“EL PODER SE GANA EN LAS URNAS”

ZV
/ 27 de octubre de 2022
/ 12:50 am
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“EL PODER SE GANA EN LAS URNAS”

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A propósito del más reciente tema de crispación política. En este espacio editorial –igual hemos analizado otras cuestiones político-jurídicas– abordamos la relación entre los conceptos de la legalidad y la legitimidad jurídica. Sumado al placer del estudio –el rimero de textos de tratadistas del derecho constitucional, cuando en el seno de la Comisión Principal y en las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente debatíamos la redacción de la Constitución vigente– satisface conocer el criterio sobre lo escrito de juristas que saben. Porque en esto, como en otras disciplinas, no solo es sacar el título –y quedar hablando carburo– sino seguir estudiando, leer mucho, para mantenerse actualizado. Entre los mensajes recibidos: “Sus editoriales una catedra jurídica al debate nacional: Mis respetos presidente”. “Siempre tan preciso, en tiempo y en contenido”. Un respetado notario: “El escrito de ayer fue una clase magistral de derecho constitucional”. “Lo comparto y lo disfruté, ojalá lo escuchen”.

Una amiga catedrática –como enseñaban en mejores tiempos– en jurisprudencia, ciencias políticas y sociales: “Hacía falta ese editorial”. “En momentos de lucha de egos, donde algunos son títeres de los hilos de otros y se presentan para crear el circo donde el entretenimiento es nada menos que nuestro Estado de Derecho, hacía mucha falta. “Impresentable que después de una elección pacífica, participativa y con resultados aceptados, sigan tantos meses después con este tema”. “Esto debe detenerse, están confundiendo a muchos y llevando al hartazgo a otros tantos”. “Mala combinación”. “Ojalá pronto existan los acuerdos necesarios para la integración de otro Poder del Estado y así terminen las mutuas advertencias sobre la Junta Directiva de otro Poder”. “Actúan como colegiales de antaño, al estilo de: a la salida te espero”. “Hacía falta el editorial, en cuanto al escenario político”. “Además, jurídicamente, magistralmente desarrollado”. Por supuesto que, como en todo lo que acontece en la accidentada vida republicana, habrá opiniones interesadas como criterios encontrados. Una lectora escribe: “Excelente reflexión sobre lo legítimo y lo legal mi querido presidente”. “Esas valoraciones y análisis precisamente son los que se deben realizar cuando se tiene frente a sí un caso concreto como el del editorial”. “Ha hecho usted un análisis jurídico como el mejor de los abogados”. “En ocasiones se nos olvida aplicar las reglas de lógica y las máximas de la experiencia en casos tan sensitivos que indefectiblemente impactarán para bien o para mal en la vida nacional”. Este fue el párrafo de cierre del editorial: La legitimidad en la democracia la otorga, entre otros factores, la voluntad del soberano. De allí inferimos, lo que, a nuestro juicio, es corolario de lo anterior. El poder no se arrebata, se gana en las urnas. Y sí, no desconocemos que en todo este proceso mediaron irregularidades. No todo es defendible. Hubo errores de forma como de fondo. Pero en estos ariscos parajes tropicales, –acostumbrados a la trampa, a la irreverencia de las leyes y al manoseo de la Constitución– se procura salvar el bien superior. (¿Qué se gana –pregunta el Sisimite– de arriesgar lo cierto que se logró en paz, para embrocarlo a lo incierto de lo peligroso?).

Una lectora comenta: “Interesante editorial y su corolario es el acertado”. “Todo esto pasa porque no solamente hay que ser bueno sino aparentarlo; y la elección que talvez para ellos fue lo indicado por el peligro eminente de perder el Congreso Nacional, talvez hubiese sido más decoroso y dar otra imagen, aunque el resultado hubiese sido el mismo, pero hubiesen aparentado hacer lo correcto”. “¿No sé si me explico?” Ya sobre la ocurrencia del Sisimite una lectora con otra ocurrencia: “Lo cierto es que veo todo más incierto”. “Casi confundida”. (“Las cosas son en su totalidad lo que parecen –dice Winston que decía Jean Paul Sartre– y detrás de ellas… no hay nada”. “Los hombres viciosos –cuenta el Sisimite que escuchó decir a Confucio– procuran disimular sus faltas con apariencia de honradez”).

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