Custodio, testigo de una época

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/ 15 de noviembre de 2022
/ 12:50 am
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Custodio, testigo de una época

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Juan Ramón Martínez

Acaba de morir, Ramón Custodio López. Tenía 92 años de vida, dedicada a la búsqueda del bien común, la defensa de la libertad y la vida de los seres humanos. Fue, además, de sus virtudes personales y su carácter de hombre comprometido con sus ideas, un testigo exacto de una época que, aunque no ha concluido, soporta otra, más compleja, igualmente retadora; pero que, se caracteriza por el olvido. Como ocurre en el país. Cada generación, en Honduras, solo recuerda los hechos de su tiempo. Los del pasado, los ignora. Y los que, ocurrirán en el futuro, le importan poco. Por ello, cuando se trata de analizar la vida, y las obras de Custodio López, uno vacila en determinar, si fue un hombre que movió a la población hacia la conciencia de su realidad; o, por el contrario, fue la realidad, invadida por ángeles de la muerte y las amenazas a la libertad y el conocimiento de los riesgos, los que hicieron posible que, espigara su figura singular. Para mantener viva la esperanza, frente a esta nueva nube que anuncia un tiempo nublado para la libertad y la democracia, me inclino por sostener que fue la sociedad que, en sus grandes necesidades de los últimos 70 años, produjo la figura que hoy despedimos, con pena, sí; pero con enorme orgullo: Ramón Custodio López.

Supe de su existencia, en 1956. Uno de mis compañeros de secundaria, mencionó su nombre, entre los de los líderes opositores a Julio Lozano. Un año después, diario “El Pueblo”, publicó un reportaje, mostrando a los protagonistas del asalto al Cuartel San Francisco, en el que Custodio con Ezequiel Escoto Manzano y Santos Sorto Paz, intentaron derribar a Julio Lozano. Años después, escribí “El asalto al Cuartel San Francisco” y en el que referí, su desempeño en esa acción de armas en la que, mostró su temple singular. En 1969, durante la guerra en contra de El Salvador, en Nacaome lo vi a la distancia, en su calidad de presidente del Colegio Médico, formando parte de la primera línea de la retaguardia de aquella operación militar defensiva. Era entonces, un hombre de rostro duro, marcado por las circunstancias y señalado por un carácter de hierro que, defendía sus convicciones y sus posturas, con hidalguía y valor.

La década de los ochenta, fue el primer tiempo nublado. La República, péndulo entre la instrumentalización, la ansiedad y la supervivencia; o las aguas de la revuelta armada. Fuera peleaban y defendían sus posiciones de cara al sol. Aquí, fuimos testigos de la peor manifestación de la guerra fría: la táctica de la desaparición de las personas. Aquí, Custodio con otros hondureños ejemplares, organizó el primer Comité de Defensa de los Derechos Humanos que se tiene memoria. Y libró la gran batalla, solo superada por la acción de los clérigos españoles en la defensa de la vida de indígenas y negros, durante la época más oscura de la colonización. Desde Argentina, donde habían estudiado algunos oficiales que dirigían las Fuerzas Armadas -institución que los constituyentes de 1957, hicieron autónoma, para que defendiera al pueblo cuando el Estado obligara a la rebelión- bajo las órdenes de los Estados Unidos y comprometidos con la idea que la guerra se iba a librar en Nicaragua y en El Salvador; y nunca en Honduras. La guerra fue sorda, terrible e inhumana: los desaparecidos, fueron la vergüenza de perversa estrategia destinada a prolongar el dolor, de no saber dónde estaban los restos de sus familiares, a los que nunca podrían colocar una flor; o murmurar entre dientes, una oración esperanzadora.

En este tiempo, columnista de LA TRIBUNA, coincidí por primera vez con Custodio. La Escuela Superior nos hizo un homenaje a él, Pavón y a mí, por la dedicación a la defensa de los derechos humanos. Pocos meses después, Pavón fue muerto por desconocidos junto a Landaverde. Esa misma noche, Francisco Villalobos, embajador de México, me ofreció asilo, diciéndome: “sigues tú; o, Custodio”.

Terminada la pesadilla, Custodio logró la institucionalización de sus preocupaciones. Su mayor contribución a la libertad y la derrota del miedo, fue la creación del Comisionado de los Derechos Humanos. Un vivo homenaje a su memoria. Y a su valor, ratificado en el 2009, donde honró la verdad y la sostuvo. Valientemente. Salud, ¡hombre grande!

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