LETRAS LIBERTARIAS: Y ahora, ¿quién podrá representarnos?

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/ 17 de septiembre de 2022
/ 12:03 am
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LETRAS LIBERTARIAS: Y ahora, ¿quién podrá representarnos?
Esperanza para los hondureños

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Por: Héctor A. Martínez*

Escudriñando la historia y el pasado reciente de la política en Honduras, me parece que ya es hora de que los partidos tradicionales comiencen a revisar sus estatutos e idearios, y a diseñar una visión de país para los próximos cincuenta años, si quieren sobrevivir. La misión de los partidos tradicionales se ha degenerado a tal grado que, de no darse un giro radical desde esta fecha hasta el 2025, las débiles amarras que todavía los conectan con los electores terminarán por romperse, y sus nombres apenas serán citados en los textos escolares del futuro.

Ninguno de los partidos tradicionales ha resultado de utilidad práctica para las generaciones de los últimos cuarenta años. Su misión se ha torcido completamente, y hasta las doctrinas originales que les dieron vida se pervirtieron con el paso del tiempo. En su lugar, lo que encontramos son intereses egoístas de grupos que han perdido por completo el sentido histórico de lo que significa representar los intereses de sus electores y de la sociedad en general.

Detrás de los partidos siempre existe una élite dominante que determina la orientación política de los mismos, de acuerdo con las circunstancias del momento. Dependiendo de cada sociedad, esas élites pueden ser bastante excluyentes, o muy proclives a diseñar proyectos de interés nacional. La mayoría opta por ser como la primera. Hay una razón detrás de ese torcimiento. Jorge Volpi en “El insomnio de Bolívar” se refiere sarcásticamente a los “Partidos S.A.”, en una clara alusión a la condición empresarial que ha contaminado la esencia partidista. En otras palabras, las decisiones llegan rubricadas a las asambleas y convenciones – “las bases”, como suele decirse con cinismo-, respondiendo más a los intereses de grupos oligárquicos que a los problemas ciudadanos.

Por grupos oligárquicos nos referimos a empresarios, sindicalistas, gremios y organizaciones populares que han vivido a costa del Estado y que, incluso, se han convertido en las canteras de los partidos, hablando en términos futboleros. Sus intereses se mantienen incólumes con el paso del tiempo, no importando la tendencia ideológica del partido en el poder. Pues bien: estos grupos resultan más importantes para los partidos que la misma sociedad civil. No es el individuo el centro de la atención partidista, sino las exigencias de esos grupúsculos parasitarios. No importan tanto los derechos laborales, ni la educación ni los usuarios del transporte colectivo, sino la élite sindical, el círculo de los dirigentes magisteriales y la cúpula de los transportistas. Y por ahí va la cosa.

Los partidos de izquierdas funcionan de la misma manera, solo que en la cúspide de la pirámide encontramos al autócrata y su nomenklatura que funcionan de manera similar a las élites de derechas. Desde ahí parten las órdenes que deben ser obedecidas al pie de la letra. Pareciera que los ciudadanos constituyen la esencia de sus planteamientos, pero en realidad, se trata de un burdo parapeto que esconde las ansias monopólicas del líder, una vez puesto en la silla imperial.

Frente a este desolado panorama, resulta válido preguntarse cuál será el destino que nos espera con la oferta de los partidos en nuestro país. ¿Tendrán que replantear sus doctrinas originales y canalizar las verdaderas demandas sociales de la población, de modo que, una vez llegados al gobierno, los puentes tendidos entre la sociedad civil y el Estado sean congruentes con esta revitalización? ¿o estamos condenados de por vida a ver a los legisladores sacar pingües ganancias de los vitales proyectos de interés nacional?

Cuando los partidos tradicionales comienzan a deteriorarse, sus miembros más prominentes se refugian en los brazos de otro partido. O se alían con la oposición a cambio de un par de talentos pasados bajo la mesa. O traicionan a sus partidos, sin importarles un pito si los excomulgan de los mismos. Cuando eso pasa, todo se ha perdido: el camino se allana para recibir las ofertas de los populistas, que ofrecen el cielo y la tierra a cambio de justicia e igualdad.

Por los momentos resulta válido preguntarnos, “y ahora, ¿quién podrá representarnos?”

*Sociólogo

sabandres47@yahoo.com
@Hector77473552

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