La Campa, un remanso cultural

ZV
/ 18 de septiembre de 2022
/ 12:34 am
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La Campa, un remanso cultural

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El relieve hondureño se caracteriza por una enorme cantidad de montañas, algunas con más de dos mil metros sobre el nivel del mar, otras con menor elevación, es, en una de las altitudes medias, donde se han establecido una serie de pueblos desde tiempos remotos. De los 298 municipios que conforman Honduras, más del 85% de los cascos urbanos se localizan sobre laderas, situación que los hace pintorescos y atractivos.

La Campa, Lempira, solo es uno de esos ejemplos, donde la geografía irregular es la constante, y como sucede en otras regiones, los pobladores han adaptado sus construcciones de tal manera, que visualmente, generan buena impresión. La Campa, dista a penas 16 kilómetros de distancia de la ciudad de Gracias, en una accidentada carretera, que desde hace unas décadas atrás debería de estar pavimentada, acción que permitiría insertarle en una ruta turística por las iglesias coloniales de Honduras, que podría abarcar desde Gracias, La Campa, San Marcos de Caiquín, San Manuel de Colohete, San Sebastián y Belén Gualcho, pasando por el atrayente Corquín y salir a la carretera internacional que conduce a Santa Rosa de Copán.

Tecauxina, Lacampa, ahora La Campa
El investigador Armando Ramos, según se desprende de un informe local sobre La Campa, anota “antiguamente este territorio pertenecía al municipio de Gracias, (…) El sitio donde estaba el asentamiento primitivo lo llamaban Tecauxina, tierra de lo alto, algunos asumen que es tierra de brujos, debido a las practicas rituales que realizaban los antiguos pobladores del lugar. Su nombre es de origen indígena, el asentamiento estaba ubicado al otro lado del cerro Santo Tomás, muy cercano al Plan de Cincimera, sobre el filo de la montaña, también lo nombran Pueblo Viejo, un poblado fundado por indígenas lencas y naguas, de habla lenca y nagua , por tal motivo, hoy podemos encontrar una fusión en ambas lenguas. Ahí estaba construida la antigua ermita, erigida en honor al apóstol San Matías, con el tiempo se convertiría en el Santo Patrón titular del pueblo. Ahora la aldea la nombran Cruz Alta y está ubicada sobre la antigua Tecauxina. Todavía quedan huellas de cimientos de aquella antigua ermita”.

El 23 de noviembre de 1920 se realizaron las gestiones y trámites en Tegucigalpa, para la creación del nuevo municipio, fue mediante la gestión del Licenciado don Teófilo Canales originario de Tegucigalpa y apoderado legal de don Benito Méndez quien ostentaba el cargo de alcalde auxiliar de La Campa, antigua aldea de la comprensión municipal de Gracias. La Campa estaba conformada por las aldeas y caseríos: Oromilaca, Barriales, Las Cañadas, Quesuncelca, Tontolo o Santa Catarina, Mezcalío, Yerbabuena, Taguera, El Guayabo, El Ciprés, El Cantarón o La Esperanza y la antigua aldea de Caiquín con el caserío de Guanajulque. La entonces aldea de La Campa contaba para ese entonces con 90 casas, con más de 800 habitantes.

La Campa en sus dominios municipales
Cuenta con siete aldeas que son Cruz Alta, Mataras, Apangual, Mezcalio, Cañadas, Nueva Esperanza y Tontolo. Sus caseríos son: Olominas, Carrizal, Oromilaca, Cerro Grande, El Vado, Horquetas, Quesuncelca, El Sitio, Suanoy, Camalote, Guanaspal, San Cristóbal, Bijagual, Aguacate, Monqueta, Jilguarapis, Peña Blanca, El Manzanal, Gualjoco, El Matapalo, San José, Las Calabazas y La Joya. Su Casco urbano, está constituido por; Barrio el Centro, El Calvario, Las Delicias, El Arenal y San Matías.

Iglesias emblemáticas
Otro aspecto significativo, que aplica a La Campa es el hecho que cuenta con una de las iglesias más emblemáticas de la arquitectura colonial hondureña, donde predomina el estilo barroco provincial, con justa razón la investigadora Leticia de Oyuela, a mediados de los años noventa, hablaba de clasificar un grupo de iglesias mistéricas: La Campa, Caiquín, Piraera, Gualcince, San Sebastián, San Manuel de Colohete, La Iguala, en Lempira, junto a la de Belén Gualcho en Ocotepeque, podrían agruparse entre las iglesias “mistéricas”, mejor logradas de nuestro país. Lista que podríamos ampliar a la Iglesia de los Mercedarios en Gracias, la iglesia de Langue, en Valle y la iglesia de Esquías, Comayagua.

