¡Chile, Chile, le, le, le!

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/ 16 de septiembre de 2022
/ 12:02 am
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¡Chile, Chile, le, le, le!

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Por: Guillermo Fiallos A.*

Este es el famoso estribillo que utilizan los chilenos para referirse con orgullo a su tierra y no ocultar su inconmensurable patriotismo, que vuela sobre desiertos, picos nevados, playas semitropicales y glaciares de nieve perpetua que miran hacia la Antártida.

La nación chilena ha sido bendecida con un abanico de climas a lo largo de su angosta y dilatada geografía, que tiene como respaldar la cordillera de Los Andes y como espejo a un inmenso océano Pacífico.

Además, del orgullo de sus razas autóctonas como: Mapuche, Aimara, Rapa Nui, Atacameños, Quechua, Colla, Chango, Diaguita, Kawésqar y Yagan; la tierra del confín del mundo recibió emigrantes de Europa, particularmente, alemanes, polacos, italianos y, sobre todo, españoles.

Todo este crisol de razas creó una policromía de culturas que procuraron crear la mentalidad de una nación pujante, que desafiaba la geografía y los elementos adversos como terremotos y tsunamis.

Chile, es una de las tierras sudamericanas con más alto nivel cultural y educativo.

La segunda mitad del siglo XX, estuvo impregnada de mucha turbulencia para el país. Luego de la llegada al poder de una izquierda con matices cubanos que asustó a los sectores de centro y derecha, se produjo el derrocamiento sangriento del presidente de la República y la desaparición de muchísimas personas, algunas de las cuales nunca se encontraron. Se instaló por la fuerza un régimen militar que condujo los destinos del país por muchos años; trayendo para algunos, una represión terrible y, para otros, una época de prosperidad económica que permitió, una vez finalizada la dictadura, consolidar las bases de uno de los mejores crecimientos económicos en Latinoamérica.

Luego, ha habido una práctica democrática a lo largo de las décadas que ha delineado un Chile extraordinario, en donde, se han instalado regímenes de izquierda y derecha, ambos moderados. Sin embargo, hace poco hubo un estallido social en el último período del presidente Piñera, que obligó a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, para calmar los ánimos, detener los saqueos, promover las esperanzas y evitar la quema de templos religiosos y negocios comerciales. Fueron escenas terribles que el mundo miró con desconcierto debido al nivel educativo que tenían los chilenos.

Sin embargo, como una democracia plena y no queriendo revivir hechos del pasado, fueron a las urnas pacíficamente y eligieron a los miembros que redactarían una nueva Constitución, que pretendía ser más justa, realista e incluyente. Antes de elegir a los responsables de estructurar el texto constitucional, hubo una batalla propagandística de todos los extremos; no obstante, los resultados que favorecieron a la izquierda, se respetaron y, en plena paz, se elaboró el texto que regiría los destinos de millones de personas.

Los chilenos son muy exigentes y cuidadosos, pues decidieron que, una vez publicada y divulgada la naciente Constitución, procederían luego de un tiempo de análisis, a rechazarla o aprobarla.

He aquí el ejemplo de democracia de esta nación sudamericana, pues acudieron de nuevo a las urnas y decidieron por una aplastante mayoría, rechazar el texto constitucional ya que se mostraban sumamente insatisfechos con su contenido; el cual, según amplios sectores, tenía artículos excluyentes, dictatoriales, llenos de odio y separación y, particularmente, no presentaba vías de prosperidad pacífica y un futuro alentador.

Los últimos resultados fueron un duro rechazo al régimen del presidente Boric y a la izquierda -como sucedió con la derecha en su momento-, que se creyó dueña absoluta de la verdad y la única fuente de redención desde Arica y Parinatoca hasta Magallanes y Antártica Chilena.

Los resultados muestran que los chilenos no desean estar en los bordes, es decir: entre la derecha que aplica un capitalismo inhumano, y la izquierda que vuelve miserable y destruye la economía de los países.

Tenemos mucho que aprender de la inteligencia, el discernimiento y de la democracia chilena. Ellos han promovido los cambios respetando el parecer de sus ciudadanos y conviviendo en paz. Allá, no se trastoca la voluntad del pueblo como sucede en otros lares, donde partidos políticos se roban las elecciones; o se tiene presidentes que confiesan –descaradamente- en público, que las ganaron con fraude.

Respeto a la voluntad del pueblo es lo que se necesita. Por eso: ¡Arriba Chile, Chile, le, le, le!

*Mercadólogo, abogado, pedagogo, periodista, teólogo y escritor.

circulante.fiallos@gmail.com

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