La perestroika” que quiere decir reestructuración; y “El glásnost” que en términos simples significa apertura o transparencia.
Propuso cambios internos y externos. Fomentó el diálogo con EU y Gran Bretaña para deshacerse de las armas nucleares, para lo cual negoció con ellos algunos tratados. Además, retiró las tropas de Afganistán en 1988.
Dentro de la liberalización, permitió a los soviéticos viajar a los países occidentales y la venta de libros que antes estaban prohibidos. Amplió la libertad de expresión y se realizaron elecciones libres, en la que Gorbachov resultó electo presidente.

En lo económico, descentralizó las fábricas y le otorgó más libertad a los agricultores para que decidieran que producir; promovió la apertura de negocios, para avanzar hacia una economía de mercado. Según Gorbachov, con estas decisiones, quería fortalecer el desarrollo del socialismo y así llevar a cabo la perestroika, con más democracia, organización y disciplina. Su objetivo era cambiar la planificación central y estatal para reanimar la economía.
Todas estas decisiones desembocaron en la caída del muro de Berlín 1989, el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz en 1990 a Gorbachov, un intento de golpe de Estado en 1991, y su dimisión del cargo en diciembre de 1991, cuando fracasaron sus esfuerzos para reestructurar la URSS y cobró fuerza la ambición de todas las repúblicas para independizarse.

El creía que fracasó con las reformas, porque llegó tarde con sus propuestas, bienvenida en sus inicios, pero no previo el camino largo y difícil que significaba, sustituir un sistema totalitario -partido único, con 200 idiomas y un modelo estaliniano- por uno libre y democrático.
Para que tuviera éxito -según él- debió desmontar todo el estado multinacional y hacer una sola unión, al estilo de la Unión Europea. Había que crear desde el principio instituciones democráticas con jóvenes para impulsar el proceso. Aceptó sus errores, de menospreciar el problema multiétnico y la falta de simultaneidad, entre el desmantelamiento de las estructuras viejas y las nuevas. Pero a pesar de sus malas decisiones y errores, no se sentía un fracasado. Creía que todo estaba por hacerse, pero que ahí estaba la semilla de los cambios.
Los europeos -en especial los alemanes- son los que más elogian a Gorbachov, porque “desempeñó un papel crucial para poner fin a la guerra fría y derribar la cortina de hierro, la caída de Muro de Berlín, y abrió el camino para una Europa libre y la reunificación de Alemania”.

Los analistas e historiadores lo califican como un político pragmático y racional, que no pudo reformar su país. Y sus compatriotas lo consideran culpable del derrumbe de la URSS. El profesor Archie Brown de la Universidad de Oxford lo ha calificado como un político con mentalidad abierta, y aunque no era su intención, su ascenso marcó el final de la URSS, y cambió el curso de la historia. Mientras el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lo califica como un estadista que puso final a la guerra fría, pero que años después no pudo impedir el colapso de la Unión Soviética.

olanza15@hotmail.com

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