“TÚ SABES… AMANECE…”

ZV
/ 16 de septiembre de 2022
/ 12:03 am
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“TÚ SABES… AMANECE…”

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UN amigo exmagistrado remite la fotocopia de un twitter que le mandaron. Muestra una fotografía de los estantes, escaparates y cajones repletos de libros y el texto es una plática entre un cliente y el dueño de la librería: -Señor, ¿y todos los días saca y guarda sus libros?, ¿verdad? -“Oh no –le responde– eso sería muy trabajoso”. “Los dejo aquí toda la noche”. “Los que leen no roban y los que roban no leen”. (Genial). La sugerencia de otro lector respecto a los dos últimos editoriales: “En serie, debería continuar para que todos nosotros podamos seguir leyendo, al menos esta semana”. “Presidente, continúe hilvanando con la prosa de su padre y la suya, el tejido de conciencia de esta nuestra Patria, Honduras”. Sí hay, de la cosecha literaria de Oscar A. Flores, varios artículos suyos y otras narraciones sugestivas en sus dos libros de cuentos. En otra ocasión vamos a recurrir al prolífico repertorio de su pluma. De momento, a propósito de la celebración de las fiestas patrias y a petición del “colectivo”, cedemos el espacio a otros hombres y mujeres de letras:

A Honduras por Felipe Elvir Rojas: “¡Patria de los pinares, Patria mía!/ Corazón de la América grandiosa;/ rincón donde el dolor y la alegría/ se hermanan para hacerte más hermosa./ Ofreciendo raudales de armonía/ te imagino radiante como diosa;/ y al brindarnos tus cofres de poesía/ te veo sin igual, siempre orgullosa./ Patria de Morazán y el padre Reyes/ tus hijos respetuosos de las leyes/ encarnan el valor y el idealismo./ Honduras: Esta tierra alborozada/ hoy levanta la frente inmaculada/ proclamando su fe y su patriotismo”. De Ángela Valle, ¡OH, PATRIA ESQUIVA!: “Con amorosa mano palpo tu cuerpo,/ Oh, dulce patria esquiva./ Tú estás amorosamente recostada/ sobre mi corazón y aviva tu amor/ mi canto solitario./ Patria esquiva. Dulce tierra nativa/ aromadora de mi lar dulcísimo./ Deja que te acaricie sobre el musgo/ y contemple tu forma contra el cielo/ único, agreste, aún oh patria esquiva,/ te llamo entre la triste muchedumbre/ madrugadora, atroz, semisalvaje,/ hermanada al dolor y a la tortilla/ entre el maizal./ Y la peonada que el patrón humilla/ te proclamó en la luz de la palabra/ entre el trajín de tu gente sencilla,/ en los libros abiertos y en las aulas”. De Froylán Turcios, A Honduras: “Antes que verte triste y humillada,/ esclava de un tirano al torpe acento/ que te hiera indefensa en el tormento/ con sangrienta y horrible bofetada:/ Antes de que te mire encadenada,/ sin ambición, sin luz, sin pensamiento,/ pisoteados los fueros de talento/ por los fueros del rifle y de la espada;/ antes que ver idolatrado tu suelo/ bajo la planta ruin de un tiranuelo/ que te lance el desprecio de su risa;/ antes que ver vencida tu bandera,/ en escombros mirarte prefiriera,/ legendaria Numancia, hecha ceniza”.

De Óscar Acosta, El Nombre de la Patria: “Mi patria es altísima./ No puedo escribir una letra sin oír/ el viento que viene de su nombre./ Su forma irregular la hace más bella/ porque dan deseos de formarla, de hacerla/ como a un niño a quien se enseña a hablar,/ a decir palabras tiernas y verdaderas,/ a quien se le muestran los peligros del mundo./ Mi patria es altísima./ Por eso digo que su nombre se descompone/ en millones de cosas para recordármela./ Lo he oído sonar en los caracoles incesantes./ Venía en los caballos y en los fuegos/ que mis ojos han visto y admirado./ Lo traían las muchachas hermosas en la voz/ y en una guitarra./ Mi patria es altísima./ No puedo imaginármela bajo el mar/ o escondiéndose bajo su propia sombra./ Por eso digo que más allá del hombre,/ del amor que nos dan en cucharadas,/ de la presencia viva del cadáver,/ está ardiendo el nombre de la patria”. (“Alta es la noche –Winston recitando a Neruda– y Morazán vigila”. “¿Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes. Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila)”).

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