Gotas del saber (90)

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/ 19 de noviembre de 2022
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Gotas del saber (90)

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Juan Ramón Martínez

I
El 24 de octubre de 1985, Roberto Suazo Córdova, presidente de la República, intentó introducir en el Congreso Nacional, por medio de iniciativa de parte de un diputado nacionalista y el apoyo de diputados liberales leales suyos, una iniciativa para lograr una ampliación de su tiempo en el cargo, argumentando que su elección se había efectuado de conformidad a la Constitución de 1965, que establecía el periodo presidencial de seis años. El rechazo de las demás bancadas e incluso la del Partido Liberal, leal a Azcona y Montoya, fue general e inmediato. Nicolás Cruz Torres le propinó una trompada al mocionante y los candidatos presidenciales encabezados por Callejas, rodearon el Congreso Nacional. Una vez conjurado el intento continuista de Suazo Córdova, los diputados, imbuidos de elevada emoción patriótica, aprobaron una moción declarando el 24 de octubre, “Día de la defensa de la Constitución”. Como el olvido es una gran amenaza para la vida democrática, este se ha impuesto; y, nadie, se acuerda de la fecha. Y cada día son menos los que sienten que el primer deber de la libertad, implica la defensa de la Constitución.

II
El 24 de octubre de 1829, el Ministro General del Gobierno de Honduras, don Liberato Moncada, elaboró una lista de las personas que según los artículos 8º y 9º de la ley emitida por la Asamblea Extraordinaria del Estado el 10 de julio del mismo año, habían salido del territorio hondureño por haber participado en el derrocamiento de Dionisio de Herrera y en el régimen establecido por el coronel José Justo Milla. La lista elaborada por el Ministro General, decía así: “Pedro Arriaga, expatriado por el puerto de Omoa, como principal agente y director del tirano Milla y que influyó en el incendio de Comayagua, su patria. Ciriaco Velásquez y el presbítero Antonio Rivas, no se han podido aprehender. Estos dos han reincidido en la facción de Opoteca a la que dan actualmente animosidad. Español Juan B. Casaña y Juan José Vidaurreta están mandados a sacar fuera del Estado. Juan Lindo y Joaquín Lindo están en el Estado de Guatemala. Jerónimo Zelaya emigró al norte, según noticias. Gregorio García no se ha aprehendido. Dionisio Gutiérrez y Bernardo Lagos están en el Estado de El Salvador. Francisco Marcilla, emigró y no se sabe su paradero. Presbítero José María del Campo, en el Estado de Nicaragua. Presbítero Manuel Álvarez, en el de El Salvador. Juan Antonio Inestroza, se fugó de Trujillo y se halla en la facción de Olancho. Extranjero José Valerini, ídem. León Vásquez, en Trujillo. Extranjero José Ferrari, salió de Omoa fuera de la República. Presbítero Joaquín Mora, en el Estado de El Salvador. El ex provisor Nicolás Irías, emigró y no se sabe su paradero. Bartolomé Romero en el Estado de El Salvador. La lista terminaba con el siguiente párrafo: “Estos fueron agentes del intruso Milla y contribuyeron eficazmente en la revolución de este Estado y la República, ya desempeñando destinos y comisiones, ya seduciendo a los pueblos incautos, ya persiguiendo a los ciudadanos pacíficos y defensores del sistema”. Era esta la segunda emigración de hondureños que ocurría debido a conmociones políticas. Vendrían después centenares y a consecuencia de ellas, Honduras perdería hijos valiosos que se quedaron para siempre fuera del terruño. (Efemérides Nacionales, Víctor Cáceres Lara, 356 y 357).

III
El 2 de noviembre de 1908, murió (“por dosis accidental de alcohol y morfina”) en la cantina Ambos Mundos, ubicada en el pueblo indígena San Sebastián, Texinca, ahora parte de Ciudad Delgado, El Salvador, el poeta mayor de Honduras, Juan Ramón Molina. Molina, había llegado exiliado a El Salvador el año anterior, después de la derrota del gobierno de Manuel Bonilla a manos de los liberales hondureños, apoyados por el gobierno nicaragüense de José Santos Zelaya. Las circunstancias personales del fallecido, el escenario de su muerte –una cantina de mala muerte– y los elementos ingeridos por el poeta, hacen pensar que cometió suicido o fue víctima de un error, al consumir más nepentes que los que su cuerpo afectado por la pobreza y los narcóticos, podían soportar. Algunos años después, sus restos fueron exhumados de un cementerio salvadoreño y trasladados a Tegucigalpa, donde reposan en el Cementerio General. Sobre su tumba, hay un busto que proyecta su imagen arrogante y su bigote retador, hacia la posteridad, asegurando su carácter de primer y más grande poeta de Honduras.

