LETRAS LIBERTARIAS: Nueva economía, nuevos valores

ZV
/ 12 de noviembre de 2022
/ 12:03 am
Síguenos
01234
LETRAS LIBERTARIAS: Nueva economía, nuevos valores
Esperanza para los hondureños

Más

Por: Héctor A. Martínez (Sociólogo)

La gente suele lamentarse de que los valores que nuestros profesores y padres nos modelaban antaño se han perdido para siempre. Hay razones de sobra para explicar las causas de este descarrío, desde las tecnológicas hasta las sociológicas, aunque todos los cauces van a dar al mismo estanque: la desesperanza de los ciudadanos frente a un sistema social que no ofrece las garantías para llevar una vida digna, pese al discurso centenario del progreso económico y el bienestar humano.

¿Es posible mantenernos fieles a los valores y símbolos de unidad nacional, mientras el mundo se nos presenta difícil y con pocas esperanzas de mejorar nuestra existencia? Pese a la enjundia pedagógica de aquellos viejos profesores, tratando de inyectarnos lo que el Estado perseguía a través del sistema educativo, nada quedó de saldo. Si los esfuerzos hubiesen fructificado bien, hoy tendríamos una sociedad más abierta y libre, pletórica de recursos y de oportunidades múltiples para todos los ciudadanos.

Toda sociedad precisa de símbolos y valores para que sus miembros se identifiquen unos con otros. Pensemos en el himno nacional, la bandera, o el escudo. Todas las culturas y todos los sistemas políticos muestran los signos que las identifican, mientras a la par, los valores y las normas corren paralelos para recordarnos la necesidad de apegarnos a los principios que el poder pretende instalar en la consciencia de cada uno. Los símbolos y valores son necesarios para que un sistema social pueda mantenerse en el tiempo y para que el orden no se vea alterado. Es lo que los sociólogos denominan con mucho tino, el “equilibrio social”.

Mantener el orden resulta sumamente necesario para un poder para que todos los ciudadanos respetemos su voluntad. Eso se llama legitimidad. El orden, por su lado, se impone a través de dos vías: mediante la autoridad cuando los individuos respetan las normas y valores al pie de la letra; y la represión cuando el respeto se pierde, y la anarquía reina entre los individuos. Tras el desmadre de los judíos en el desierto, Moisés tuvo que mostrar las tablas de la Ley para mantener el orden y la autoridad, de lo contrario, la historia hubiese sido otra.

Pues bien: en una sociedad donde los individuos encuentran los recursos para vivir una vida digna y plena, los valores hacen posible la obediencia hacia las disposiciones del poder. Sus integrantes no conciben un sistema social diferente al suyo. Por supuesto que la sobreabundancia da lugar a un consumismo excesivo donde nada parece imposible de alcanzar. Entonces, la inconformidad y los vacíos existenciales aparecen, mientras llega la hora de revisar los valores que han quedado obsoletos. Los norteamericanos, por ejemplo, protestan por cualquier atropello del gobierno o del mercado, pero jamás pondrán en riesgo el propio sistema, porque se trata de una sociedad de oportunidades: el valor del éxito prima en la consciencia de cualquier “gringo” bien nacido. Por eso, ni comunistas ni socialistas tuvieron eco en la política norteamericana del siglo XX.

En una sociedad empobrecida -como la nuestra-, la gente va perdiendo la fe y el respeto por los valores y símbolos porque los recursos son escasos e institucionalmente inaccesibles. Y cuando la escasez prevalece, parece no haber razones para seguir reglas y valores ¿Qué sentido tiene tal apego? Es cuando aparecen los demagogos con la promesa de un mundo mejor, lo cual parece una empresa casi imposible de lograr, tanto porque las burguesías de izquierdas como de derechas, se encuentran muy cómodas en sus atalayas del poder como para revolver radicalmente las cosas.

La única manera de refundar una sociedad -con valores y símbolos que la sustenten-, es a partir de un cambio profundo en la economía, en la educación, y en la deteriorada política nacional. Y esa economía -liberal, desde luego-, deberá promocionar, no las restricciones, sino la abundancia material, la plena disponibilidad de los recursos para que la gente haga posible sus sueños y aspiraciones. Entonces, y solo entonces, podremos hablar de orden y respeto apegados a valores y símbolos sólidos.

sabandres47@yahoo.com
@Hector77473552

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América