“LA MORFOLOGÍA HISTÓRICA”

ZV
/ 29 de septiembre de 2022
/ 12:50 am
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“LA MORFOLOGÍA HISTÓRICA”

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SOBRE las frases del cierre en el editorial de ayer: El Sisimite con una humorada de un chef y músico norteamericano: “Nos estamos embruteciendo, sabiamente”. Ni tanto –interrumpe Winston– “el embrutecimiento es contagioso”. Un lector comenta: “La estupidez es contagiosa”, quiso decir Winston. “Y citando a Einstein –dice– puede llegar a ser infinita”. (Por supuesto, lo mismo que lo contagioso del embrutecimiento –respondimos– que, citando la Biblia, también puede ser eterno). Otro miembro del colectivo sobre el uso de la voz “presidenta” cuando dirige una mujer, comenta: “Monsieur président: ¿Si se dice presidenta, deberíamos decir dentisto al odontólogo?”. (Respuesta: Monsieur lecteur: No; allí explicamos por qué no. Así como se dice atacante al que ataca, pero no se dice trabajante al que trabaja, sino trabajador (masculino), trabajadora (femenino); sirviente (masculino) al que sirve y sirvienta (femenino) a la que sirve, perfectamente se puede decir presidente y presidenta –respectivamente según el caso– a quien preside).

Para mayor ilustración a los que leen –obviamente sería lección fastidiosa para los zombis robotizados prendidos a su adicción y para los miembros del club de analfabetos del siglo XXI, ello es que saben leer y escribir, pero no leen nada de ver, y cuando socializan lo hacen no haciendo uso del abecedario sino del surtidor de pichingos incluidos en las aplicaciones de mensajería– tomamos apuntes de los expertos: “Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación -nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca)”. “Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo”. “Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora”. “El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar”. “Y, de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes)”. “Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino”. “Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman”.

“Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan”. “Para que una lengua tenga voces como “presidenta”, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden”. “Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (pregúntese el lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino “sirvienta”)”. “Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el uso de voces como “presidenta”, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual”. (¿Pregunta Winston por qué se dice que la vida está perra?).

 

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