La papisa Juana

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/ 12 de noviembre de 2022
/ 02:32 am
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La papisa Juana

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José María Leiva Leiva.

 

Mito o no, en lo personal, me resultó una historia fascinante y muy bien contada desde el punto de vista cinematográfico. Me refiero a “La Pontífice”, la película alemana dirigida por Sönke Wortmann en 2009, y basada en la novela homónima de la escritora estadounidense Donna Woolfolk Cross del año 1996, la cual narra una de las leyendas menos conocidas de la historia de la Iglesia: la vida de la Papisa Juana, una joven alemana que llegó a ser Papa en el siglo IX haciéndose pasar por un hombre.

En el año 814 después de Cristo, justo tras la muerte de Carlomagno, nace una niña llamada Johanna Anglicus en un pueblo alemán a orillas del Rin. Es la hija del cura del pueblo, que no está muy contento de tener descendencia femenina. Pronto la joven comienza a estudiar intensamente la Biblia y a Homero, considerado en esos días autor pagano. Su inteligencia y razonamientos le abren las puertas de un convento donde puede estudiar sobreponiéndose a la antipatía que siente hacia ella su maestro Odo.

Un ataque de invasores normandos la obliga a huir disfrazada de hombre y así transformada en monje, inicia una vida monasterial donde se destaca por sus conocimientos en medicina. Posteriormente llega a Roma y las circunstancias la conducen a cuidar la salud del Papa Sergio ll, a quien cura de la gota con un remedio de hierbas. El papa la convierte primero en su médico personal y más tarde en su maestro de ceremonias. Tras la muerte del pontífice por envenenamiento, le sucede como el nuevo obispo de Roma.

Mary Carmen Albarrán, en el sitio , señala: “El personaje (regiamente interpretado por Johanna Wokalek) atrapa al público desde el principio, al ser un arquetipo parecido a Sor Juana Inés de la Cruz: una niña que se atreve a desafiar las creencias de su fanático padre y de los envidiosos e ignorantes; en un tiempo en el que la mujer era denigrada como ser inferior, y por lo mismo era maltratada con facilidad. Pero ávida de conocimiento, se va haciendo de un lugar entre quienes admiran sus conocimientos; y hay un excelso retrato del ambiente barbárico con ambición de poder, en el que la fe y la buena voluntad hacen lucha por tener cabida, al estilo de Lutero”.

Junto a Johanna Wokalek, figuran dos rostros conocidos del espectáculo cinematográfico: David Wenham y John Goodman. El primero desempeña el papel del conde Gerold, su protector y pareja sentimental, a quien recordamos en el papel de Faramir, en la trilogía de “El señor de los anillos”, y como Carl, el fraile que acompaña a Van Helsing, en el film del mismo título del año 2004.  Por otro lado, John Goodman que representa al Papa Sergio, quien posee una dilatad carrera que incluye películas como “Los Picapiedra”, “Barton Fink”, y “El gran Lebowski”.

Finalmente destacar, que una primera aproximación al tema lo conocimos gracias a Michael Anderson, que en 1972 dirigió “La Papisa Juana”, teniendo un elenco extraordinario encabezado por Liv Ullmann (en el papel principal), Olivia de Havilland, Franco Nero, Lesley-Anne Down, Maximilian Schell y Trevor Howard.

 

Y sobre si es leyenda o no, hemos recogido dos opiniones. Veamos: Abel G.M. (Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes), escribió en el sitio , que “la leyenda resulta sin duda sorprendente y de su estudio se ha deducido que, casi con toda seguridad, se trata de una mera invención, probablemente propaganda antipapal o incluso una sátira que se tomó erróneamente por cierta… no existe ninguna fuente contemporánea que mencione esta historia: las más tempranas son del siglo XIII, más de cien años después de los hechos en la versión de Martín de Opava y casi cuatrocientos en la de Jean de Mailly. Sin duda un hecho semejante habría suscitado un enorme escándalo en su momento y habrían corrido ríos de tinta, pero ni un solo documento de la época lo menciona”.

 

Concluye este periodista con una anécdota famosa derivada de esta leyenda, “es que, supuestamente, se fabricó una silla con un agujero en el asiento -la sedia stercoraria- en el que todo nuevo papa debía sentarse para que otro eclesiástico “examinara” sus atributos masculinos y, si la inspección era positiva, anunciaba “duos habet et bene pendentes”, es decir, “tiene dos y cuelgan bien”. Sin embargo, aunque dicha silla existe y se encuentra expuesta en los Museos Vaticanos, no hay pruebas de que el agujero sirviera para tal examen y la silla puede ser incluso anterior a la historia de la papisa Juana”.

 

Y sobre el particular, César Cervera, en , afirma: “ciertamente aquel asiento con agujero existe, con el nombre de la sedia stercoraria (silla de los excrementos), y se encuentra expuesto en el Museo Vaticano. Sin embargo, su verdadera función era de retrete para los Papas. El resto es tan leyenda como la Papisa…”.

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