Niños de la calle

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/ 11 de noviembre de 2022
/ 12:02 am
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Niños de la calle

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Por: José A. San Martín F.*

Nuestra estimada prensa nacional nos mantiene más que informados sobre el acontecer nacional e internacional. Al día con lo que sucede en Europa y sus problemas, su economía y desarrollo tecnológico, del Medio Oriente, de sus extravagancias y confl ictos étnico-religiosos, de la guerra Rusia-Ucrania y sus repercusiones internacionales, de Norte y Sudamérica y su incidencia en el desarrollo de nuestra región, así como los confl ictos que provocamos los países en vías de desarrollo, particularmente en los EEUU como el problema migratorio, etc. Hay tanto que informar que se pueden crear nuevos programas de difusión y todavía nos quedamos cortos. Atractivas noticias, pero existen otras de más trascendencia y que inciden directamente en nuestro crecimiento como nación, sin embargo, la indiferencia prevalece.

Durante el mandato presidencial del señor Ricardo Maduro, su esposa, la primera dama Aguas Ocaña, realizó una encomiable labor encaminada para atender a esos niños desposeídos que pasan, aún actualmente, mendigando en muchas de las esquinas de la red vial urbana de la ciudad. Durmiendo en zonas donde pueden guarecerse del frío y la lluvia, hasta debajo de los puentes. Su sincero interés en estas particulares criaturas fue gratamente recibido por la mayoría de la población; aún se le recuerda con cariño por su loable empresa. Similares sentimientos generaron la exprimera dama Mary Flakes de Flores, distinguida esposa del expresidente Carlos Roberto Flores. Igualmente llevó a cabo importantes logros en favor de la salud infantil con su monumental esfuerzo en promover la construcción del Hospital María, para niños, y otras instalaciones accesorias a los hospitales donde se proporcionase atención a familiares de los pacientes internos, además de muchos otros proyectos en apoyo a la mujer. Ambas damas, doña Aguas, española, y doña Mary, estadounidense, se ganaron el afecto y agradecimiento de todos los hondureños; son muy gratamente recor-dadas como las primeras damas que verdaderamente dejaron una huella imborrable en la historia de nuestro país. Si han existido otras que hayan realizado tareas similares, mis disculpas, pero no fueron conocidas, aunque en algún momento escuchamos el nombre de doña Alejandrina de Villeda Morales, esposa del expresidente Ramón Villeda Morales, y sería excelente que alguien que conozca algo al respecto lo dé a conocer públicamente.

Nuestra intención es refl exionar porque, y a pesar de los esfuerzos realizados en este sentido, los niños de la calle, desabrigados, continúan aumentando de manera alarmante; y no solo en las ciudades más impor-tantes, sino también en las de menor población. Nuestra prensa informativa ha realizado algunos trabajos sobre este tema, sin embargo, parece que a los hondureños nos atraen solo noticias como las mencionadas al inicio de este escrito, y no las que exponen la tragedia que día y noche sufren miles de hondureñitos. Los medios de comunicación están obligados, así lo dice la ley, a apoyar e infl uir sobre quien corresponda para borrar de nuestros paisajes urbanos, y rurales, estos lamentables y penosos cuadros; porque están bien arraigados en todos los lugares por donde nos desplacemos.

Lo extraño, aunque no deberíamos sorprendernos, es que nuestras leyes ya disponen de medidas de solución sobre este problema. Los padres están obligados a velar por sus hijos y, si no pueden, el Estado asume su responsabilidad, incluso procurando favorecer a los padres para lograrles empleo (Art.121 de la CR). Las instituciones estatales creadas para ha-cer efectivo lo plasmado en la Constitución de la República (CR), sobre la protección infantil, no cumplen con los objetivos para las que fueron creadas mientras veamos a diario y por doquier, a niños desamparados, limosneando.

Qué bonito y alentador es lo que nuestra ley expresa sobre la responsa-bilidad del Estado, veamos: ˛Todo niño deberá gozar de los benefi cios de la seguridad social y la educación. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud, para lo cual deberá proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales desde el periodo prenatal, teniendo derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, educación, recreo, deportes y ser-vicios médicos adecuados˛ (Art. 123). Sí, bonito y alentador, relaja saber que en Honduras atendemos efectivamente el problema de los niños desamparados, solo que

Muchos cuadros nos presentan a madres o mujeres, porque no es seguro sea la madre del infante, cargando en brazos a un bebé y halando a otro que apenas puede caminar, pidiendo limosna. Ninguna autoridad competente hace nada al respecto a pesar de que el Art. 124 de la CR señala claramente que esta actividad es prohibida.

¿Acaso el Estado no posee los medios para hacer que se aplique la ley que protege a los niños de la calle? ¿O es la incompetencia o negligencia de las instituciones encargadas de la asistencia social, quienes no dan el ancho? Algo no está bien, los niños son el futuro y estamos atenidos, como Estado, a depender de las instituciones privadas para construir la Honduras que soñamos. Los niños de la calle se incrementan día a día, con un futuro incierto, pero de fácil deducción en convertirse en delincuentes, analfabetos e ignorantes ciudadanos; chiquillos que deciden incorporarse de manera individual a las famosas caravanas migratorias, debido a su desorientación y abandono social.

La ley también establece que “los medios de comunicación deben cooperar en la formación y educación del niño”. Sin embargo, apenas se advierten programas y proyectos orientados a atender lo que señala la Carta Magna. Vivimos bajo un “sálvese quien pueda”. Sin embargo ¿quién salvará a los niños de la calle? ¿Que se los lleve el diablo? Claro que no, estos son los temas que nuestras autoridades en los tres poderes del Estado y toda la ciudadanía debemos encarar responsablemente para erradicarlos.

*Cnel. de Av. ®

*Excomandante general FAH Licenciado en CCAAMM.

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