Cielo o infierno

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/ 21 de noviembre de 2022
/ 12:01 am
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Cielo o infierno

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Por: Ivonne Tábora*

Los términos “cielo” e “infierno”, tienen un significado simbólico y real, pero no podemos negar que existe mucho mito y confusión, alrededor sobre hacia donde vamos al morir, la mayoría de los que profesamos ya sea la religión católica o la protestante, entendemos que el cielo viene siendo el lugar que nos une a Dios para siempre, mientras que el infierno es el alejamiento eterno a él, un lugar de castigo para los pecadores y un fuego inextinguible.

Hay una parábola que se refiere al tema, es la del rico y Lázaro, cuando la leí, me dejó absorta por unas horas, yo desconocía que esta reflexión tiene varios significados, ya que es una parábola considerada como de difícil interpretación, trata de un hombre rico, llamado Epulón, con una vida llena de comodidades y lujos, se decía que se vestía con ropa de lino fino y todos los días hacia un banquete, y había otro hombre mendigo, llamado Lázaro, que se encontraba completamente cubierto de llagas, comía de las migajas que caían de la mesa del rico, y aún los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que con el tiempo Lázaro murió y fue llevado por los ángeles al cielo y el hombre rico también falleció y fue sepultado, este se fue al infierno, desde allí alzó sus ojos en medio del tormento y vio a Lázaro en el cielo, entonces dando voces le pidió a Abraham que lo ayudara y le suplicaba enviara a Lázaro para que le mojara los labios con agua, para refrescarlo.

Pero Abraham le recordó que él recibió sus bienes en vida y Lázaro sus males y por ello este recibió consolación y el ahora tormento, además le explicó que hay una gran brecha entre ambos sitios, y ni uno podía pasar al infierno ni al cielo.

Se entiende bien, que el rico no fue al infierno, por el simple hecho de ser adinerado, fue por su egoísmo, ya que nunca compartió con los pobres las riquezas que poseía, tuvo cientos de oportunidades de ayudar a Lázaro, y solo le dio migajas.

Una verdad bastante incómoda, especialmente para la sociedad consumista en la que vivimos, no pensar en compartir lo que tenemos y ser solidario con el que no tiene, tampoco nos gusta pensar en el destino que nos espera después de la muerte, según hayamos vivido en la tierra.

Salvación o condenación eterna, lo llaman los estudiados en el tema, pero no se trata si quiera de la brecha tan grande que existe entre los ricos y los pobres, sino de las personas que viven indiferentes al dolor ajeno, a los padecimientos humanos, como los niños que diariamente sufren hambre, o emigran con sus familias por la pobreza o la violencia, porque a muchos conmueve la situación, pero hasta allí llega todo, no hay una acción solidaria.

Nos hemos vuelto inconmovibles y pretendemos responsabilizar a los gobiernos de todo, cuando sabemos muy bien que estos velan más por sus intereses, que por los más necesitados.

En Honduras hay aproximadamente 500 mil niños y niñas que no pueden ir a la escuela, por carecer de lo básico en sus hogares.

Tenemos aproximadamente más de 10 millones de habitantes, de los cuales unos 2 millones se encuentran con serios problemas de adquirir sus alimentos diarios, algunos no tienen que comer o se saltan una comida ya que la situación de pobreza pasó de 28 a 32 por ciento, según el Programa Mundial de Alimentos, PMA.

Sería bueno que esta enseñanza sobre la historia del rico y Lázaro, nos calara, para que todos aquellos que tienen y están tirando migajas a los pobres, les tiendan una mano, muchos dicen estar bien con Dios porque aseguran, yo no le hago daño a nadie, pero tampoco hacen bien al que lo necesita.

“Si alguno dice yo amo a Dios”, pero no ama a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo va amar a Dios, a quien no ha visto? 1 Juan 4:20.

*Licenciada en Periodismo, relacionista pública, administradora de redes sociales.
@IvonneTabora
yvonnemt2002@yahoo.com

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