Los efectos del cambio climático en la salud

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/ 24 de septiembre de 2022
/ 12:04 am
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Los efectos del cambio climático en la salud

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Por: Juan Carlos Arosemena*

En 2009, The Lancet -una de las revistas más prestigiosas de medicina a nivel mundial- publicó un estudio junto al University College London donde se indicó que el “Cambio climático era la mayor amenaza a la salud del siglo XXI”. Asimismo, se subrayó las desproporcionadas vulnerabilidades en salud que exacerbarían las inequidades entre ricos y pobres, comunidades y naciones (estados). Se hizo un llamado a los profesionales de la salud para comprometerse en abogar por combatir el cambio climático y para que este sea tomado en cuenta al momento de elaboración de políticas públicas en todos los niveles de gobernanza considerando su futuro impacto (The Lancet, 2009). Hoy, aún en pandemia, sabemos que el informe no estuvo equivocado.

En abril de 2020, la prestigiosa física -especializada en el clima-, Joanna Haigh, miembro del Instituto Grantham para el Cambio Climático y Ambiente, brindó una entrevista al diario El Mundo en el que indicó que, aquellos que rehúsan el cambio climático no son escépticos, sino son negacionistas, ya que renuncian a aceptar la realidad. Ella advirtió que, una de las diversas consecuencias de este fenómeno sería la propagación de enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales puedan propagarse en países como España (El Mundo, 2020).

Esta advertencia no era nueva, en 2008, los doctores Ernest Gould y Tom Solomon, destacaron que los cambios meteorológicos que está experimentando el planeta favorecen que los mosquitos y garrapatas que transmiten diversos virus se aclimaten a entornos hostiles para ellos. “Es posible que el virus del oeste de Nilo aparezca en el sur de Europa y, quizá también en el norte, o que la encefalitis japonesa se propague más allá de las fronteras que le dan nombre” (El Mundo, 2008).

Es decir, las enfermedades arriba listadas pronto dejarán de ser endémicas tropicales. Acorde a la Organización Panamericana de la Salud, “en los siglos XVII a XIX, la exportación de fiebre amarilla a Norteamérica y Europa causó grandes brotes que trastornaron la economía y el desarrollo, y en algunos casos diezmaron la población” (OPS, 2022). Este escenario se repetiría una y otra vez y, probablemente, como ya se ha advertido en enero de este año en la reunión anual del Foro Económico Mundial, con enfermedades infecciosas, las cuales representan uno de los principales factores de riesgo para el mundo a corto plazo (WEF, 2022).

La edición 2021 del informe anual “The Lancet Countdown” que monitorea las consecuencias que produce el cambio climático en la salud arroja unas conclusiones bastante interesantes como el escaso progreso de los Estados, en su conjunto, por proteger la salud de sus ciudadanos. Las altas temperaturas del 2020, el año más caluroso de la historia, afectó el bienestar físico y emocional de las personas a nivel mundial. La alteración de patrones climáticos conlleva eventos más extremos como incendios o sequias que amenazan la seguridad alimentaria de poblaciones enteras. Las dietas insalubres y las emisiones contaminantes contribuyen a la muerte de millones cada año debido a la polución del aire (The Lancet, 2021).

Por si fuera poco, los países con Índice de Desarrollo Humano (IDH) bajo o medio son los que menos preparados están para afrontar el cambio climático. Paradójicamente, son en su mayoría estados poco industrializados y, por ende, su contribución a los gases de efecto invernadero es escasa o nula. Esto genera una asimetría bastante perversa: los principales responsables están mejor preparados para afrontar las consecuencias de sus acciones y viceversa. Sin embargo, por duro que sea, los problemas globales solamente pueden resolverse con contribuciones globales.

Esta semana, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, los líderes mundiales enfrentan una responsabilidad colectiva. Están llamados a demostrar que el multilateralismo aún funciona. El nuevo presidente de ese órgano, el diplomático húngaro Csaba Kőrösi, ha prometido buscar soluciones basadas en la solidaridad, la sostenibilidad y la ciencia. El tiempo apremia.

* Diplomático, filósofo, Lic. en Relaciones Internacionales y jefe de la Sección Consular de la Embajada del Perú en Honduras

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