¿SOLOS?

ZV
/ 24 de octubre de 2022
/ 12:26 am
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¿SOLOS?

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UN afiliado al colectivo de Winston y el Sisimite, remite una entrevista publicada en un diario español del filósofo, escritor y profesor italiano Nuccio Ordine más conocido por ‘La utilidad de lo inútil’, un manifiesto reivindicando conceptos como la “lentitud” en Nietzsche, la “dificultad” en Rilke, el “esfuerzo” y la “atención” en Petrarca, el “asombro” en Aristóteles, abogando por el valor intrínseco de la educación y las humanidades frente a sus versiones “comerciales”. En su más reciente publicación, ‘Los hombres no son islas’, sostiene que “estamos más conectados que nunca… pero estamos solos”. Lo anterior coincide con otra publicación que teníamos pendiente de ofrecer a los lectores, –a tono con un tema reiterativo expuesto en varios editoriales anteriores– tomada de un portal académico. “La amenaza de la soledad no deseada: En España, el 92% de las personas tiene un smartphone y lo usa principalmente para comunicarse por mensajería instantánea con aplicaciones como WhatsApp”. “Nos comunicamos más con nuestros familiares y amigos por mensajería instantánea que cara a cara”.

“De hecho –sostiene la autora del artículo– dedicamos cada vez más tiempo a la interacción con medios digitales”. “A pesar de ello, de una a dos de cada tres personas se siente sola”. “La soledad no deseada tiene consecuencias negativas para el bienestar y la salud”. Cuando es persistente, puede conllevar cambios negativos en nuestros sistemas nervioso, inmune y cardiovascular”. “La soledad no deseada puede incluso aumentar el riesgo de muerte en la misma medida que fumar y más que la obesidad y la inactividad física”. “Entonces, ¿es mejor el contacto cara a cara que la comunicación virtual?”. “Un pilar esencial en la felicidad son las relaciones sociales”. “Las personas que tienen más interacciones sociales cara a cara están más satisfechas y tienen un mejor estado de salud en comparación con aquellas con una red social limitada”. “Por su parte, la comunicación mediante plataformas digitales nos permite expresarnos y construir comunidad, pero parece tener un efecto negativo sobre el bienestar en personas que no disponen de una red de apoyo social”. “Aplicaciones como WhatsApp nos permiten conectar con cualquier persona en cualquier momento”. “Sin embargo, el mensaje es más simple y perdemos los matices de tono de voz y expresión facial presentes en la comunicación cara a cara, fundamentales para un adecuado intercambio social”. (Agreguemos a ello, al concepto del mensaje simple, el colmo de la simplicidad como de la superficialidad. Los zombis –divorciados del buen hábito de la lectura, en lo que toca a la escritura, peleados con el abecedario y la gramática– prefieren la iconografía, el uso de pichingos, para socializar y transmitir sus cambiantes estados anímicos).

“Además –continúa diciendo la autora– parece existir un sesgo positivista en las comunicaciones virtuales; exponemos más los aspectos positivos que los negativos, por tanto, tenemos la impresión de que los demás tienen mejores vidas y son más felices”. “Todo esto puede generar altos niveles de ansiedad”. “Las experiencias negativas en redes sociales, una autoestima baja o una red de apoyo limitada podrían ser algunos de los factores que explicarían estos resultados”. (Aquí hay que distinguir la comunicación utilizando aplicaciones de mensajería de los smartphones, para comunicarse con amigos de los contactos telefónicos, y el uso de las redes sociales, que permite universalizar la comunicación. Allí, ya no es de socializar con amistades sino de hacer la guerra, con enemigos. Las plataformas de los gigantes tecnológicos y sus algoritmos predispuestos a crear adicción y robotizar las sociedades. Están montadas para instigar el pleito, el ataque, la división, la odiosidad, ya que apelan a los más bajos instintos de los seres humanos; diseñados a propósito para masificar enganches que les reditúan ganancias billonarias. Como los países adolecen de regulación, no dejan un cinco en los mercados que explotan mientras exprimen la dependencia adictiva de sus usuarios). De momento hasta aquí, otro día continuamos. (“Para qué ir tan allá a averiguar si estamos solos en el universo –reflexiona Winston– si cada día que pasa, nos estamos quedando más solos que nunca aquí en la tierra”. “Y si ese tipo de soledad se asocia a la felicidad –interrumpe el Sisimite– también más infelices”).

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