Su primer nombre fue Tecauxina que en lengua náhuatl significa “agua de caña”. A finales del siglo XVIII, La Campa aparece como un pueblo de indios tributarios del partido de Gracias a Dios, cuya principal actividad era la siembra de granos básicos. Al revisar los nombres que aún se conservan en las aldeas vecinas se encuentran vocablos que denotan un fuerte componente étnico, Topilora, Taistan, Otolaca, Tecauxinas, Gualatara, Gualchaqueta, Textao, Guanijiquil, Qualatara. Gualchurruga, Siguite, Suanoy, Joconal, Sincimera, Jilguarape, Oromilaca y Gualchagua.

La Campa, alcanzó su categoría municipal el 4 de abril de 1921, cuando fungió como presidente de la Republica Rafael López. En 1940, por gestiones de su alcalde, se construyó el Palacio Municipal, un amplio y elegante edificio de una sola planta, entejado a dos aguas y con vistosos corredores, en su interior podría albergar la Casa de la Cultura del municipio.

En opiniones de los pobladores, en este lugar fue donde se fundó la primera cabecera del municipio, pero posteriormente perdió su categoría para convertirse en aldea con el nombre de Cruz Alta. No debemos olvidar que, en el tránsito de nuestra historia, numerosos pueblos, por distintos motivos (hambrunas, accidentes geográficos, levantamientos armados o pandemias), terminaron perdiendo su categoría de municipio, otros en cambio lograron consolidarse).

En el Archivo Nacional de Honduras se encuentra un título de tierras extendido a favor del común de los naturales de La Campa del año de 1725, registrado bajo el número 329 con el nombre de Suncelca.

En la base de pendiente y aprovechando un estrecho cañón formado por los cerros Santo Tomás y San Juanera, se construyó la iglesia, que luce como empotrada, sin duda un escenario ostentoso que no se repite en la geografía hondureña.

La Campa, garrobos desde la tradición
En una de sus exquisitas investigaciones el colega Jorge F. Travieso, “Tamatines y Gracejos. Ritualidades del Pueblo Lenca”, describe “A pesar que los garrobos no son una especie endémica en las montañas de la zona Lenca, los garrobos son un símbolo importante en varias comunidades del departamento de Lempira, notablemente La Campa y Santa Cruz. En la Campa, el garrobo está vinculado al mito de la fundación de la comunidad, hecho que la tradición atribuye al hallazgo de la imagen de San Matías, su Santo Patrono. Como es de esperarse, el mito tiene varias versiones que pueden reunirse así: Cierta vez, un cazador-o una anciana-va por el campo acompañado de su perro. El perro encuentra un garrobo y lo persigue. El garrobo escapa y se refugia en un árbol hueco. Cuando el cazador va a sacar el garrobo no lo encuentra, pero si encuentra la imagen de San Matías. Lleva la imagen a Tecauxina, la comunidad donde entonces vivían los habitantes de La Campa. Los pobladores le guardan el debido respeto y alojan al Santo, pero este desaparece, para volver a aparecer en el mismo árbol hueco. Lo vuelven a llevar a Tecauxina, y el Santo vuelve a regresar al árbol hueco. El episodio se repite por tercera vez. Entonces los vecinos entienden que el Santo no quiere estar en Tecauxina, así que deciden trasladar su comunidad donde hoy es La Campa y construirle una iglesia a San Matías. Y argumenta el colega Travieso (..) En cuanto al hallazgo del Santo Patrono, el mito del garrobo de La Campa sigue un patrón que se repite a lo largo y ancho de Latinoamérica. Pero a la vez, la mudanza de Tecauxina a la actual La Campa es un recuerdo del proceso de desarraigo y reubicación forzada a la que muchas comunidades indígenas fueron sujetas durante la conquista y época colonial. Su edificación inició a mediados del siglo XVIII a cargo del maestro de obra y arquitecto, Bartolomé de Madariaga, mismo que según algunos historiadores, además de trabajar en la ciudad colonial de Comayagua también participó en la edificación de la iglesia del vecino San Manuel de Colohéte. En el archivo municipal de Gracias aún se encuentran los informes del control de los tributos indígenas en los que se destaca el aporte de realización los vecinos de La Campa para la construcción de la iglesia.

