DEL RUIDO AL SILENCIO

MA
/ 16 de noviembre de 2022
/ 12:25 am
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DEL RUIDO AL SILENCIO

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EL artículo enviado por un lector, del que tomamos algunos párrafos para ilustración de los demás afiliados al colectivo de Winston y el Sisimite –“mire, esto es lo mismo que usted ha venido diciendo”– publicado en un diario español: “¿Cuánto más teclean, peor escriben?”. “Este es el ‘efecto WhatsApp’ en el lenguaje de los adolescentes”. “Algunos profesores opinan que la inmediatez de las redes sociales genera problemas de ortografía, gramática y coherencia textual”. “En WhatsApp, no imprta q se scriba asi” Es un universo sin tildes, comas, ni puntos finales, donde se quitan las vocales para hacer abreviaciones y se sustituyen las palabras y frases por los emojis, stickers y gifs”. “Lo importante es no quedar en visto”. Una maestra de Lengua y Literatura de secundaria, bachillerato y formación profesional durante 34 años, ha notado una “degradación” en la forma de expresarse de los alumnos en la última década”.

La maestra se quedó con la sensación de que escribían “textos como telegramas”, en los cuales faltaba la capacidad de enlazar ideas y construir argumentos con un hilo conductor: “Intentan ahorrar en las estructuras y escriben frases inconexas, con falta de conectores”. “Aunque una parte de los alumnos sepa diferenciar lo que es el lenguaje de internet del lenguaje de los exámenes, la media suele dudar de las reglas ortográficas, léxicas y gramaticales cuando tienen el bolígrafo en la mano”. “Se equivocan aún más cuando tienen que escribir un texto largo, tal y como se ha notado en los exámenes de selectividad”. “Los profesores de las universidades se quejan mucho porque tienen un alumnado que no sabe escribir correctamente”. “También –otra profesora de Lengua y Literatura consultada– coincide en que sus alumnos de bachillerato se expresan con menos vocabulario y tienen dificultades para traducir ideas en palabras, además de tropiezos ortográficos”. La maestra “ha notado un cambio más acusado en los últimos dos o tres años, lo que indica que la pandemia puede ser otro factor”. “El hecho de que hayan estado confinados y sin clase presencial durante unos meses les ha afectado muchísimo”. “Es como si hubieran perdido años de escolarización”. “Y el uso del ordenador y el móvil para estudiar en tiempos de confinamiento les ha alejado del lápiz y papel”. La profesora ha notado que, desde entonces, “muchos presentan dificultades en la caligrafía y hasta en la forma de coger el bolígrafo: Sus cabezas van más de prisa que las manos”. “La disminución de las habilidades lingüísticas por el uso masivo de las redes sociales fue constatada en estudios”. “En 2018, el profesor titular de Didáctica de la Lengua y Literatura de la Universidad de Málaga realizó una encuesta con 652 docentes de centros públicos y futuros maestros sobre cómo percibían la influencia de la mensajería instantánea en la escritura de sus estudiantes”.

“Los resultados mostraron un efecto negativo en el desarrollo de la competencia comunicativa, al menos en opinión de los maestros”. ”Las redes sociales –concluye el catedrático– están dando lugar a un empobrecimiento del desempeño lingüístico”. “La causa está en un llamado “efecto contagio”: cuando el uso del lenguaje coloquial es tan frecuente que se confunde con el lenguaje formal”. “Y las redes sociales han disparado el hecho de que todos utilicen una comunicación rápida y fragmentada en un contexto en el que es más habitual ver las normas alteradas”. “Más allá de los errores de ortografía, el ritmo acelerado del mundo digital influye en que las personas tengan cada vez más prisa a la hora de leer y escribir”. “Una profesora de Español en la Universidad de Bolonia (Italia), sostiene que las confusiones ortográficas no son un problema particular de los adolescentes, ni lo más grave: Todos podemos confundir la b, v o la hache”. “Lo preocupante del uso de la escritura digital, según la especialista en redes sociales y educación lingüística, es que lleva a elaborar textos muy breves, inmediatos y dialogados, y se usan pocas palabras para decir mucho”. “Hay una dificultad en redactar ensayos extensos que utilicen marcadores como: pero, sin embargo, además, por otra parte”. “Estos elementos están desapareciendo”. ”Las equivocaciones y faltas de coherencia afectan principalmente a los adolescentes de la generación Z y los futuros de la Alfa”. “Porque son los que más tiempo pasan con el móvil y los que menos experiencia han tenido con géneros formales de escritura”. (Winston se puso a filosofar: Picasso abrevió las formas convencionales del dibujo y la pintura para, de la síntesis, crear lo abstracto. Pero se quedó corto. El extracto del todo –prescindiendo de lo innecesario– es un punto, o mejor aún, lo imperceptible. El paso anterior a lo inexistente. Llegará el momento en que de tanto agarrar por los atajos y de abreviar el idioma –apretado a la más constrictiva simplificación– se van a quedar sin voces para interactuar: Sin lenguaje con qué comunicarse, desaparecería la noción aristotélica que el hombre es un animal, social, racional y político. Sería la regresión perfecta. De simetría en el reino animal. Hacia allá vamos. Y quizás sea la bendición que nos depara el futuro. Descanso absoluto. Pasar del ruido ensordecedor de hoy, a disfrutar del silencio de mañana. O mejor aún, de la conmoción a la tranquilidad. De la bulla mundana, a la paz serena de los sepulcros. Experimentar en vida, la vida del más allá).

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