Carta de amor a mi padre, el doctor Ramón Abad Custodio López

ZV
/ 12 de noviembre de 2022
/ 12:01 am
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Carta de amor a mi padre, el doctor Ramón Abad Custodio López

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Querido papi:

Esta es una carta de amor y de respeto, los que siempre tuve hacia ti. Pero en este día, que nuestro Divino Redentor te llama junto a Él, te digo que tú nunca morirás, por que como dijo en una ocasión el finado abogado Edgardo Dumas Rodríguez: “tu cruzaste el Rubicón desde hace mucho tiempo en las páginas de nuestra historia”. Has sido un ser humano excepcional: obediente hijo, fiel esposo, devoto padre, confiable hermano, admirado suegro, compasivo abuelo, e intachable amigo -y ante todo- un valiente ciudadano.

Algunos te comprendieron, otros, desafortunadamente, no. Nunca entendieron el porqué de tu comprometida trayectoria humanitaria. Tal vez era de esperarse -no todos tuvieron ni el valor ni capacidad de buscarte y conocer tu compromiso como un gran ser humano, como yo tuve esa bendición. Algunos te temían y otros te amaban. Desde niño viste muchas injusticias, y así siguió ocurriendo durante el resto de tu noble vida- y como era el destino trazado por Dios Todopoderoso para ti, te dedicaste a defender a los seres humanos, como estudiante, como doctor y como ciudadano.

Nacido el 11 de diciembre de 1930, te graduaste de bachiller en el Instituto Salesiano San Miguel. Después saliste de Honduras para estudiar Medicina en El Salvador, pero por razones políticas en aquel hermano país, regresaste a graduarte como médico en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. No mucho tiempo después participaste en el famoso “cuartelazo” al histórico Cuartel San Francisco en un primero de agosto de 1956, por lo cual tuviste que pagar un alto precio.

Después vino tu época de postgrado en Londres y la fundación de uno de los primeros laboratorios clínicos de Honduras, Laboratorio Custodio, el cual sirvió a muchas generaciones de nuestra sociedad. Así como también fuiste fundador del Colegio Médico de Honduras.

Dijiste presente en la defensa de la soberanía nacional durante la guerra de 1969 contra El Salvador -como mayor del Ejército de la Unidad Médica de apoyo a los soldados en el frente de batalla. Eres parte de esa hermandad de los Veteranos de Guerra a quienes siempre debemos agradecer y jamás olvidar. Nunca dejaste que mi mami nos sacara del país por razones de seguridad, diciéndole que si tú como soldado tenías que morir, lo harías, y que tus hijos debían correr el mismo riesgo que el resto de los millones de niños hondureños que no tenían otra alternativa.

Durante los años 70, dejaste tu vida pública para dedicarte a la docencia, ciencia e investigación. Fue a finales de esa misma década, y, junto a otros connotados hondureños, que fundaste el Comité para la Defensa de Derechos Humanos (Codeh). Una historia de película fue tu vida. Sobreviviste desde envidias y calumnias, hasta terremotos y guerras, tanto la del 69 como la de baja intensidad de los 80. Luis Posada Carriles intentó asesinarte en un atentado terrorista en los años 80 en tu laboratorio de la ciudad de San Pedro Sula, y tú, al igual que el papa Juan Pablo II perdonó a quien intentó asesinarlo en 1979, y como buen salesiano y humanista, supiste perdonarlo.

Asumiste con valor y dignidad el cargo de Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh) en dos periodos consecutivos. Con altura supiste entregar el cargo a tu sucesor. A partir de tu salida de tan noble institución, te dedicaste a la vida privada, con algunos episodios memorables. Lo hiciste con honor y decoro. Ejemplo para muchos. Papi, hoy te digo que coincido con el editorial intitulado “LA BARRA ALTA” del Diario LA TRIBUNA publicado en 2014. Nos has dejado a todos con la barra muy alta.

Papi, doctor, caballero y oficial, pero ante todo, un gran humanista. Pudiste haber hecho las cosas diferente, pero tu destino estaba trazado por Dios y lo asumiste con gallardía. Por eso, durante 26 años residí fuera de Honduras, viví lejos de ti en diferentes etapas de mi vida y, por mucho tiempo nos fue muy difícil tener la relación normal entre un padre y un hijo. Honduras te había pedido prestado. Sin embargo, doy gracias a Dios porque al final, te me devolvió cuando regresé al país en el 2018 y tuvimos la oportunidad de reencontrarnos y disfrutar de nuestro inquebrantable amor filial.

Te amaré por siempre.

Tu hijo Monchito

En nombre de la familia, quiero agradecer a todas aquellas personas que nos han enviado mensajes de solidaridad.

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