MAÍZ, FRIJOLES Y ARROZ

ZV
/ 13 de noviembre de 2022
/ 12:15 am
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MAÍZ, FRIJOLES Y ARROZ

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COMO consecuencia de las largas temporadas lluviosas que incluyen el fenómeno cada vez más frecuente de los huracanes vinculados a los trastornos climáticos que atacan con mayor ferocidad a los países caribeños, vulnerables hasta decir ya no, es conveniente que los productores agrícolas y los técnicos que podrían asesorarles, se detengan a reflexionar en aquello que los economistas llaman “costos de oportunidad”, pero bajo la idea de la “competitividad”, aunque sea en términos locales.

Las lluvias excesivas, los huracanes y las consabidas tormentas tropicales, durante el segundo semestre de cada año, suelen destruir las cosechas de maíz, frijoles y arroz, lo mismo que otros cultivos, indispensables en la dieta básica mesoamericana. A veces tal fenómeno tormentoso y calamitoso se alterna con las sequías intensas en unos casos; o prolongadas en otros. Razón por la cual se debe analizar profundamente el problema, y adoptar decisiones drásticas, que conduzcan hacia lo positivo. No se debe dejar a la deriva el dilema de si llueve o no llueve en estos países, principalmente en Honduras.

Una solución inmediata es que, en vez de sembrar las semillas entre los meses de mayo y julio, los pequeños y medianos productores agrícolas siembren sus milpas y frijolares a partir de finales de noviembre de cada año, aprovechando la humedad del ambiente. Los hombres rurales que conocen de estos asuntos saben que las milpas de “postrera” se pegan mejor que las de “primera”. Lo que pasa es que las áreas destinadas para las postreras, normalmente son más pequeñas.

Se sabe que los frijoles son más vulnerables a las lluvias. Con el exceso de agua suelen podrirse y echarse a perder. Por eso los campesinos que han asimilado la sabiduría de los pueblos mesoamericanos más antiguos, siembran los frijolares en las estaciones más o menos secas, al pie de las matas de maíz de postrera. Y con buenos resultados, pues además de abastecer la canasta básica familiar, como si se tratara de un excedente, los labriegos de hoy en día compran en las tiendas de las ciudades más cercanas los “estrenos” de la época navideña, quedando un resto para los sembradíos azarosos del mes de mayo.

En cuanto a los cultivos de arroz el panorama es distinto. Los arrozales necesitan de mucha humedad, al grado que en algunas subregiones los cultivan en zonas pantanosas, con excelentes resultados. El único problema de los arrozales son los veranos demasiado intensos que queman las espigas; o las inundaciones que todo lo arrastran. No se deben cultivar arrozales, en ningún caso, sobre tierras altas o secas. El maíz por el contrario es tan generoso, que incluso se cultivan matas pequeñas, con mazorcas diminutas, en tierras altas y relativamente áridas.

Un problema crónico de la agricultura hondureña conecta con las limitaciones técnicas y geográficas de los sistemas de riego. El déficit en este renglón agroproductivo, continúa siendo enorme. Los expertos lo saben. Pero siempre se pospone la solución para épocas posteriores. O “para nunca sin falta”, según las jergas de los estudiantes de hace varias décadas. Otra problemática crónica son las zacateras improductivas de los anchos potreros en donde deambula una ganadería extensiva destructora de tierras fértiles, humedales y paisajes. Pareciera que jamás vamos a alcanzar a las sociedades que manejan sus ganaderías en establos, y en los peñascales montañosos. Nunca en los valles fértiles, por la experiencia milenaria acumulada.

Hay que modificar los sistemas de cultivos y regadíos. Debe trabajarse en las estaciones secas y húmedas que van desde el mes de diciembre hasta los comienzos de la primavera, a mediados del mes de marzo. De lo contrario continuaremos con el lodo hasta el cuello por causa de los desórdenes climáticos y de las ya permanentes amenazas de huracanes o ciclones; o como prefieran llamarles. No podemos ni debemos continuar sumidos en la improvisación empobrecedora.

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