Un estadounidense catracho

ZV
/ 20 de noviembre de 2022
/ 12:53 am
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Un estadounidense catracho
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Hace poco, mi hija que vive en los Estados Unidos, tras doce años de no venir por múltiples inconvenientes, nos dio la alegría de pasar un tiempo con nosotros. Con sus dos hijos y esposo, visitamos con ellos, las Ruinas de Copán, Santa Rosa, Gracias, Comayagua y pueblos cercanos a Tegucigalpa; todos estaban encantados de conocer en vivo y a todo color el país de su mamá y esposa respectivamente, y he de decir que me dio optimismo sus valoraciones como turistas extranjeros, que, obviaron lo negativo, que por supuesto siempre lo hay, y ponderaron lo bueno, y disfrutaron de caminar por calles empedradas de los pueblos y ciudades que conocieron.

Visitaron los museos que hubo oportunidad y suerte que estaban abiertos y otros que querían conocer lastimosamente estaban cerrados como Chiminike que aun cuando ya los centros escolares están funcionando de manera presencial este permanece cerrado al público en general.

De la gastronomía hondureña también fue de mucho agrado, deleitándose de nuestras comidas típicas y sus ricos cafés. Nosotros los hondureños estamos listos para resaltar lo malo, porque siempre nos están diciendo que somos los más atrasados, pobres, incultos, haraganes y esos conceptos se van interiorizando hasta convencernos que somos ciudadanos de quinta categoría condenados y sentenciados, que todo esfuerzo individual o colectivo que hagamos de nada servirá para cambiar nuestro destino y eso nos hace individuos opacados de muy baja autoestima.

Pero lo que realmente quiero contar es la actitud de uno de mis nietos, Tomas Gean Luca Salter Alvarenga, de nueve años de edad, un estadounidense catracho; debo reconocer que ha sido trabajo de mi hija, que siempre habló de su patria con gran amor y nunca ha renegado de sus costumbres y enseñó a sus hijos a querer Honduras aun sin conocerla. Tomas Gean Luca siempre quiso conocer Honduras, de pequeño dibujaba la bandera, el mapa, sus pueblos y otros símbolos como cualquier escuelero hondureño que por exigencia escolar le dejan esas tareas, y él por iniciativa propia trataba de documentarse y buscó en la biblioteca un libro que trataba solo de nuestro país, el cual leyó y así amplió sus conocimientos sobre el mismo y llegando aquí se sentía feliz con una conexión impresionante que me conmovió e inspiró para escribir esta historia.

El primer día nos dijo que quería una bandera grande y fue complacido con ello y siguió indagando y estudiando en libros y mapas, y nos comentaba datos y detalles que tal vez ni siquiera nosotros habíamos reparado en ellos y para él eran llamativos e interesantes y se sentía orgulloso de saberlos. Gean Luca y Constanza su hermana participaron en hacer tamales que les gustan mucho al igual que las tortillas, frijoles y bananos. Mi hija vive en Alabama, allí la población hondureña no es mucha, así que es mérito de ella, el enseñar el idioma español, conocimientos y valores de nuestra cultura, y un ejemplo a seguir por las y los hondureños radicados en el extranjero que no subestimen a los hondureños y otros son espléndidos para denigrar aunque hayan vivido buena parte de su vida aquí y también hay que reconocer a buenos compatriotas que nos enaltecen.

Aprendamos de Gean Luca y Contanza Salter que con su corta edad valoran sus orígenes y se sienten identificados y se fueron con la convicción de haber visitado un país hermoso y que defenderán de los detractores que por desconocimiento y otras razones somos descalificados, menospreciados y hasta desconocen nuestra existencia. Gracias Gean Luca y Constanza Salter, hondureños de corazón y por derecho.

Lic. María Luisa Alcántara
mluisam54@gmail.com

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