Este esfuerzo conjunto dio como resultado la edificación de una iglesia con una elegante fachada con una variedad de elementos en relieve prolongado que van desde. Columnas salomónicas, ramos de uvas, deidades indígenas como el sol y la luna, hasta flores de ayote, estos últimos detalles denotan participación de mano de obra indígena en el momento de su edificación. De una calle central dividida por columnas decoradas, destacan una serie de nichos vacíos, dos torres campanarios, conservan un conjunto de antiguas campanas. El año de 1938 se realizaron importantes reconstrucciones a nivel de fachada. Sus amplios altares interiores decorados en laminilla de oro contrastan con un piso rojizo de rustico ladrillo, bien conservado. El altar principal muestra una simbiosis cultural, entre lo hispano y lo indígena en donde el patrón de La Campa, San Matías, acapara la atención con aptitud patrimonial.

La Campa de fiesta
San Matías no es un santo bastante festejado en Honduras, únicamente se celebra en San Matías el Paraíso y en La Campa, Lempira. La feria patronal en honor al patrón San Matías, se realiza el 16 de febrero de cada año, celebración que convierte a La Campa en un centro religioso de gran magnitud donde concurren masivamente feligreses de diferentes puntos del occidente de Honduras.

El baile del garrobo desde la memoria local
Es durante esta celebración que se puede apreciar el famoso “baile del garrobo, que los pobladores lo describen así “no es más ni menos que una persona disfrazada con un sombrero de copa alta, güipiles, caites, mascara, un garrobo disecado relleno con trapos viejos y un azote en la mano derecha para referir a los curiosos. Este personaje baila al compás de un tambor y de los sonidos de un pito y se le llama “el gracejo” y es interpretado por un labriego cazador que con la ayuda de un reptil disecado buscan y encuentran a San Matías. Travieso ya con una amplitud desde la antropología, sostiene “El gracejo de La Campa se encarga de conmemorar el hallazgo del Santo Patrono con su baile y otras intervenciones en rituales y festividades. El “bailarín del garrobo”, como en ocasiones es conocido, lleva una antigua máscara de madera cuidadosamente tallada y adornada con imponentes bigotes, viste un traje negro con bandas amarillas al frente y porta un garrobo-que en realidad es pequeño lagarto-disecado y un chilillo (látigo). Generalmente le acompaña la comparsa tradicional del pito y el tambor, aunque en ocasiones, como en las ferias, también baila acompañado por bandas locales. Suele encabezar procesiones, bailando y haciendo bromas al público, especialmente a los niños, aunque nunca habla, sólo profiere un grito agudo. Sus bailes en el atrio de la iglesia son un espectáculo que atrae bastante público durante las ferias. Evidentemente, antes la figura del garrobo era mucho más compleja. Era considerado una figura con poderes “mágicos- milagrosos. Durante las ferias visitaba varias viviendas de la comunidad, donde era invitado a “reparar” daños en la casa misma o en algún accesorio. Asistía acompañado de su comparsa municipal y seguido por un sequito considerable tanto de niños, como de adultos. En la casa hacia algunos pases mágicos frente al objeto dañado y lo declaraba reparado. En agradecimiento, los anfitriones le obsequiaban al garrobo y su séquito con chicha y pan de maíz. La ocasión era muy festiva, y luego de la visita a varias casas y los obsequios de chicha, la borrachera en general” El baile del garrobo, sin duda es un ritual importante en el universo mítico Lenca, se ha venido practicando por generaciones, aunque corre el riesgo de perderse, pues los bailadores han envejecido, y hacen falta una serie de directrices desde las organizaciones juveniles, con la intención de ir preparando cuadros de relevos. Esto no sólo sucede con el baile del garrobo, también lo hemos experimentado con otra serie de manifestaciones a lo largo y ancho de nuestro país.

La Campa agrícola y alfarera
Los pobladores de La Campa cifran sus esperanzas, en sus milpas y frijolares, actividad de subsistencia en la zona. Pero también le han dedicado sus esfuerzos y talentos a la elaboración a la alfarería Lenca, una ocupación ancestral que ha venido siendo desarrollada por las mujeres lencas. Su fabricación varía de acuerdo a las festividades religiosas y de acuerdo a las necesidades de los hogares. En vísperas de Navidad, las familias alfareras, fabrican piezas especiales para adornar los nacimientos o misterios que toman diversas formas según la imaginación de quien lo hace La materia prima para la elaboración de ollas, cantaros, adornos colgantes, jarrones y otros utensilios, de uso doméstico se obtienen de un yacimiento de arcilla ubicado cerca del Casco urbano, lo que les permite a las alfareras de La Campa, mantener sus tradiciones de excelentes alfareras, que seguramente se remontan a tiempos prehispánicos.

