Los reguetoneros: más vivos que los políticos

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/ 16 de noviembre de 2022
/ 01:01 am
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Los reguetoneros: más vivos que los políticos
Esperanza para los hondureños

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Por: Héctor A. Martínez (sociólogo)

En América Latina, el reggaetón se ha convertido en una expresión musical de insospechadas repercusiones en la cultura moderna. Tanto es así, que el rock moderno y la música pop norteamericana y europea han tenido que acudir a los “remakes” y a la música “tecno” para poder mantenerse vivos en el agresivo mercado musical, y ponerse a la altura exitosa de Daddy Yankee y Bad Bunny. El reggaetón suena tanto en Praga, Varsovia como en Berlín.

Pero, así como el rock y el pop se muestran decadentes, en América Latina, la ranciedad ha alcanzado a la política que, al igual que aquellos, también se ha visto obligada a echar mano de los viejos estandartes del socialismo o del patriotismo para mantenerse en el “hit parade” politiquero, y buscar la manera -desesperada- de ganar adeptos. Estamos hablando de los políticos de izquierdas y de derechas, desde luego. Ninguno se salva de la calamidad doctrinaria, desde los mismos republicanos y demócratas, en los Estados Unidos, pasando por México y Centroamérica, hasta llegar a la Antártica chilena.

No es cuestión de partidos, desde luego, sino de un problema de pensamiento auténtico; de carencia de neuronas para impactar universalmente como el género del reggaetón que se identifica cultural y tecnológicamente con las verdaderas mayorías de la población latinoamericana, es decir, los jóvenes. Los autores del reggaetón aprendieron a traducir las señales de los tiempos exaltando la crítica social desde la calle o el barrio, más allá del acentuamiento en el sensualismo y la liberación sexual de hoy.
Cuando hablamos de problemas de pensamiento nos referimos a la ciencia política y a la filosofía que se han dedicado a describir y a explicar los fenómenos sociales del continente latinoamericano en función de las viejas teorías que emanan desde el siglo XIX. Planteamientos refrescantes y sesudos: cero. Los “cipotes” ni se atreven a entrarle a esos soporíferos que los académicos suelen esbozar para ganar méritos y ascensos, salvo cuando se los imponen dentro de la rigidez de los atrasados programas educativos.

El fracaso es evidente: los partidos de derechas se han limitado a seguir los desatinados consejos de mercadólogos y asesores de imagen, mientras que la izquierda se amamanta de los académicos desfasados que todavía leen a Marx y Lenin, pero en las versiones pedagógicas de los pasquines de Rius. Resulta lógico que la juventud se muestra cansada y desesperanzada ante el fracaso universal de la política en nuestro continente.
Frente a las antiguallas del sistema político, los jóvenes se colocan sus audífonos para entrar en un mundo más liberalizador. Silentes y reprochando el sistema de poder que los viejos les imponemos con nuestras reglas del “NO” y los valladares culturales de participación política, la juventud ha encontrado en las redes sociales -las mismas que aseguramos despreciar, pero que utilizamos con asiduidad maniática-, los canales de expresión que ni siquiera atinamos a descifrar, salvo que les confiscáramos sus móviles. De ahí el éxito rotundo de los autores del reggaetón para atraer a las masas, mientras los viejos ocluimos los sentidos, y nos persignamos.

Las ideas en política se agotaron tras el fracaso de las revoluciones socialistas y la incapacidad del liberalismo para humanizar el mercado, a pesar de que la razón histórica le asiste más al segundo, al proponer la tan ansiada libertad individual que añoran los jóvenes. Cuando a los políticos de América Latina les toca traducir las ideas, no las encuentran por ningún lado. Es decir, pese a que las izquierdas de hoy pregonan un humanismo liberador, y las derechas no proponen nada, según como vemos el comportamiento de los gobiernos del continente, la tendencia sigue siendo la misma del pasado: la concentración del poder, el fascismo que todos llevamos dentro, la mentira, la corrupción y la desatención a las demandas de la gran población juvenil.

Si tan solo hubiese un pensador como los autores del reggaetón en cada país, las cosas se irían por otro lado. Por los momentos, es todo lo que hay, como dicen los “cipotes”.

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