Un nuevo sistema de transporte público para las ciudades

MA
/ 25 de octubre de 2022
/ 12:34 am
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Un nuevo sistema de transporte público para las ciudades

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Rafael Delgado

Las ciudades que se destacan entre las demás, lo hacen porque avanzan implementando modernos sistemas de servicios públicos para sus ciudadanos. Uno de esos sistemas complejos, pero de gran valor para la calidad de vida de la gente es sin duda alguna el transporte público. Con un sistema de buses urbanos moderno se garantiza la movilidad ágil y segura de los ciudadanos que diariamente deben desplazarse para sus hogares y su trabajo. Los beneficios llegan además a contribuir al mejoramiento del clima de negocios y a disminuir la contaminación ambiental de la ciudad.

Como se constata fácilmente, en nuestro país lo que tenemos en las principales ciudades del país es algo muy deficiente. Y esto es en todos los sentidos. Para los dueños y operadores de los buses que circulan en las calles de las ciudades del país, es una aventura someterse diariamente a los riesgos de zonas donde los grupos criminales operan a sus anchas, imponiendo exigencias al margen de la ley. Las noticias recurrentes de los medios de comunicación nos informan de esa sorda batalla que se libra diariamente y que sale a relucir cuando se asesina a un conductor, ayudante o a un empresario del transporte. Esto no debe continuar. Pero, eso es solamente una parte de la densa trama detrás del mal sistema de transporte público del país.

Los efectos de ese sistema precario los cargan a diario millones de hondureños que obligatoriamente deben utilizar esos buses. Los peligros que acechan y que en muchos casos se concretizan son varios. Por allí se habla de ataúdes andantes al referirse a la flota de buses en malas condiciones que circula desordenadamente en las ciudades para transportar en condiciones lamentables a los hondureños. En efecto, no hay puntualidad, mucho menos comodidad para el que se transporta. Las rutas son compartidas por varias empresas que en su afán de conseguir un pasajero más, desatan una competencia donde la alta velocidad, cruzarse un semáforo en rojo, subirse a las aceras y recoger pasajeros en cualquier lugar son parte de los comportamientos promovidos por las mismas empresas y toleradas por las autoridades. La razón y los criterios de seguridad, comodidad y orden están ausentes. Lo peor es que todo parece convertirse en algo normal. No hay ninguna fuerza importante que lidere propuestas de cambio y de mejora. No hay duda entonces que esto es una señal indicando que hay poderosos actores que, así como las cosas marchan se sienten a gusto y por ello operar en el desorden sigue siendo factible y deseable. Por ningún lado se escucha un plan integral, ni por parte del gobierno, ni de la empresa privada, para salir de esa trampa donde hemos caído desde hace años y que nos impide tratar de evolucionar a un sistema de transporte más ajustado a las necesidades de millones de hondureños.

Los gobiernos de las ciudades más importantes, así como los financiadores y los empresarios deben de avocarse a un proceso de aprendizaje y descubrimiento de lo inútil que significa seguir la ruta actual; de descubrir el enorme potencial de contar con un sistema de buses con un servicio de calidad que además de la comodidad y seguridad para sus usuarios, impacta en beneficios para la competitividad y el medio ambiente de la ciudad. En América Latina existen ya notables ejemplos de ciudades con sistemas de transporte que se mueven hacia un sistema mixto de inversión privada responsable, con reguladores públicos estrictos y enfocados en su misión de garantizar eficiencia. Estos sistemas se basan en subasta de rutas a los que presenten mejores propuestas de servicio, que incorporen la electricidad como insumo para movilizar los buses o motores bajos en emisiones de gases con efecto invernadero, que garanticen la movilización masiva y ordenada de la gente, cubriendo tanto el centro como la periferia, así como áreas de baja carga poblacional. Algo tiene que suceder en la dirección anteriormente descrita, de lo contrario seguiremos transitando el camino que nos llevará a ciudades insoportables para su gente por la inseguridad y el desorden.

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