Un elemento relevante es que estas familias forman parte una ejemplar cooperativa artesanal ha generado importantes recursos para sus miembros y han puesto muy en alto el nombre de nuestro país en exposiciones nacionales e internacionales. Es digno reconocer que en los últimos años la Agencia Española de Cooperación Internacional y otras ONG, han impulsado varios programas educativos, y se siguen ejecutando proyectos de infraestructura básica. Es justo señalar, que las transferencias económicas, de varios gobiernos han tenido un impacto positivo en la gestión e infraestructura de La Campa. Sin olvidar que el factor remesa, sigue avivando la economía familiar.

La Campa posee una enorme riqueza folclórica
“El duende de Gualchaqueta. El señor Ramón Nonato Sánchez, comentó sobre una experiencia que le sucedió para una feria de San Matías, en la municipalidad hacían un baile. Como a las siete u ocho de la noche había bastante persona cuando de repente llego un hombre alto con sombrero y acordeón a la fiesta, don Ramón cuenta que tuvo la idea de preguntarle que, si él iba estar en la feria, entablaron una conversación; el desconocido le pregunto si él era de la zona, a lo que don Ramón respondió positivamente.

Entonces fueron juntos y llegaron un pozo llamado Gualchaqueta, después el desconocido inicio a tocar el acordeón y porque le vio que don Ramón andaba un collar o camándula, le dijo que lo metía dentro del cerro. El duende entro al cerro, pero Don Ramón no entro porque andaba protegido con el Rosario.

Don Pedro Sánchez y don Coín comentaron que en el Rio La Gualchaqueta suele salir el Duende, para llevarse a los jóvenes de buen parecer. Ya tiempos cuentan que dos jovencitas fueron a la Gualchaqueta a lavar ropa, se las había llevado el duende a una cueva; una de ella que se conocía por Chon.

Se dice que la joven que logro salir, dijo que en la poza habían visto una pelota muy bonita y de colores llamativos brillantes; entonces la quisieron agarrar y a medida que iban agarrando la pelota, ellas se iban hundiendo en la poza y se fueron. Después buscaron a las jóvenes, pero solo estaban las prendas que ellas estaban lavando en el rio, los familiares desesperados buscando por ellas hasta que el dijeron que el duende se las había llevado y para que lograran salir las jóvenes; el duende quería que un joven llenara una cesta de agua, y el que la sostuviera por mucho tiempo sin botar el agua, ese se quedaba con la muchacha. Fueron sacerdotes a orar, pero nada hacía efecto, hasta que Don Tomas hizo lo que el duende pedía y así pudo salir la joven que se conocía por Chon…” (Recopilada por Nelly Gabriela Guillén).

La Campa, es un agraciado Casco urbano, digno de visitar para disfrutar de su antojadiza geografía, sus angostas calles, inclinadas y ahora pavimentadas. En la actualidad La Campa, cuenta con infraestructura turística, ofrece un Canopy, restaurantes y hoteles. El servicio de transporte público, desde la ciudad de Gracias es fluido.

Novedosa oferta turística
La Campa cuenta con una de las atracciones para el turista como es el Canopy Extremo, el que puede disfrutar de la adrenalina, con una altura hasta de 300 metros y distancias hasta de 1000 metros, conformado por 6 cables altamente seguros y con guías expertos. Visitar este bello rincón de Honduras es remontarse a la época colonial en donde se fusionaron prácticas religiosas indígenas con el catolicismo impuesto. Es disfrutar de una amplia gastronomía local, producto de un intenso mestizaje y sobre todo escuchar esas diferentes tonalidades del español que se habla en tierra adentro. Sus manifestaciones culturales, más la creativa alfarería que identifican a La Campa, le convierten en un municipio de interés nacional. Insistimos que las fechas del centenario o bicentenario, que corresponden a los municipios, no deben pasar inadvertidas, La Campa, en 1921 cumplió los primeros 100 años de ser municipio, y poco o nada se hizo. Siempre desde el poder local, es fundamental conmemorar estas fechas, o al menos preparar encuentros-académicos sobre los avances y retrocesos de nuestros municipios.

Al colega y amigo Reynaldo Salinas López, por su solidaridad y ejemplo.
Jacaleapa, El Paraíso, septiembre, 2022

1. Es de suponer que se refiere a grupos mexicanos de habla náhuatl, debería ampliarse sobre la veracidad. El subrayado es mío.

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