NI QUE FUERAN PAPOS

ZV
/ 18 de noviembre de 2022
/ 12:13 am
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NI QUE FUERAN PAPOS

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PARA comenzar bien el día, un cumplido de una amiga fundadora del colectivo de Winston y el Sisimite: “Gracias por los editoriales que son un deleite, felicidades porque muchos son temas basados en su propia experiencia en el asunto, sin embargo, debe tener una carretilla llena de investigación”. “Escribir –Simone de Beauvoir– es un oficio que se aprende escribiendo”. El párrafo de cierre de otro editorial: “A propósito de crear falsas expectativas sin garantía de lograrlas. No es lo mismo –le explica Winston al Sisimite– “vender la piel de oso antes de cazarlo”, a que pidan perdón por la machucada, antes que se paren en uno”. Un lector relata: “Eso que puso en el sticker de Winston, y que también lo menciona usted en el editorial de hoy, me recuerda cuando yo era adolescente”. “Una vez llegué de una fiesta, temprano, por cierto, y en buen estado; y mi mamá me estaba esperando y lo primero que hace es darme dos fajazos”. “Inmediatamente le reclamo: ¿por qué me pega?, si yo no he hecho nada”. “Y me contesta: por si lo haces”.

Una reacción al editorial “Idiotizando”: “Es terrorífico; los retos que promueve TikTok son incluso mortales, y los muchachos lo siguen, como zombis, sin ninguna previsión”. “Yo no sabía, pero su editorial me animó a buscar información y así supe, entre otras cosas, que TikTok creó su propia moneda de cambio como estrategia de enganche y generar dependencia de los usuarios al punto de llevarlos a la ludopatía”. “Los cipotes se mueven al TikTok como a las notas del flautista de Hamelín”. “Tome té de jengibre con miel para que se mejore pronto”. (Solo agregaríamos que el enganche no solo es a los cipotes que bailan al compás del flautista del cuento –que con música cautivaba a los ratones– sino también a los adultos y a los viejos”). Otro lector: “He recibido videos de TikTok, en realidad muy buenos, de pintores urbanos trabajando la línea de los dibujos tridimensionales, mostrando animales, ríos y mucha ilusión óptica en las ciudades”. “En aceras peatonales, paredes de edificios olvidados, en fin, dando brillo y luz a lugares abandonados y perdidos”. “Pero ciertamente, a mayor educación de una sociedad, mejor uso de la tecnología”. (Y nadie critica eso. Claro, para motivar el enganche, tiene que haber divulgación de cosas atractivas y valiosas, y en el paquete de lo que se percibe positivo, meter las odiosidades para ir creando tendencias. Si la tecnología, como hemos dicho, se usase adecuadamente, representaría el avance comunicacional más útil y lo más valioso del presente siglo. Y no se trata solo de educción –que sí hace falta– sino que estas plataformas trabajan en la inducción, para influir, para crear adicción, para robotizar las mentes ingenuas de las sociedades. El negocio detrás de eso es multibillonario. Explotan los mercados impunemente –como no hay control, ni regulación nacional, ni ley alguna– sin que las víctimas puedan deducir responsabilidad a los dueños de esas transmisiones; ah, y la explotación es patada y mordida ya que no dejan nada al país).

Un alcalde del colectivo expone: “¿Será, entonces, que la dictadura china no es tan mala como la plantean algunos gobiernos occidentales; será que Putin tiene mucha razón en no aceptar que esas “políticas de género” se apliquen en su país para proteger a su población infantil hasta que tengan suficiente edad para tomar sus decisiones?”, con respecto a esas “tendencias”. (Pues bien, el editorial explica que los algoritmos en China son distintos a los que usan para los demás países. ¿Y es que acaso los chinos son papos? Prohíben lo que pueda incidir dañinamente en la formación de su población, pero promueven en otras sociedades contenido con potencial de pervertirlas. “La política en China –explican los expertos– es que lo regulado por el gobierno se puede mostrar en cualquier plataforma, pero no cualquier otro contenido. “La mayoría del contenido que Douyin –el nombre de TikTok allá– promueve en China, está relacionado con la tecnología, la arquitectura, la música e intereses similares que aumentan la creatividad de los usuarios y ayudan a mejorar su conjunto de habilidades”. “Como no existe tal política en otros países, TikTok promueve contenido –malicioso, vulgar, ofensivo– que puede volverse viral rápidamente y generar ingresos para la empresa”). Concluimos ese editorial diciendo: La tragedia es que como aquí pocos entienden tecnología, ni la influencia de estas plataformas y de las aplicaciones para apoderarse de los datos privados del usuario, crear adicción en los zombis, robotizar e idiotizar la sociedad, no hay ley ni regulación que evite la explotación del mercado como potrero salvaje. (“Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota –el Sisimite cita a un célebre comediante norteamericano– pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota”).

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