IV
El 18 de noviembre de 1962, la Corte Internacional de Justicia de La Haya, declaró la validez del Laudo de Alfonso XIII, Rey de España que, en diciembre 23 de 1906, había dirimido las diferencias entre Nicaragua y Honduras y establecido las líneas maestras de la frontera entre ambos países. Nicaragua, se había opuesto a aceptar la validez del Laudo y más bien mantenía ocupado el territorio nacional hasta que en el 1957, la Junta Militar de Gobierno, ordenó y ejecutó la expulsión de las tropas nicaragüenses de Cruta y Mocorón. Como parte del ejercicio soberano por parte de Honduras, se creó el departamento de Gracias a Dios, nombrándose como primer gobernador a Gautama Fonseca Zúñiga. En 1962, gobernaba al país Ramón Villeda Morales, el que celebró por lo alto el gran triunfo de Honduras. Durante este gobierno se efectuó la delimitación de las zonas en donde la ambigüedad de los hitos fronterizos, la línea divisoria de la frontera entre Nicaragua y Honduras. Un colegio en Olancho, en Catacamas, lleva el nombre “18 de Noviembre”, en recuerdo de esta fecha en que Honduras, logró la definición definitiva de sus límites fronterizos terrestres con Nicaragua.

V
El 19 de noviembre de 1986, el Comité Central Ejecutivo del Partido Liberal convocó a los movimientos internos a inscribir planillas de candidatos para elegir autoridades locales, departamentales y centrales de este instituto político. Eran tiempos de mayor participación, de ejercicio del poder desde abajo, diferente a estos tiempos de repartición de los cargos de dirección partidaria, en función de las elecciones generales, en que los líderes de las facciones, como los accionistas de empresas privadas, se reparten los cargos de dirección nacional y se le resta importancia e influencia, a los órganos de decisión locales y departamentales.

VI
El 26 de noviembre de 1986, “los precandidatos liberales se reúnen en el Tribunal Nacional de Elecciones, para pedir garantías en la pureza de las elecciones internas. El entonces presidente de ese organismo Roberto Callejas les comunicó que no hay recursos para adquirir sellos secos y poder marcar las tarjetas”. (Alexis de Oliva, Gobernantes Hondureños, Tomo II, 322)

VII
“Por los años de 1898 a 1900 existían en Honduras los periódicos que luego enumeramos: La Gaceta, El Pabellón de Honduras, La Unión, El Diario, El Cronista y Diario de Honduras, en Tegucigalpa; El Pueblo, en Comayagua; La Paz, en Juticalpa; El Piloto, en Danlí; El Eco de El Paraíso, en Yuscarán; El Occidental, de Santa Rosa de Copán; La Propaganda, en Santa Bárbara; El Municipal, en La Ceiba y El Pacífico, en Choluteca. De los periódicos que dejamos mencionados, La Gaceta era un diario dedicado, como de costumbre, únicamente a la publicación de decretos, acuerdos y resoluciones oficiales; La Unión fue un órgano semioficial dirigido por el doctor Rómulo E. Durón, durante los últimos años de gobierno del Dr. Policarpo Bonilla, y El Pabellón de Honduras que dirigieron sucesivamente el Lic. Carlos A. García y el general Fernando Somoza Vivas, fue también una publicación semioficial durante el ejercicio presidencial del general Terencio Sierra. Sin lugar a dudas, fueron los periódicos El Diario y El Cronista, dirigidos respectivamente, por los señores Alejandro Miranda y Juan Ramón Molina, los únicos que exhibieron carácter de independientes y los que dejaron registro de las noticias más importantes que en aquellos tiempos difíciles se generaban en el mundo, en Honduras y especialmente en Tegucigalpa. Ambos periódicos sostuvieron una pugna tenaz y encarnizada que terminó cuando Alejandro Miranda vendió El Diario a los señores G. R. Perry y Sergio Luzky y se sepultó definitivamente cuando el coronel José María Valladares adquirió ambos periódicos, los fusionó en Diario de Honduras y puso este bajo la conducción de Juan Ramón Molina, el tremendo polemista, crítico literario estilo Fray Candil y mordaz censor de las costumbres de la época. De los periódicos del resto de la República, los que más promovían revuelo eran El Pueblo de Comayagua, con el cual cruzaba repetidamente sus fuegos Diario de Honduras; La Paz de Juticalpa con el que también tenía que vérselas el periódico propiedad del coronel Valladares, y El Pacífico de Choluteca donde hacía armas contra los jóvenes Ángel R. Fortín y Julián López Pineda, escritores del Semanario La Juventud, el poeta Augusto C. Coello. ¡Qué interesantes los periódicos de aquel tiempo romántico! El símil que más se acomoda a ellos es el de un zurrón, con dos tapas de cuero crudo: las páginas primera y cuarta llenas de avisos: y la parte interior, repleta de cosas, dispuestas en el desorden mejor organizado que concebirse pueda. En letra menudita que hubiera hecho la fortuna de oculistas y optometristas de haber existido tales profesionales, se imprimían noticias que traía el cable, comentarios rápidos de los sucesos, el santoral del día, los precios del mercado, la notas sociales y los comentarios de naturaleza política, los anuncios de las compañías dramáticas, las listas de productos farmacéuticos que se vendían en las boticas, poemas y epigramas, chistes, chismografías intrascendentes, en fin, la miscelánea más completa que pudiera enorgullecer a un bazar. No había oculistas ni optometristas, ya lo dijimos, pero las personas de vista cansadas podían enterarse de las informaciones usando de aquellos anteojos que, sin precios excesivos, con su número y todo, para evitar dudas, se vendían en las tiendas de la ciudad. (Astillas de Historia, Víctor Cáceres Lara, 62 y 63).

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