BARLOVENTO: Grandes derrumbes históricos

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/ 29 de septiembre de 2022
/ 12:03 am
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BARLOVENTO: Grandes derrumbes históricos

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Por: Segisfredo Infante

En el ámbito de una conversación cumpleañera y amistosa emergió, como de la nada, el tema de las anarquías. Tratando de tranquilizar a uno de los asistentes, se me ocurrió expresarle que los ríos suelen desbordarse después de intensos aguaceros. Según el tamaño de cada río se puede inferir el tamaño proporcional, o desproporcionado, de las tormentas e inundaciones. Sin embargo le dije al amigo octogenario, que todos los ríos al final de la tarde (o de los tiempos) vuelven a su cauce natural; o por lo menos configuran un cauce paralelo. O “terceriano”. Luego le mencioné el tema de los grandes derrumbes históricos del “Mundo Occidental”.

He comprendido, desde hace varias décadas, que es un error craso pretender imponer las leyes de la naturaleza a las sociedades humanas, por aquello del factor “equis” que se traduce mediante la creatividad, lo inesperado y la misma destructividad del “Hombre” como especie. Tal error lo cometieron, hasta cierto punto, los pensadores empiristas “ilustrados”. Pero sobre todo la mayoría de los ideólogos del siglo diecinueve, quienes, a pesar de las tendencias contrapuestas entre ellos (con las excepciones de pocos casos), intentaron inyectar la mecánica clásica newtoniana y el determinismo laplaciano al comportamiento histórico, político y económico del ser humano. En nuestro ángulo personal utilizamos, a pesar de los pesares, la hermosa metáfora del río aparentemente hegeliano, como mera analogía, en tanto que desde una perspectiva dialéctico-metafísica un río caudaloso, lento y adormecido, es lo que más se parece al discurrir de la “Historia”, en lo regular como también en lo irregular.

Pero los ríos y quebradas, por muy hermosos que luzcan, en varios casos tienden a desbordarse, y a arrasar con todo lo que se les ponga enfrente. Esto lo sabían muy bien los sumerios y los egipcios civilizados. Por eso inventaron las simbologías matemáticas primigenias con el fin de calcular las crecidas desbordantes de los ríos Nilo, Éufrates y Tigris, con el objeto de realizar trabajos de agrimensura en las tierras que podrían ser aptas para la agricultura, en las proximidades de los desiertos. Ellos sabían perfectamente que los ríos, con el paso de las semanas y los meses, retornaban a sus cauces naturales, aun cuando las aguas de los inmensos caudales mesopotámicos, se unificaran al acercarse a sus desembocaduras en lo que ahora se llama Golfo Pérsico. (Las quebradas y los riachuelos son asunto aparte, pues vuelven a sus cauces normales en un par de días).

Desde mi punto de vista marginal, en la “Historia” occidental hemos registrado tres inmensos derrumbes históricos: 1) La caída definitiva del “Imperio romano de Occidente”, en el curso del siglo quinto de nuestra era, cuando lo vándalos y los bárbaros originarios destruían a su paso todo aquello que representaba la cultura greco-romana y la sabiduría judeo-cristiana, que décadas y siglos más tarde ellos terminarían asumiendo, respetando y tratando de reconstruir, especialmente en lo tocante al derecho romano, el arte, un poco de filosofía griega y principios básicos de cristianismo. 2) El segundo gran derrumbe aconteció, en el curso del siglo veinte, al surgir y “consolidarse” el totalitarismo nazi-fascista, el cual parecía indetenible en Europa y otras partes. Los principales dirigentes hitlerianos, en medio de sus jornadas de éxito triunfal “inexorable”, planeaban fundar una nueva religión que duraría mil años. 3) Otro derrumbe histórico inclasificable emergió a partir de la revolución rusa entre febrero y octubre de 1917, con el asalto definitivo al poder por el lado del partido bolchevique. En mi opinión el verdadero derrumbe aconteció durante la dictadura “perpetua” de Iósif Stalin, quien renegaba de casi todos los valores occidentales (incluyendo el marxismo clásico), dentro de los cuales él confesaba haberse formado. De hecho Stalin admiraba y envidiaba, como en secreto, el desarrollo económico e industrial de Estados Unidos. En realidad el estalinismo más crudo tuvo mayores consecuencias directas en Asia y parte de Europa Oriental, con sus admiradores escorados en América Latina.

He hablado de tres grandes derrumbes históricos occidentales, sin olvidar otras amenazas que acontecieron en el largo y zigzagueante camino. Por ejemplo la penetración asoladora de los musulmanes por el sur de España a comienzos del siglo ocho de nuestra era, y durante el siglo quince por el lado de Grecia y países circunvecinos. De hecho la primera amenaza antioccidental ocurrió con la invasión del “Imperio Persa” sobre Grecia continental, cuando quemaron Atenas. Sin embargo más tarde los persas fueron reducidos por Alejandro Magno en el continente asiático. Alejandro, hay que reconocerlo, cometió el craso error de incendiar Persépolis. Quizás por venganza del incendio de Atenas. Una conclusión apresurada es que los civilizadores auténticos nunca son vengativos ni tampoco queman monumentos artísticos, ni bibliotecas ni mucho menos ciudades. En todo caso los ríos históricos, aunque sea tarde, vuelven a sus cauces racionales.

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