Lula: “entre socialismo y libre mercado”

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/ 9 de noviembre de 2022
/ 12:16 am
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Lula: “entre socialismo y libre mercado”

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Óscar Lanza Rosales

Ignacio Lula da Silva ha triunfado como candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, frente a su contrincante Jair Bolsonaro del Partido Liberal, aproximadamente 51% a 49%.
Con este triunfo, él opta a su tercer periodo presidencial (2023-2026), después de haberlo hecho en el 2003-2006 y 2007-2010 por reelección constitucional.
Así que aquel chico excelente en sus estudios, que tuvo que abandonarlos a una temprana edad, para dedicarse a trabajar para ayudar económicamente a su madre abandonada por su esposo y con ocho hijos, vuelve a ponerse la banda presidencial de su país el próximo mes de enero.

En su vida hay que destacarle como virtudes, su perseverancia y que no se rinde ante las adversidades. Cuando fue presidente la primera vez, ya lo había intentado como candidato tres veces. Y esta vez ha sobrevivido políticamente, a pesar de que se le involucró en actos de corrupción, en el pago de sobornos a congresistas de la oposición en su primer periodo, y en el segundo, en el desvío de fondos, sobornos y lavado de activos de la empresa de Petróleos de Brasil -caso Lava Hato- junto con su sucesora Dilma Rousseff, que fue removida de la presidencia por ese motivo. Y también en los sobornos de la empresa constructora Odebrecht. Acusaciones que lo llevaron a la cárcel por 580 días en 2019, para cumplir dos condenas por 26 años, pero que resultó exonerado por el Supremo Tribunal Federal, tras concluir que sus juicios por presuntos sobornos no habían sido justos.
Con este triunfo, el apoyo de los países europeos, principalmente de Francia, que en octubre de 2019, mientras estaba en prisión, fue declarado “ciudadano de honor” por el Ayuntamiento de la ciudad de París. Y España, que le otorgó el premio Príncipe de Asturias. Su imagen se ha transparentado, nada más que recibe un país totalmente polarizado.

En su gestión 2003-2010, Lula se opuso a mantener un modelo económico similar al de su predecesor Fernando Henrique Cardoso. Sin embargo, en la práctica el país continuó un camino similar. Emprendió reformas que garantizaron la modernización y el desarrollo del país, sin salirse de los cauces de la economía de mercado.
Lula recibió en 2003 un país ordenado, pero desigual, y su llegada coincidió con el inicio de una etapa de precios internacionales altos para las materias primas. Esto, sumado a una política económica de reducción de gastos, pago de deuda, y apoyo a la creación de empleos, llevó a que la economía brasileña experimentara años de alto crecimiento, que sumados a sus planes sociales agresivos -Bolsa Familia y Hambre Cero- tuvieron un impacto notable en la reducción de la pobreza. En mayo de 2010, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU concedió a Lula el título de “campeón mundial de la lucha contra el hambre”. Se calcula que ambos programas contribuyeron a sacar de la pobreza a unos 30 millones de personas en menos de una década.

Su gobierno se caracterizó por resultados económicos positivos como baja inflación, alta tasa de crecimiento de PBI, reducción del desempleo y aumentos de la balanza comercial, mediante el incentivo de las exportaciones; el fortalecimiento del mercado interno por medio del aumento de los salarios y la diversificación y facilidad de acceso al crédito, entre otros. Su medida económica más notoria fue el pago anticipado de las deudas al FMI y Banco Mundial.
Entre 2003 y 2010, los ingresos del 10% de la población más pobre creció un 8% anual.

Aumentó en cinco veces el PIB anual, y Brasil pasó de la decimosexta economía del mundo a la sexta posición.
Creó el mayor programa de becas de estudio de la historia de la educación superior brasileña y latinoamericana.
Invirtió en la creación de once nuevas universidades públicas federales, con calidad educativa y gratuita.
La escolarización pasó de 6 a 8 años. La mortalidad infantil bajó de 36 por mil a 21. Erradicó la esclavitud de 13,000 trabajadores.

Subió el salario mínimo nacional en 20% y redujo el gasto público en 16%.
Disminuyó drásticamente la deforestación, desde 34,700 km² por año a 4,500.
Obtuvo las sedes del Mundial de Futbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.
Se alineó con las otras grandes potencias emergentes, conocidas como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).
Dejó la presidencia con un 80% de aprobación y se convirtió en un referente internacional en la lucha contra las desigualdades.

Todo lo anterior, tomado de diferentes fuentes internacionales.

olanza15@hotmail.com

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