Lo bueno, lo malo y lo feo

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/ 27 de septiembre de 2022
/ 12:36 am
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Lo bueno, lo malo y lo feo

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Guillermo Fiallos A.

He parafraseado, para el título de este artículo, el famoso filme de 1966: “El bueno, el malo y el feo”, un clásico del oeste americano, coprotagonizado por Clint Eastwood, como el bueno (el rubio, cazarrecompensas); Lee Van Cleef, el malo (un asesino a sueldo); y Eli Wallach, el feo (encarna a un ladrón). La historia tiene como argumento principal, la búsqueda y lucha por obtener un tesoro escondido.

Viajando en el tiempo y el espacio, nos ubicaremos en Honduras el 15 de septiembre de 2022. Estamos en plenas fiestas patrias y como en todo evento festivo, hubo varios aspectos a resaltar.

Lo bueno: las celebraciones patrias a lo largo y ancho de la nación, luego de varios años de encierro por la pandemia. Los muchachos de secundaria -y días antes los de preescolar y primaria- honraron a Honduras con sus marchas, ejecuciones musicales, palillonas, trajes típicos y alegóricos a la riqueza de Honduras.

No hay duda, desde que volvieron los desfiles de los colegios a partir de 1976, las reinas y reyes de septiembre son los jóvenes, quienes, con gallardía y amor patrio, saludan a nuestros símbolos, próceres y héroes nacionales. Igualmente, se puede decir de los paracaidistas.

También, fue bueno que la señora Presidente tomara la decisión de que se imparta la cátedra morazánica en los niveles educativos; sin embargo, considero que la idea debe ser más amplia, por lo que tendría que ser una asignatura que incluya el pensamiento y la conducta de otros ilustres patriotas como: José Cecilio del Valle, José Trinidad Cabañas, Dionisio de Herrera, José Trinidad Reyes (aunque les moleste a algunos, quienes desconocen que si no fuera por él, no existiría la UNAH), y otros insignes hondureños que iluminaron nuestro pasado y hacen que brille el presente.

Lo malo: haber trastocado el evento nacional al degradarlo a una celebración partidaria mezquina, cuando un expresidente de la República entró, al estadio nacional, seguido por su familia y allegados de su partido; recibiendo el abucheo y repudio manifiesto del público, el que no lanzó flores desde las graderías, sino, basura y botellas conteniendo restos de agua y de otros líquidos. Y eso sucedió en menos de ocho meses de haberse instaurado el actual gobierno. Algo está pasando en el sentir del pueblo.

¿Por qué se insiste en robarle protagonismo a la señora Presidente? Ese evento era para que lo representara dignamente solo ella, y no necesitaba entradas -fuera de contexto- de personajes que ya tuvieron su tiempo en la historia. Era un acto serio de categoría nacional y no un carnaval político.

También, se notó cierta falta de unidad en el gobierno, al no estar en el escenario principal, uno de los notables sin cuyo concurso nunca se hubiera ganado las elecciones.

Además, no pudo pasar desapercibida la ausencia de tantos colegios en muchos de los desfiles del país, aduciendo miedo al contagio; cuando todos sabemos que los motivos fueron otros y que están relacionados con la moral y las buenas costumbres, al aplicar este gobierno agendas extravagantes.

Lo feo:  además del atraso provocado por la entrada de los adultos rojinegros al estadio y la forma cómo los recibió el público, fue sorprendente ver a grupos ajenos a los colegios desfilar con vestimentas chocantes -o casi sin ellas-, que provocaron el desconcierto de presentes y televidentes.

Todos somos hondureños y tenemos derecho de enaltecer a la patria, pero para todo hay su momento y escenario. Sin embargo, -y vuelvo a utilizar la palabra-, esto no era un carnaval, sino, un evento lleno de solemnidad y fervor cívico.

De la forma cómo se ha manejado la organización de las festividades patrias, no nos extrañe que el otro año, lleguen más agrupaciones ajenas a la seriedad de los acontecimientos. Si se está a favor de la diversidad e inclusión, que no nos asuste que en el 2023 inviten a marchar a los feos y bonitos, pillos y honrados, conquistadores y conquistados…; ah, y así como se conducen los asuntos estatales, quizá, desfilen asociaciones esotéricas que serán aplaudidas, por las autoridades, con el protocolo y la reverencia del caso.

¡Dios salve a Honduras!

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