SHOCK

MA
/ 22 de septiembre de 2022
/ 12:25 am
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SHOCK

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LAS cosas serias que golpean a la comunidad debiesen ser objeto de alguna discusión. Sin embargo, como pedir fruta y no bellotas al pino. Esperar que haya un debate del tema educativo, en un país, donde nada que no sea el cuchicheo político rutinario, sea tópico de interés mediático. El editorial de ayer toca el contexto del problema. Los obsoletos sistemas educativos –buenos quizás para un pasado lejano que, lejos de mejorar con el tiempo, han ido empeorando– completamente inadecuados a la nueva realidad. Los desfasados currículos académicos que nada tienen que ver con la demanda del mercado laboral de hoy, la mala metodología de enseñanza, entre otros asuntos sujetos de revisión. Sin embargo, ello solo es la mitad de las piezas del rompecabezas. La otra mitad tiene que ver con la perversa invasión de los gigantes tecnológicos en las sociedades, capturando las mentes y el alma de los zombis adictos a sus aparatos digitales, que transformaron la vida –debió de ser para avanzar, pero por la forma desfigurada como se utiliza toda esa colosal contribución a la humanidad ha sido más bien para retroceder– de los pueblos.

Allí está el pecado original del problema. Lo otro es descomposición por añadidura. Con las obvias excepciones –que sí las hay– no hay manera de educar con maestros que no pueden enseñar y estudiantes que no quieren aprender. Concluimos que siendo impostergable la reforma profunda de los sistemas, se cae a lo mismo si no se cambian los comportamientos, los resabios, las adicciones que matan la posibilidad de enseñar y de aprender. Ahora bien. El problema es que si los que deben tomar las decisiones –los líderes mundiales y los locales, las testas coronadas de las instituciones burocráticas internacionales y las domésticas– no tienen ni idea de cuál sea el problema, menos para que salgan con soluciones. Veamos. El secretario general de la ONU auspició una cumbre “Transformando la Educación”. Sin duda que enfocada a la primera mitad del rompecabezas –la revisión de los inoperantes sistemas educativos– ¿pero qué hubo con la otra mitad? Es como si estuviesen en shock sobre lo otro; el torbellino tecnológico, informático y comunicacional, que sacudió al mundo en las últimas décadas, y no sepan qué hacer o cómo lidiar con él. Así que mejor, por complicado, por desconocimiento sobre cómo contener sus alcances perniciosos, lo ignoran, como si ello no fuese el núcleo deformador causante de la gravedad del problema. Hace unos días tuvieron la cortesía de mostrarnos –en un zoom– el Informe sobre Desarrollo Humano. Iguales observaciones hicimos. Un buen diagnóstico y propuestas vistas a la luz de la realidad de ayer. No la de hoy.

Quedaron anclados a la situación reinante antes de la terrible crisis, sin énfasis alguno al drástico cambio sufrido consecuencia de la parálisis y sin tomar en cuenta el efecto perturbador a la sociedad de la otra mitad del rompecabezas. Lo que vino a dar vuelta de calcetín, no solo a los estilos de vida sino a las formas amables, personales, amigables, saludables, armoniosas, civilizadas de convivencia. Pero ningún remedio propuesto a la mutación degenerativa de la colectividad que vino a modificar, agravándolos, la naturaleza y el contexto de inveterados problemas. Ninguna ruta señalada para revertir las indeseables alteraciones. Un buen amigo rector nos informa sobre la propuesta del presidente del Banco Mundial: 1. “Mantener las escuelas abiertas y aumentar las horas semanales de clases”. (Perfecto, para enseñar más de lo mismo y continúen los chigüines más atentos a su teléfono celular que prestando atención a la clase). 2. “Adaptar la enseñanza a las necesidades de aprendizaje de los estudiantes, es decir nivelarlos”. (Hay que comenzar por reeducar a los maestros para que puedan impartir la enseñanza sugerida). 3. “Enfocarse en el aprendizaje de áreas fundacionales críticas como la lectoescritura y números; en que los maestros adquieran destrezas y estrategias de enseñanza y aprendizaje, diferenciadas”. (También útil, pero ¿cómo van a motivarlos –en lo que no fueron motivados desde muy niños ni en sus hogares ni en las escuelas– a que agarren el placer por la lectura, si es con pichingos que se comunican prescindiendo del incómodo abecedario). 4. “Recuperarse de esta crisis de aprendizaje requiere apoyo de financiamiento”. (Si las instituciones internacionales de crédito fracasaron enfrentando las exigencias de la crisis sanitaria, razón por la cual la infraestructura productiva de estos pintorescos paisajes acabados sigue colapsada ¿qué esperanza hay que vayan a responder adecuadamente a este otro desafío?). (En conclusión, se pregunta Winston: ¿Cómo salir del shock? ¿Cómo sacar soluciones si ni idea tienen de cuál sea el problema?).

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