PERFILES: La mancha roja

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/ 10 de noviembre de 2022
/ 12:04 am
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PERFILES: La mancha roja

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Por: Carolina Alduvín

Con el resultado de las elecciones en Brasil la semana pasada, el mapa del continente casi se acaba de teñir de rojo al cantar victoria los seguidores de un expresidiario acusado de corrupción, aún así alcanza su tercer mandato; eso sí, con un muy estrecho margen de ventaja, con las cámaras legislativas e innumerables entidades federativas y municipales ganadas por la oposición. De entrada, augura un mandato difícil y desde ya, el clamor de manipuleo fraudulento, que es frecuente en estos casos; no es tan solo una acusación de un supuesto perdedor inconforme; sino que, de acuerdo con auditorías privadas, se registran indicios de que muchas de las máquinas para contabilizar votos fueron configuradas para restarle a un candidato.

Además, miles de personas en lugares públicos, se manifiestan inconformes con los resultados; por ejemplo, frente al cuartel general del ejército brasilero en la capital del país, se han registrado multitudes coreando el estribillo “en paz por un PT nunca más”. Claman ser la resistencia civil de Brasil, en contra de la izquierda, recordando que políticos con similar ideología acabaron con la riqueza y prosperidad de Venezuela, van por la de Chile y se consolidaron en Nicaragua. La semana anterior, Brasil ha estado dando ejemplo a otros países latinoamericanos, de dar batalla por la libertad y en contra el comunismo. Al parecer, entienden mejor lo peligroso que sería que criminales, narcotraficantes, terroristas y gente mala, acabe de alcanzar el poder, tienen conciencia enorme para no entregar el país al comunismo. Su grito: Dios, patria familia y libertad.

En Perú, en julio del año anterior, se instaló un presidente de la izquierda, según las encuestas de opinión, para septiembre, su dizque popularidad había bajado al 22%, luego de que las ilusiones vendidas y las prometidas ayudas a la gente se estrellaran contra el muro de la realidad económica del país. Las multitudes también se han organizado y se manifiestan en la capital, la costa, la sierra y la selva, demandando que el hombrecito del sombrero desproporcionado se vaya a su casa. En Lima, por miedo a la multitud, el mandatario ordena cerrar la plaza de armas. Reprime a los manifestantes con caballos y bombas lacrimógenas. En provincias como Trujillo, Cusco e Iquitos, miles claman, “es urgente vacar al delincuente”.

En Argentina, otro izquierdista alcanzó la presidencia en diciembre de 2019 con un 69% de aprobación, que en agosto recién pasado, apenas le quedaba un 8%, debido a que se las ha arreglado para que el país se encuentre en quiebra, luego de aplicar las mismas propuestas económicas que Petro implementa en Colombia: imprimir billetes, gasto social desbordado, expropiar fondos privados de pensiones, cerrarse al comercio exterior y prohibir las importaciones, sumiendo al país en una acelerada crisis económica y los índices de pobreza disparados, lo más probable es que en un año las elecciones las gane un libertario.

En Chile, este marzo llegó otro de ellos, ahora en octubre su popularidad apenas ronda el 26%, y en el plebiscito convocado para cambiar la Constitución y promulgar nefastas medidas socialistas, tuvo un muy amplio rechazo popular. Lo que no deja de marcar la diferencia entre un pueblo con educación, capaz de rectificar por los mismos medios, un grave error, el haber elegido un gobernante que, al decir de quienes lo conocen, nunca trabajó, nunca pagó una deuda, nunca pidió un crédito, nunca creó un empleo, nunca intentó emprender, nunca envió un CV, nunca supo lo que es ganarse la vida.

Y hablando de vivales, el presidente de México conserva un 44% de su popularidad inicial, según mediciones internacionales y 56% según las del propio patio. En estos días la ciudadanía se organiza para defender la autonomía de su organismo electoral, la que pretende arrebatar el partido de gobierno en contubernio con los supuestos antiguos adversarios, con el innegable fin de eternizarse en el poder. Colombia, en solo 3 meses de gobierno izquierdoso, subió un 20% su desaprobación, un poco tarde, pero los pueblos latinoamericanos despiertan del engaño.

Nuestra vergüenza nacional, en menos de diez meses, apenas conserva un 18%, en comparación con los consolidados en Nicaragua 37%, en Venezuela 28% y en Cuba ni les permitieron preguntar. Mientras que el salvadoreño, clasificado como de centro, se lleva las palmas en la región con un 86% de popularidad. Paga poner a los pandilleros en su lugar.

carolinalduvin46@gmail.com

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