La sociedad y la tecnología

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/ 10 de noviembre de 2022
/ 12:02 am
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La sociedad y la tecnología

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Por: Jorge Roberto Maradiaga*

La ciencia y la tecnología propician -partiendo de la premisa que la mayor riqueza es el conocimiento- un futuro mejor y aunque es cierto que existen varios caminos hacia el futuro, para asegurar el futuro, la tierra debe permanecer estable y homogénea. Esta es la única condición: tener un lugar donde desarrollar nuestras formas de expresión, superar las desigualdades, tener una visión del mundo y tratar de sobrevivir en igualdad de condiciones, tal como lo anhela la generalidad.

El proceso de desarrollo es algo más que una cuestión de mercados, innovación tecnológica e industrialización; pues ello está más ligado a un proceso de pleno uso de las libertades humanas fundamentales, como las libertades económicas, sociales y políticas. El hombre ha perdido la capacidad de elegir su estilo propio de vida, al haberse limitado su libertad, pues el entorno laboral es cada día más complejo debido a los cambios tecnológicos, tal como lo evidencian los hechos concretos.

Indiscutiblemente, el ser humano se rezaga frente a las pocas posibilidades que le resta la automatización, el entorno laboral queda reducido y el trabajo, base fundamental sobre la cual se sostiene el núcleo de la sociedad, la familia, se ve amenazado. Por esto, la innovación tecnológica y su aplicación no es un hecho aislado. Refleja un estado determinado de conocimiento, un entorno institucional e industrial particular, una oferta disponible de aptitudes y una red de productores y usuarios en la sociedad.

Con toda propiedad especialistas puntualizan que la Tecnociencia juega un importante y decisorio papel en el mundo actual. La tecnología junto con la investigación científica ha logrado diseñar soluciones a los problemas particulares que nos plantea la existencia y le han permitido al hombre obtener el control de la naturaleza y modificar constantemente su entorno, pues ello resulta un imperativo.

Es de destacar que la tecnología se concibe como algo más que un conocimiento aplicado y más bien se define como un saber científico, como una hipótesis comprobada empíricamente. Tecnología y ciencia son dos términos ligados y complementarios, pues la ciencia sirve de fundamento para la tecnología y esta a su vez aplica y genera nuevas interrogantes y necesidades. Esto permite entender como la tecnología posibilita la adecuación del entorno, crea instrumentos que nos dan mayor capacidad de transformación e innovación, permite el progreso y el cambio, facilita el aprendizaje, transforma las culturas. En esencia, la tecnología penetra e impacta en todos los sectores de la sociedad, tal como lo demuestran los hechos concretos.

Por su importancia y procedencia señalamos que estudiosos sobre el tema destacan: “A lo largo de la historia el conocimiento no solo ha sido aplicado al desarrollo médico, físico o industrial, también se ha comprobado la afinidad entre la ciencia y el desarrollo ofensivo y militar. Arquímedes urdió la construcción de máquinas de guerra para defender la ciudad de Siracusa contra los romanos. Leonardo da Vinci al ofrecer sus servicios al duque de Milán, le mencionó un buen número de artefactos militares que podría construir, y a continuación añadió, casi como algo olvidado, que también pintaba”.

No cabe la menor duda que el conocimiento adquirido a través de la investigación es aplicado en todos los campos y trae consigo consecuencias positivas, pero también negativas. Estas últimas son ocultadas por un aparente progreso económico. La estructura social queda sujeta a los cambios estructurales de la economía los cuales imponen las reglas de juego en el desarrollo nacional. Es evidente que, el ser humano no es considerado dentro de los cambios efectuados para acoger las nuevas tecnologías, es relegado y destinado a emprender una nueva etapa de lucha contra la sociedad, se le limitan sus posibilidades, sus libertades individuales y sociales.

En materia de desarrollo tecnológico muchos países se ven muchas veces influenciados por las estrategias y el grado de avance tecnológico alcanzado en los países industrializados. Necesitamos generar una visión propia, que atienda la realidad de nuestros países, que parta de nuestra cultura, que sea integradora, donde los factores sociales que inciden en la capacidad de innovación sean correctamente interpretados. Debemos estimular las capacidades internas de nuestros compatriotas (hombres y mujeres), con miras a introducir un cambio cualitativo en nuestro accionar.

Indiscutiblemente, se requiere contribuir a una cultura de la innovación a un mayor relacionamiento e intercambio de conocimientos, tener la capacidad de identificar los instrumentos que mejor se adaptan a cada realidad y generar una visión en conjunto para una mayor cooperación en materia de innovación y desarrollo tecnológico. Obviamente, esta realidad plantea como reto la capacitación que nos permita irrumpir en este contexto con una visión futurista, tratando de concretar el mayor de los beneficios para toda la hondureñidad.

*Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial.

E-mail: jorge.mara@yahoo.com
jorgermara@gmail.com

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