La coherencia para ser demócrata

MA
/ 20 de septiembre de 2022
/ 12:39 am
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La coherencia para ser demócrata

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Rafael Jerez Moreno

Para Honduras, las actividades conmemorativas al 15 de septiembre estuvieron marcadas por un debate que lastimosamente no tuvo contenido histórico, sino que excesivamente ideológico, en una oportunidad en la que conviene recordar cuáles fueron los hechos que rodearon la independencia política de España y cómo evolucionó la región desde entonces. Dejando esto a un lado, lo relevante para este breve análisis es lo que ocurrió en el Estado vecino de El Salvador, la misma noche del 15 de septiembre. Su presidente Nayib Bukele, muy popular entre una buena parte de sus ciudadanos, y entre hondureños también, dio a conocer en su discurso de conmemoración de la independencia política, que ha decidido postularse para buscar un nuevo período presidencial.

La Constitución de la República de El Salvador en vigor desde 1983 prohíbe la reelección presidencial, pero, siguiendo la moda impuesta por otros gobernantes del continente, entre ellos Juan Orlando Hernández por medio de la Corte Suprema de Justicia en 2015, después de que la Asamblea Legislativa controlada por Bukele destituyó a los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, la nueva Sala de lo Constitucional habilitó, en 2021, la posibilidad de que el actual presidente salvadoreño busque una candidatura para aspirar a un nuevo mandato presidencial. Tampoco conviene aprovechar este espacio para analizar la sentencia de la Corte Suprema salvadoreña, que como ocurrió con la hondureña en su momento, hizo uso de un muy pobre rigor técnico-jurídico para redactar una sentencia fundamentada en compromisos políticos. La verdadera reflexión que nos deja el mensaje de Bukele es el silencio de sus vecinos.

Estamos acostumbrados a asociar el concepto de democracia con procesos electorales, creyendo, erróneamente, que el número de votos registrado en unas elecciones son un indicador de qué tan democrático es un país, y por extensión, qué tan demócrata puede ser un liderazgo. La democracia es mucho más que eso, respeto a los derechos humanos, independencia de poderes, rendición de cuentas, entre otros principios. ¿Qué pasa cuando callamos la destrucción de la democracia en un país vecino? Es comprensible que los límites que impone la diplomacia deban ponderarse. Pero, no se puede alegar el principio de autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de una nación solo cuando conviene, sobre todo cuando hay canales diplomáticos donde pueden plantearse inconformidades de esta naturaleza.

Según investigadores del V-Dem Institute, para el 2021, alrededor del 70% de la población mundial vivía bajo un régimen autocrático. Por eso es que no son aceptables las posturas de los demócratas a medias. No se puede tener un discurso dirigido a democratizar la política nacional cuando se es complaciente con autócratas de diferentes cortes ideológicos como Daniel Ortega y Nayib Bukele. Ahora mismo, en ambos países, cientos de ciudadanos sufren las violaciones a los derechos humanos que también ocurrieron sistemáticamente en Honduras bajo las administraciones de Juan Orlando Hernández, partiendo de la frágil legitimidad sobre la que los tres construyeron sus gobiernos. Hay muchos factores que explican por qué en Honduras y en el mundo no se ha alcanzado la apuesta por la democracia al unísono, pero mientras no exista coherencia de por medio, en Honduras habrá liderazgos políticos, pero no verdaderamente democráticos.

Twitter: @RafaJerezHn

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