¿Vencer el hambre o vencer al hombre?

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/ 11 de noviembre de 2022
/ 12:05 am
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¿Vencer el hambre o vencer al hombre?
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

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Por: Óscar Armando Valladares

Dos textos con títulos parecidos, se publicaron en 1965 y 1971: un estudio del ensayista francés Philippe Farine -“Un mundo para todos los hombres”-, y la obra en verso del hondureño Roberto Sosa -“Un mundo para todos dividido”-, laureado en Casa de las Américas, Cuba.

Vencer el hambre por el desarrollo, puso Farine como premisa y en torno a ella giran las páginas de su trabajo crítico y apreciativo. “Desde siempre los hombres han tenido hambre -dice de arranque-; pero hoy lo saben todos los hombres”.

Conteste con Josué de Castro, piensa que “el hambre fue el gran descubrimiento del siglo XX”.

Datos, citas, constataciones, enunciados, consideraciones optimistas que luego disuelven evidencias en contrario, integran los apartados del estudio. En uno de ellos puntualiza: “El hambre es más que el hambre. También la ayuda (alude a los préstamos) es algo más que una ayuda. Exige una transformación estructural de las relaciones internacionales. La victoria sobre el desarrollo exige a los puebles ricos algo más que dinero; exige una revisión de su posición dominante”. Revisión dominante, más bien de los estados que de los pueblos, por lo demás un loable deseo, sin asideros factibles por cuanto en hojas adelante reconoce que “en América Latina la pérdida producida por la caída en los precios de la materia prima, en un solo año, sobrepasa diez veces los créditos concedidos por Estados Unidos y los organismos internacionales”, además de coincidir con Gilberto Blardone en que fi nalmente “el país pobre es el que fi nancia al rico, bajo apariencias de que el rico es un donador generoso. Los pobres son, así, los banqueros de los ricos”.

Movido, no obstante, por lo que llama “una esperanza todavía incierta”, confía en el advenimiento de una civilización solidaria. “No hay otra salida. De otro modo, solo queda lugar para una revolución justa por parte de los débiles, y para el miedo que eso suceda por parte de los ricos y, para todos, el caos. Construir una tierra para todos los hombres, ese es el gran destino que se presenta a nuestra generación”.

Han volado 57 años de lo escrito por Farine. Si falleció -lo que es muy probable- no pudo “asistir” a los cambios (distintos a los que esperaba) habidos a la fecha: la esfumación de la Unión Soviética, la gravitación del neoliberalismo, las oleadas migratorias en Europa y América Latina, las mutaciones climáticas, las guerras e invasiones, el armamentismo y las represiones, el surgimiento de China como potencia económica, la pandemia virulenta…

¿Quedó atrás, como propósito aquello de “vencer el hambre”? Con viejos y nuevos expedientes, ¿no estamos más bien abocados a un real objetivo: “vencer al hombre”, al ser común y corriente del gueto, de la favela, del campo de refugiados? La recrudescencia del odio racial, la violencia, la arbitrariedad, las pestes, el desempleo, los embargos comerciales, las expulsiones, el desamparo y asesinato de niños y mujeres, hacen creíble semejante fi nalidad, que en lenguaje neomalthusiano equivaldría a “descargar la balsa”.

Cierro el libro de Farine, y vuelvo al de Roberto Sosa, cuyo título Un mundo para todos dividido es de por sí taxativo. Comprometido con la causa de los que sufren hambre, preocupado “por los desterrados de todo gozo, en su lírica encara los problemas del hombre en el mundo “ancho y ajeno” de que hablaba Ciro Alegría: “En realidad/ solo lo que hace el hombre/ por enaltecer al hombre es trascendente”./ Con acentos extranjeros, tras gruesos lentes ahumados, / la policía/saca sombras chinas y desafinados silbidos de los huesos/ de las víctimas elegidas. Las sábanas silban en los alambres/ y la libertad silba en las ametralladoras”. Como diría Díaz Plaja -de la Real Academia-: Hilo puro de voz cantando, llorando.

coase2020@gmail.com

 

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