“Mel”, pescado del tercer día después

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/ 20 de septiembre de 2022
/ 12:34 am
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“Mel”, pescado del tercer día después

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Juan Ramón Martínez

El expresidente Zelaya, no tiene conciencia del grado de rechazo que provoca su figura entre la mayoría de los hondureños. Y menos, cuanto el rechazo que se nota entre la población, es fruto de la ineficiencia del gobierno de Xiomara Castro y la responsabilidad que, aquella le atribuye como su marido y asesor. Por ello, no anticipó el rechazo que el 15 de septiembre recibió de una gran parte de los asistentes al Estadio Nacional que resintieron su presencia y aprovechamiento de su partido político, en una festividad que nunca antes, había sido partidarizada en forma abierta y directa. Además, Zelaya pasó por delante del hecho que, muchos de sus seguidores resienten la figuración exagerada de los miembros de su familia, especialmente cuando quiere aprovechar los actos, para promover la figura de sus hijos, anticipando que no está interesado en la democracia, sino en establecer la construcción de un Estado oligárquico, bajo el control de sus familiares.

Por ello, una parte significativa de los asistentes al estadio nacional el pasado 15 de septiembre le abuchearon y le arrojaron botellas plásticas, agua y orines como nunca antes en la historia se había hecho con un expresidente de la República. Por supuesto, ningún extitular del Ejecutivo, se había atrevido a politizar un evento que tradicionalmente, ha sido un encuentro entre los hondureños, pasando por alto, las diferencias y más bien concentrando la celebración en el fortalecimiento de la unidad nacional, la consolidación de los objetivos nacionales y la celebración de los éxitos logrados en el periodo.

Zelaya ha perdido la perspectiva. No tiene idea de cuál debe ser el comportamiento de un expresidente que, es además el consorte de la titular del Ejecutivo. Como infante, con juguete nuevo, convierte la festividad patria, en una actividad partidaria, dándole gusto a su ego deformado, poniendo a todo el mundo a sus pies, mientras algunos irresponsables llegaron al extremo de engañarlo, comparándolo con Morazán, cuya figura es incomparable desde siempre; y menos con una figura enclenque y dañada por los errores de conducta como es el caso suyo. Cuando debía agradecernos porque le hicimos presidente de la nación, sin merecerlo como lo ha confirmado la conducta irregular que criticamos, lo han llevado a retar todas las convenciones colectivas y prevalidas en una popularidad falsa, se expuso y enfrentó la cólera popular. Incluidos muchos de sus votantes que, ya se han cansado de su conducta estrafalaria.

Zelaya cree ser el mimado de las multitudes. Los hechos confirman lo contrario y el comportamiento del público, ofendido por haber partidarizado un acontecimiento que todos hemos respetado, ratifica que ha entrado a la fase del rechazo. Si creía que solo eran las élites, las que le enfrentaban, ahora el pueblo confirma que le incomoda su conducta y sus irrespetos. Y se burla de sus conductas hipócritas como besar la mano de la titular del Ejecutivo que, accedió a cumplir las formalidades de su hipocresía. Obligando a Castro a mostrar que abandona sus deberes constitucionales, en favor de sus relaciones privadas.

Zelaya es víctima de la manipulación de un grupo de universitarios que, conociendo sus debilidades, le dan cuerda atribuyéndole virtudes revolucionarias que nunca ha confirmado; talentos que solo suenan en el vacío y comparaciones que le ponen en ridículo. El más peligroso de los manipuladores, es el historiador de la UNAH Cardona-ministro de SEDOL- ofendiéndonos, al compararlo, con Francisco Morazán.

Morazán y Zelaya no son comparables. Morazán es el hombre de la unidad y Zelaya es el corifeo de la división. Mientras Morazán, honró a su esposa con la que se casó en nupcias de acuerdo a la ley, Zelaya no hace lo mismo con Xiomara Castro. Morazán enfrentó con valentía a sus detractores, sin ordenar emboscadas contra sus adversarios. Jamás tomó dinero público y al morir, su familia tuvo que enfrentar con dignidad las carencias de lo mínimo para una existencia decorosa. Mientras Morazán, se paró firme ante la muerte, seguro del juico de la posteridad, Zelaya se corre ante la primera amenaza cierta.

Esperamos que la lección recibida, le sirva para entender que no puede hacer de Honduras lo que quiera. Que no es dueño de los destinos nacionales. Y que rechazan, -como pescado al tercer día-, su presencia irregular en la vida hondureña.

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