Clave de SOL: Cuatro claves hispánicas

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/ 23 de octubre de 2022
/ 12:01 am
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Clave de SOL: Cuatro claves hispánicas

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Por: Segisfredo Infante

Emil Volek publicó hace treinta y ocho años un análisis semiótico sobre cuatro escritores de España y América Latina, que según el autor son la clave de la literatura moderna contemporánea. Con su forma irreverente de abordar los temas que le conciernen, reúne en un solo libro analítico a Vicente Aleixandre, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, por la capacidad de estos escritores de la lengua española de llevar la “modernidad” hasta sus límites.

Desde las páginas de Emil Volek se puede inferir que los cuatros autores arriba mencionados exhibían facultades encaminadas a subvertir el orden tradicional de los esquemas escriturales de la lengua española, ya fuera en verso o en prosa. El caso de Vicente Aleixandre es especial en la historia del verso castellano, pues se sale de los moldes lógicos de su generación (y de otras generaciones), creando un universo poético desacostumbrado, a fin de encontrar la luz del lenguaje en la profundidad mistérica del “Hombre”, con la unidad de sus contrarios íntimos.

En virtud que me gusta confesar mis posibilidades y mis límites, confieso que tanto T.S. Eliot como Vicente Aleixandre han sido paradigmáticos en mi vida de escritor orillero. Pues el británico-estadounidense T.S. Eliot, es como una estrella polar desde mi segunda juventud, tanto por su rigor intelectual y sus prosaísmos musicales, como también por aquella mirada que posibilita la poesía y la belleza incluso en paisajes desolados y deprimentes. La obra de Vicente Aleixandre, por su lado, es reveladora y sorprendente, por la forma enrevesada de estructurar los versos y la búsqueda de nuevos horizontes verbales, que parecieran inaccesibles a los lectores profanos. Con Aleixandre queda claro, de una vez y para siempre, que la poesía más profunda de todos los tiempos, suele alejarse de los moldes de la lógica formal, en tanto que poesía y filosofía son hermanas diferenciadas y distantes. La mejor poesía es una transgresión o desviación estadística de la prosa corriente, según los estudios sistemáticos de Jean Cohen.

Jorge Luis Borges es otro caso especial, pues habiendo transitado los caminos del ultraísmo antidariano, con versos largos y ligeramente flojos, en un momento de su vida, quizás por el proceso lento pero definitivo de pérdida de la vista, determinó retornar al metro clásico castellano, en el curso del año 1960, influido quizás por Francisco de Quevedo, con las respectivas musicalizaciones memorísticas, y los toques filosóficos rápidos, que solían caracterizarlo. Al respecto escribí un artículo titulado “Endecasílabos de Borges”, que condensa mi opinión preliminar sobre la poesía borgeana, que se publicó en LA TRIBUNA del 17 de diciembre del año 2017, como resultado de una breve charla en el ámbito de la Academia Hondureña de la Lengua, pronunciada en el auditorio principal de la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”. No olvido que en aquella oportunidad el importante escritor español (y embajador) don Miguel Albero, también abordó la poesía de Borges desde otro ángulo.

En cuanto al narrador cubano Alejo Carpentier, barroco por excelencia, y amigo tempranero de “lo real maravilloso”, prefiero que los lectores busquen el libro “Cuatro claves para la modernidad” de Emil Volek, de la Editorial Gredos. Debo recordar a un humilde tipógrafo, sindicalista y empastador de libros llamado Santos Paulino Escalante (QEPD), que fue hijo de crianza, en San Pedro Sula, de la prestigiosa escritora y civilista doña Graciela Bográn. A Escalante le encantaban los textos de Alejo Carpentier; pero ignoro si alguna vez logró asimilarlos. En mi caso personal las termitas se encargaron de destruir una parte de los libros del brillante narrador cubano. Porque desde aquí, por muy serio que resulte un tema, a veces salta lo anecdótico.

Comprendo que en América Latina la obra narrativa de Guillermo Cabrera Infante se abrió paso por aquello de los experimentalismos que se habían puesto en boga. Según Emil Volek hay antinomias, dislocación cubista y “fragmentos multiperspectivistas” en la novela “Tres tristes tigres” de Cabrera Infante. A mi juicio algunos de los más importantes experimentalistas latinoamericanos en materia narrativa, son el brasileño Joao Guimaraes Rosa; el argentino Julio Cortázar y el cubano Guillermo Cabrera Infante; habría que pensar en el nombre del peruano Mario Vargas Llosa. Ahora salta la anécdota: El matemático hondureño Rigoberto Gómez Madrid me envió, hace varios años, una bonita postal desde Washington. Decía la postal: “Para Segisfredo Cabrera Infante”. Quizás se le olvidó mi feo nombre. O quizás deseaba bromear o jugar con los apellidos, según una malísima costumbre criticada por Friedrich Engels respecto de ciertos autores del siglo diecinueve. Me he alejado un poco del formidable texto “Cuatro claves de la modernidad” de Emil Volek, anhelando que tal vez los lectores pudieran acceder a este libro y leerlo detenidamente, según lo demandan las disciplinas rigurosas.

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