Refundar para revertir las ataduras y el subdesarrollo

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/ 16 de septiembre de 2022
/ 12:05 am
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Refundar para revertir las ataduras y el subdesarrollo
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

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Por: Óscar Armando Valladares

¡Hosanna! Ya pueden dormir tranquilas las derechas. El Chile verde y el mulato: de Pinochet, de pipiolos y pelucones, el del gran empresariado, gozan de buena salud. El Chile rojo -entrevisto en el proyecto de Constitución- no tuvo buen invierno en la consulta del 4 de septiembre, por vientos de diverso signo y procedencia que condicionaron la decisión por el “no” de contundencia ciudadana.

Como reguero de pólvora el rechazo cruzó las fronteras del país austral noticiado rumbosamente por la hermandad interamericana de medios y aprovechado por los feudos económico-políticos para airear sus vestiduras y, en Honduras, endomingar un movimiento cívico pro defensa de la democracia ante el peligro que representa el gobierno de Xiomara Castro, quien pretende refundar la patria a usanza cubana, venezolana, nicaragüense y de otros centros del mal que le hacen buena cara, según la versión y perversión de la omnipotencia dominante.

Cual es fácil inferir, la derecha y sus altavoces siguen varados imaginativamente en los tiempos de la guerra fría, y aunque a sus miembros no les gusta que les enrostren su incumbencia en los hechos de 2009 a 2021, si mantienen sus rencores contra Manuel Zelaya y el Partido Libre, a los que -sin quererlo ni esperarlo- encumbraron con el madrugón del 28 de junio.

En 2010, el documentado expositor Víctor Meza, les dedicó un comentario periodístico con un travieso juego de palabras titulado “El derecho a una nueva derecha”. Doce años después, las apreciaciones del amigo -fallecido el pasado mes de mayo- mantienen visos de testaruda validez.

“Nuestra derecha local, por aquello de criolla y demencial, parece vivir al margen de la modernidad, divorciada del mundo actual, reñida con la cultura política y, a veces, con la cultura general…Sus representantes y voceros reflejan una aversión casi enfermiza por la racionalidad contemporánea y el pensamiento moderno. Carece, en verdad, de los intelectuales orgánicos que reclamaba Antonio Gramsci para las clases sociales. Quienes ofician o pretenden oficiar como tales no siempre logran superar la visión sectaria y partidaria, el pensamiento aldeano, la percepción de campanario, el resentimiento, la amargura y, con sospechosa frecuencia, el odio descalificador y excluyente”.

Nuestra maltrecha derecha -añadía Víctor- “se ha mostrado impotente para procesar, con un mínimo de vocación democrática siquiera, la compleja trama de la conflictividad política y social. Por eso no pudo absorber inteligentemente las tensiones políticas previas al golpe de Estado, ni fue capaz de diseñar y proponer una agenda básica de reformas viables y urgentes en el obsoleto sistema político. De alguna manera, el golpe es la mejor prueba del fracaso mental de la derecha criolla”. Finalizaba Meza el hilo de su comentario, insistiendo: “¿Qué duda cabe, entonces? El país tiene derecho a una nueva derecha”.

No hubo tal novedad; atrincherada más al lado opuesto del corazón, siguió abusando a sus anchas del derecho, urdiendo una reelección y en el curso de 2022 atizando la hoguera por ver si logra repetir los sucesos del 28 J y retomar el mando político de Honduras, pues “sumergida en una mezcla viscosa de prepotencia e incultura no tiene más horizonte que sus propias ambiciones y aberraciones”, como fijaba el recordado fundador del CEDOH.

Añudados por distintos fines y afanes, en esta otra aventura muestran exaltada disposición: militares retirados, exrectores, diputados, dueños y analistas de un sector mediático, rostros ingleseros de ONG, empresarios y políticos de quita y pon, mujeres y hombres de “fe”, con un algo en común: haber utilizado las aguas del lavandero dictatorial y ser palomas mensajeras de la embajada.

Para engañar o propiciarlo, todo gobierno se traza un objetivo que, por lo general, constituye el lema o argumento de campaña. Villeda Morales, propugnó la “Segunda República”; Suazo Córdova, ofreció la “revolución del trabajo y la honestidad”; Callejas, “el cambio para transformar Honduras”; Reina, “la revolución moral”; Maduro, “el gobierno de la gente”; Flores, la “nueva agenda”; Manuel Zelaya, “el poder ciudadano”; JOH, “una vida mejor”; Xiomara Castro, “refundar la patria” y promover el “socialismo democrático”, estos últimos con cercanos ecos de la “reforma radical” que postuló Morazán en referencia al injusto sistema federal establecido en su tiempo. Por ello, contra la refundación, la derecha y comparsas amenazan con refundir las esperanzas del cambio de fondo que el país precisa, sin el cual es imposible cortar medianamente las ataduras externas ni disminuir los efectos secundarios del subdesarrollo.

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