El tecnócrata en el desgobierno

MA
/ 15 de noviembre de 2022
/ 12:53 am
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El tecnócrata en el desgobierno

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Jairo Núñez

Sin lugar a duda que la figura del designado presidencial Salvador Nasralla en el actual gobierno socialista es una de las más disonantes que se pueden encontrar. Su presencia por décadas en la televisión, lo ha convertido en una figura sumamente reconocida nacional e internacionalmente, pero apartando su exitosa trayectoria en los medios de comunicación, su profundo conocimiento sobre deportes y su patriotismo demostrado siempre en apoyo del deporte nacional y cualquier otro sesgo personalizado que se pueda tener sobre él, es necesario analizar sus posturas políticas, las cuales, aunque si bien es cierto se ha autodefinido como de centro, van más allá del encasillamiento tradicional del espectro político.

Comentábamos este fin de semana durante un receso con un grupo de estudiantes de posgrado de la UNAH, que el designado presidencial tiene un pensamiento demasiado avanzado para el promedio de los políticos tradicionales de la vernácula política hondureña. Su posición sobre varios puntos que pueden parecer controversiales para la sociedad solo demuestra que es un hombre pragmático, orientado a resultados, pero poco o nada entendido y no por falta de didáctica, es solo que convive con un gobierno que lo desacredita con cuestiones y ataques personales que nada tienen que ver con el progreso del país. Irrespetado constantemente por el expresidente Zelaya, Nasralla se da a conocer en las redes sociales por su posición a resolver los verdaderos problemas que aquejan a la sociedad: empleo, salud y seguridad alimentaria (este último problema lo tiene obsesionado, como nos debería tener a todos).

Es común verlo rodeado de técnicos de avanzada y de científicos especializados en diversas áreas. Sus entrevistas están orientadas a detectar las causas de los problemas y proponer soluciones prácticas, sin ningún tipo de demagogia, lo que suele conocerse como tecnocracia. La tecnocracia es una forma de gobierno en el que los cargos públicos no son desempeñados por políticos, sino por especialistas en sectores específicos de su campo de conocimiento, algo que ha expresado y promovido en varias entrevistas. Él se ha autodefinido como un técnico, como un hombre de ciencia y no exactamente como un político. Lo que caracteriza a la tecnocracia es una forma particular de razonar y tomar decisiones, no las disciplinas donde se forman sus miembros.
En la tecnocracia lo determinante es el conocimiento especializado, científico o técnico, que se aplica racionalmente para solucionar problemas o, en general, para obtener resultados específicos. Las medidas que se toman deben basarse en datos objetivos, comprobables y no en valoraciones o intereses grupales.

Por definición, este tipo de razonamiento es propio de las ciencias puras y aplicadas, pero ha sido adoptado desde hace décadas por el pensamiento económico que, más aún, considera que es ciencia en la medida que emplea herramientas y metodologías cuantificables (Fisher, 1990; Babb, 2001). Muchos creemos que Nasralla debió buscar una diputación por su partido (que la hubiera ganado holgadamente) y hoy fuera el presidente del Congreso Nacional, un cargo con mayor poder y alguien que no se hubiera dejado manipular en lo absoluto por los que hoy tienen mayoría, como lo han hecho con el orondo del tambor, señalado por su propia bancada.

Normalmente la tecnocracia no es asociada a ningún lado del espectro político, pero es mucho más frecuente encontrar tecnócratas al centro y a la derecha política, ya que su enfoque a la eficacia no les permite convivir con la demagogia y los gastos excesivos en imagen y otros aspectos irrelevantes de los políticos populistas de izquierda. Aquí precisamente radica la brecha notable entre las posturas tecnócratas de Nasralla y las políticas demagógicas y populistas del desgobierno socialista que en papeles lo ejerce la Presidente Castro, pero que en la práctica dirige el expresidente Zelaya quien detesta todo lo que huele a tecnocracia por considerarlo innecesario, irrelevante y hasta peligroso para sus propósitos políticos orientados al caos, por lo que queda poco o nada de espacio entre la racionalidad tecnócrata y la profunda ingobernabilidad en la que nos encontramos.
Cabe destacar que en el pasado ha habido algunos casos de gobernantes tecnócratas, en Italia Mario Monti, economista, que, aunque no fue elegido, reemplazó al exprimer ministro Berlusconi, dejó muy buenos resultados, pero terminó siendo orillado a su salida por la política tradicional. También Mario Draghi en Italia, llamado por muchos como “Super Mario”. En México, la izquierda que ahora gobierna calificó de tecnócratas a todos los exmandatarios del PRI solo por ser economistas, a excepción de EPN (lo que encasillaría de tecnócratas también a los expresidentes Carlos Flores y Ricardo Maduro dentro de esta línea siguiendo los señalamientos de la izquierda mexicana). Se pueden citar otros casos, normalmente economistas, ya que es lo que incide más en la vida de la población.

En conclusión, podemos decir que el designado presidencial Salvador Nasralla es un tecnócrata muy preparado, en un desgobierno que no tiene rumbo. Una especie de golondrina tratando de hacer verano en un profundo invierno. Un hombre poco entendido y extremadamente difamado por aquellos a quienes contribuyó a llevar al poder, porque en estos países ningún político tradicional quiere a un tecnócrata, más en una época tan polarizada en donde los extremos populistas tanto de izquierdas como de derechas son los que tienen la simpatía de las grandes masas y los moderados del centro solo la ven pasar. Esperamos que el designado presidencial no cese en esa insaciable búsqueda y publicación de soluciones a los problemas reales que azotan a nuestro país, tal vez un día muchas de esas ideas sean llevadas a la práctica, por él o por otros tecnócratas preparados para resolver los más graves problemas de nuestra amada Honduras.

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