Nuestra aportación para mitigar el cambio climático

MA
/ 15 de noviembre de 2022
/ 12:51 am
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Nuestra aportación para mitigar el cambio climático

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Rafael Delgado

Una multitud de representantes de gobiernos, instituciones multinacionales, iniciativas científicas y organizaciones especializadas llegaron a Sharm el Sheij, Egipto, para debatir sobre la amenaza que representa para la humanidad el incremento de las temperaturas y las medidas necesarias para frenar este proceso atribuido por la gran mayoría de los científicos a las actividades humanas. En el centro de los esfuerzos, según la comunidad de especialistas, debe de estar la reducción de las emisiones de dióxido de carbono y metano. El primero se libera al aire primordialmente a través del uso de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón; el segundo se libera intensamente en la producción ganadera. Ambos procesos contribuyen a la generación de un efecto invernadero, que consiste en que el calor queda atrapado por estos gases en la atmósfera produciendo el incremento de las temperaturas.

Esto es fatal para el planeta y sus consecuencias las estamos sintiendo todos. En cuanto a nuestra región, lo que se diagnostica indica calamidad para millones de habitantes. El llamado Corredor Seco de Centroamérica ubica a cerca de 10 millones de seres humanos en el centro de la tragedia, que en su mayoría viven en condiciones de pobreza que se recrudecen por los bajísimos rendimientos en la agricultura causados por el cambio climático. Las zonas como el Valle de Sula con presencia de centros poblacionales grandes y lugar de grandes extensiones para la agricultura, vive recurrentemente los fuertes impactos de las inundaciones y las sequías que destruyen el patrimonio de los hogares y de las empresas año tras año.

En efecto, Centroamérica ya está calificada por los organismos especializados como región en riesgo. Cada vez es más difícil la vida y el trabajo aquí. Esto pone sobre la mesa varios hallazgos importantes que orientan para emprender las acciones requeridas. En primer lugar, sale a relucir el hecho que las circunstancias extremas en que ubica este fenómeno a la población hacen prácticamente inhabitables a las zonas afectadas, quedando cualquier medida de adaptación insuficiente. Además, el cambio climático destruye los cultivos, las casas, los animales de los más vulnerables hundiéndolos más en la pobreza; debilita a las organizaciones locales haciendo cada vez más difícil una respuesta organizada y efectiva de las poblaciones afectadas. Por ello, la comunidad científica ha hecho un llamado a centrarse en el origen del problema es decir en la reducción drástica de lo que está produciendo todo este daño.

Ante todo esto, el país debe poner en el centro de sus preocupaciones la transición hacia sistemas productivos más de acuerdo con esta amenaza global. Ya ratos llegó la hora de impulsar la producción de energía de fuentes renovables sin que esto sea una excusa para los asaltos al Estado. En la producción de energía fotovoltaica hay condiciones y un potencial envidiable, pero que no han sido suficientemente aprovechadas. Han pasado los años y nada se ha hecho para impulsar un sistema de movilidad ciudadana más efectivo y de bajo impacto ambiental para el país que produzca ahorro en tiempo y dinero. La llamada electromovilidad plantea el uso de sistemas de transporte público híbridos o eléctricos en las ciudades, cosa que ya funciona en otros países, pero que aquí no se quiere implementar. La agricultura y la ganadería del país se encuentra estancada entre extremos: por un lado, las iniciativas de subsistencia que poco resuelven, pero que destruyen los recursos; por otro lado, las grandes empresas agroindustriales rentables, pero depredadoras a gran escala de las fuentes de vida. Hay que cambiar a sistemas de producción agropecuarias que den resultados positivos tanto en la producción de alimentos como en el mantenimiento de la naturaleza.

No hay duda que llegó la hora de exigirle a los grandes emisores de los gases de efecto invernadero que frenen esa carrera ascendente de la muerte y también de pedirles cuenta por los efectos que eso conlleva para las regiones frágiles y de alto riesgo. Sin embargo, corresponde a nosotros nuestra parte iniciando con innovadores cambios estructurales que harán la vida para millones de hondureños y centroamericanos menos riesgosa y más prometedora.

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