DE “LOS IDUS DE MARZO”

ZV
/ 21 de noviembre de 2022
/ 12:30 am
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DE “LOS IDUS DE MARZO”

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HAY entre los prosélitos del partido oficial –conste pudiese ser solo una avorazada minoría– hambrientos por repartirse los cargos públicos, mejor alguna embajada o puesto en el exterior, solo entre ellos. (Y hay uno que otro –cruel castigo a la mediocridad, crecer con envidia y rencor enconado– que seguramente ha puesto la mirada en alguna de su apetencia. Dizque por la influencia que pregona tener entre quienes deciden, pasa intrigando para que quiten a quien tiene mayor mérito, valor, y aporte a la causa más alta de Honduras –y ni hablar, al triunfo de su propio partido– que, por lo visto ignora o maliciosamente desestima. Esa hambruna por detentar cargos –para los que muchos aspirantes no tienen habilidad de asumir con solvencia, y quien sabe si hasta derecho, dadas sus limitadas aportaciones– aparte de desgalillarse en algún mitin político o haciendo la guerra odiosa por las redes sociales –ni al triunfo y menos a la patria–, no es exclusivo de este momento.

Famosas son las listas levantadas a inicio de todas las administraciones –independientemente del partido que llegaba al poder; en ciertos períodos con mayor cuidado o recato que en otros– de las chambas a las que le echaba el ojo el activismo del partido ganador. Las barridas y trapeadas en las oficinas públicas se convirtieron en ejercicio rutinario al amparo de los temibles sobres blancos, independientemente de la pericia tanto de los que quitaban como de los que ponían. El Servicio Civil vino a hacer más cara la función de limpieza, ya que los burócratas se agenciaron el derecho de prestaciones. Así que es entendible el dolor de cabeza de quienes gobiernan –sin duda la presidenta y quien fue presidente, sin motivaciones sectarias, quisiesen que fuese distinto– intentando complacer la empleomanía. Después de todo, la actividad privada está reventada –sin incentivo de recuperación, rematada por la pandemia cuando colapsaron los mercados– y como es allí donde se generan muchos empleos, la gente desesperada, después de meses enteros en “la rebusca”, se va. No ve opción alguna –si la necesidad obliga–arriesgando hasta la vida en un infeliz viacrucis, más que emigrar. En procura del ingreso para su sustento personal y familiar, que no obtiene en su tierra, después que muchos malvendieron sus bienes, dispusieron de ahorros de toda una vida, o los ofrecieron en alquiler sin que nadie quiera rentarlos porque la princesa no está para tafetanes. Nosotros pasamos por similares presiones. Quizás eran tiempos diferentes, o convicciones distintas, pero desde el inicio optamos –lidiando con el malestar de las presiones partidarias– por ensamblar un gobierno de integración nacional. Así que, a los cargos públicos, –los más altos incluso– fueron convocados militantes de distintos partidos, por capacidad, obviamente con alguna preferencia al partido que nos llevó al poder.

Se intentó dar espacios a correligionarios que ganaron su derecho en la campaña, casi siempre tomando en cuenta la aptitud del colocado y cuidando de los mínimos requisitos para el mejor desempeño del cargo. Y siempre, comprobamos que el gobierno es vasto, da para todos, ya que a uno le conceden ese alto honor para gobernar por todos y para todos, no solo para los miembros de un partido. Hubo veces que esa creencia nos agenció disgusto, no de pocos, que pensaban el poder es un pastel que se reparte entre afines. Con esa misma idea integramos el Foro de Convergencia Nacional que bajo la Secretaría General de un apto maestro afiliado a otro partido, reunió a una representación amplia de sectores y de todos los partidos, que en conjunto trabajaron en útiles consensos, incluso en muchos de los planes domésticos que se emprendieron. Esa apuesta resultó favorable cuando el país fue despedazado por el bíblico huracán, ya que se pudo, en base a una imagen de unidad, presentar un Plan de Reconstrucción y Transformación Nacional en Estocolmo –que recibió elogio y apoyo de la comunidad de cooperantes–, lo vieron como un plan de país y no de gobierno. Creamos el G-16 para integrar a las embajadas e instituciones internacionales a la veeduría del desarrollo del plan nacional. Y para asistir en la transparencia también se creó El Consejo Nacional Anticorrupción. Hay mucho más, pero el espacio solo da para una; que los más altos puestos de responsabilidad, no el chiriviscal, fue integrado por la misma cantidad de mujeres que de varones. Ah, y en cuanto la gestión, mucho de lo que entonces se hizo trascendió el período presidencial, beneficiando administraciones posteriores; incluso logros colosales obtenidos para el país y gigantescas posibilidades de las cuales nosotros no nos favorecimos. Casa bien con aquel dicho popular –como diría Winston– que “nadie sabe para quien trabaja”. A propósito –para satisfacción de complejos– la contribución nuestra en este pasado proceso comicial para que Libre estuviese integrado –cual era su derecho– a los organismos electorales, mediante reformas constitucionales, brindar mayor transparencia, que las cosas cambiaran, se produjese la alternancia necesaria, fue determinante. Sin necesidad que, desde el lugar más reservado que guardamos, tener que hacer alarde de nada. En el primer libro, “Los Idus de Marzo”, ofrecimos una ligera pincelada en anécdotas y algunas vivencias desde la construcción de la democracia hondureña y de la República. En este próximo, vamos a incluir otras, quizás lo más reciente –para los que leen– como contribución a la poca historia escrita que tenemos y testimonio a futuras generaciones.

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