Vendedores ambulantes ponen sabor rebuscándose en desfiles

ZV
/ 15 de septiembre de 2022
/ 06:00 pm
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Vendedores ambulantes ponen sabor rebuscándose en desfiles
El olor a carne asada, yuca y papa despertó el hambre de los transeúntes que acompañaron los desfiles.

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Se acercaba el mediodía y Henry Cruz no había vendido nada, cargaba un bulto con mercancías para aparatos telefónicos, fue uno de los capitalinos que se apostaron en la vía por donde pasaron los desfiles del 201 aniversario de independencia política hondureña.

Pese a la poca clientela esperaba llevar a casa unos 300 lempiras en ganancias, combinando con un puesto móvil de bisutería a inmediaciones de la estación de buses de Plantas Tropicales.

Por momentos el viento refrescaba el calor húmedo de invierno, estudiantes de colegios le rendían tributo a la patria, sudaban y tomaban sorbos de líquidos que eran ofrecidos por una multitud de vendedores ambulantes.

Unos metros más adelante en el trayecto del bulevar Suyapa, salía humo con un fuerte olor a carne asada, una señora con delantal ofrecía una variedad de comida callejera; era doña Marlen Valladares, una veterana del sector de la economía informal.

En las bolsas de su bata era poco el dinero, pese a que una orden de yuca o papa frita con ensalada, estaban a 30 lempiras, se quejó por la poca demanda y un cobro de 400 lempiras que tuvo que pagar a la alcaldía para instalar el puesto de venta.

Con una inversión de 5,000 lempiras doña Marlen, a esas horas del día, esperaba llevarse una utilidad de por lo menos 1,500 lempiras, aunque todo iba a depender de que se dilataran los desfiles y la gente despertara el hambre meridiana, exteriorizó la emprendedora.

El trayecto desde el estadio en dirección a la basílica de Suyapa, vendedores ambulantes se tropezaban con los miles de personas que calorizaban los desfiles, buscándose la vida como lo hacen todos los días en otros puntos de la ciudad.

Frente al Hospital Escuela don Mario Andino refunfuñaba mientras recogía latas y botes plásticos contiguo a una de las estaciones del fallido proyecto de trasporte público, Trans-450.

Se incorporó, con una mano se limpió el sudor y contó que ahora a los pepenadores se los está llevando el diablo, porque los compradores de este tipo de producto desechable pagan menos debido a que son muchas las personas que se dedican a recoger desechos.

El piso de la calle estaba tapizado de todo tipo de productos, desde sombreros, gorras, camisas para rockeros, frutas, bebidas refrescantes, comida y hasta puestos de reconocidas marcas de telefonía móvil. Sin embargo, lo que más abundaba, eran puestos de comida callejera y bebidas refrescantes, dulces, minutas, charamuscas y frutas, entre otros consumibles, con los que la economía informal puso el color, sabor y frescura a estos desfiles patrios. (JB)

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