En dos países piensan quedarse los migrantes venezolanos rechazados

ZV
/ 31 de octubre de 2022
/ 12:10 am
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En dos países piensan quedarse los migrantes venezolanos rechazados
Una familia de migrantes venezolanos apostada en la calle de peatonal pidiendo dinero para continuar el camino de regreso al sur del continente.

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La capital hondureña se ha convertido en el punto de encuentro de miles de migrantes venezolanos, dulces, cartones y sonrisas son las cartas que presentan en las calles donde piden una “bendición” para seguir el camino, ya sea al norte o al sur del continente.

“Deme una bendición, no tengo para comer, ni donde alojarme esta noche” expresó un joven de aproximadamente 20 años en la calle peatonal de Tegucigalpa frente a un restaurante de franquicias, flanqueado por tres compañeros de viaje.

Hace tres meses salió desde su natal Venezuela donde esperaba triunfar en las canchas de fútbol, agarró camino al norte, pero su sueño se vio interrumpido cuando llegó a la zona limítrofe entre México y Estados Unidos.

“Nos rechazaron, dijeron que ya no hay más cupo para nosotros. Vamos de regreso a nuestro país. Tenemos miles de historias que contar en este viaje”, comentó el joven mientras imploraba por ayuda a cada transeúnte.

A pocos metros estaban otros venezolanos y a diferencia de estos cuatro muchachos rechazados, pedían “una bendición” para continuar el camino hacia Estados Unidos, pese a ser advertidos que la administración Biden cerró la opción de asilo.

VARIAS NACIONALIDADES

Miles de inmigrantes de distintas nacionalidades; iraquíes, paquistaníes, haitianos, cubanos, ecuatorianos, nicaragüenses regresan rechazados por Estados Unidos en la frontera con México, debido a una orden amparada en la pandemia que suspende el derecho de asilo en las leyes estadounidenses.

La mayoría son venezolanos que huyen de la pobreza, desempleo y las macrodevaluaciones de la moneda del país suramericano que padece un embargo económico del que hasta ahora no se ha podido levantar.

La capital hondureña se ha convertido en una ciudad de encuentro, unos van ilusionados para el norte y otros regresan al sur, frustrados después de una travesía de meses y miles de dólares desperdiciados.

A diario recorren las calles, en las cercanías a los centros comerciales, en la peatonal se tropiezan y confunden con los capitalinos donde algunos hondureños se conduelen a grado tal que núcleos familiares son recogidos y llevados a dormir a casas cercanas donde reciben alimentación y cobijo.

Desde niños en brazos, jóvenes, adultos y hasta personas mayores deambulan por las calles de Tegucigalpa y Comayagüela pidiendo “una bendición” para sobrevivir el día; portan la bandera venezolana en un cartón colgado en el pecho y caminan en grupos de tres a siete personas.

HONDUREÑOS DE BIEN

Algunos se han integrado al comercio informal, venden paletas y de paso piden dinero para comprar pizzas o arroz chino. “No tengo de que quejarme de aquí de Honduras, llegamos aquí sin plata y nos recibieron bien. Gracias a Dios no hemos pasado como decimos nosotros roncha”, contó a LA TRIBUNA Ender Suárez, sentado en una banqueta a poca distancia del Ministerio de Finanzas en el centro histórico de Tegucigalpa.

Viaja rumbo a Estados Unidos con su compañera de hogar, María Ruiz y la menor Emmary Suárez de dos años. “Allá trabajaba en una tienda en Sucre, pero el pago no daba para nada. Lo que me pagaban en una quincena, se me iba en un solo día”.

Aquí en Honduras “me va mejor, porque pido en las calles y por lo menos el desayuno ahorita nos lo regalaron”, comentó con una miraba de agradecimiento mientras su pareja limpiaba la nariz de la menor con síntomas de resfriado.

En un costado de la estatua del general Francisco Morazán, una mujer con dos niñas se apostaba al mediodía del sábado anterior, protegiéndose de los vientos con un cartón que a la vez sirve para pedir dinero.

“Vengo triste, nos regresaron. Mi pareja anda por ahí rebuscándose. Pero aquí la gente es muy buena, nos ayudan”, comentó la señora de tes blanca. Un señor apareció de la nada y le dio un billete de 20 lempiras.

El núcleo familiar salió de Venezuela hace tres meses, pero ya encontraron cerrada la frontera estadounidense, ahora regresan a Caracas, tienen otros planes. “Yo le digo a mi pareja que nos quedemos, allá la situación económica esta fea usted”.

“A mí me gusta Honduras, la gente es muy buena; la primera opción es Costa Rica, la Policía no molesta, la segunda es Honduras, me gusta aquí”, finalizó la conversación de la migrante venezolana. Texto y fotos: Jeremías Bustillo.

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