BARLOVENTO: Formar ciudadanos primordiales

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/ 24 de noviembre de 2022
/ 12:03 am
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BARLOVENTO: Formar ciudadanos primordiales

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Por: Segisfredo Infante

Un probable lector diría que se trata de un tema simplón. Cargado de muchos lugares comunes. Pero es el caso que uno de los grandes obstáculos que hemos observado en el discurrir histórico hondureño y regional, desde los primeros albores republicanos, es la ausencia de ciudadanía, articulada por una sumatoria de individuos que debieran estar más o menos bien formados, conscientes del significado de los conceptos de república y democracia, con el fin de calibrar la importancia de las instituciones estatales y privadas. Desde nuestros comienzos republicanos, en América Central, hubo fuertes transgresiones a la institucionalidad pública, mismas que vinieron a alimentar las egolatrías de ciertos “caciques” criollo-mestizos, expertos en urdir intrigas, y en atizar los fuertes particularismos subregionales.

Desde nuestra perspectiva actual estamos en condiciones de juzgar con mucha ligereza y con inocultables sesgos, los comportamientos “erráticos” de los dirigentes decimonónicos de cada localidad centroamericana. Incluso comportamientos “extraños” de individuos importantes, o destacables, del presuroso siglo veinte. Pero los historiadores y pensadores responsablemente sobrios (o cuando menos profesionales) de cualquier parte del mundo, en la actualidad tratan de evitar las generalizaciones superficiales y los estereotipos odiosos que suelen encasillar, alevosamente, a las personas que estuvieron atrapadas en contextos culturales y geográficos de los cuales era difícil liberarse, como el provincianismo extremo y la pobreza material y espiritual de nuestros ambientes.

Pero quizás la limitación histórica más fuerte del siglo diecinueve y comienzos del veinte, se exteriorizó desde el fenómeno intrínseco que emanó de las entrañas de los mismos hombres “ilustrados” de aquella época luminosa y antinómica. En primer lugar, los hombres influidos por el enciclopedismo europeo eran poquísimos, y en vez de dedicarse a transmitir conocimientos de alto nivel al resto de la ciudadanía inmediata, y a los pobladores en general, dedicaron la mayor parte del tiempo a pelearse unos con otros, con enconos personales, y fraccionalistas, que parecían insuperables. Todo por falta de diálogo, de mesura y de formación democrática. Capacidad positiva dialógica y negociadora que sí detectamos en la personalidad del prócer suramericano José Francisco de San Martín, libertador muy poco conocido en las aulas del continente americano.

En un prólogo de una de sus obras más importantes, Karl Marx sugiere que los grandes personajes (incluyendo a escritores como él) son “criaturas acorraladas” por circunstancias históricas, en el marco de las cuales debemos analizarlas. Creo que aquel momento se significó como uno de los más brillantes del economista y pensador judeoalemán, ya en su etapa de madurez. (En otro artículo especificaré la obra y la página en la cual Marx esbozó aquella gran intuición sincera. No dogmática). Este tema del circunstancialismo fue retomado, desde una perspectiva “ratiovitalista”, por el filósofo español de comienzos del siglo veinte: José Ortega y Gasset.

Respecto de la necesidad de instruir una élite para dirigir los destinos de la futura República de América Central, fue expuesta por José Cecilio del Valle en 1812, nueve años antes de declararse la “Independencia”, dentro del ambiente de la “Sociedad de Amigos de la Patria”, uno de cuyos inspiradores más relevantes fue el costarricense José Antonio de Liendo y Goicochea, quien trabajó, antes de morir, con los indios “payas” de Agalta y Dulce Nombre de Culmí, en el partido de Olancho. Para del Valle la élite tendría que estar integrada por jóvenes expertos en economía política, pero con un espectro cultural que abarcase otros conocimientos y otras ciencias, incluyendo la pedagogía, la estadística, la biología y la filosofía. Esta idea fue reforzada por el sabio cholutecano con una exposición educativa más amplia y más rica en 1829. Si los posibles lectores tuvieran dudas al respecto, solo tendrían que buscar en las páginas relacionadas con la vida y obra de José Cecilio Díaz del Valle (primo hermano de Dionisio de Herrera), incluyendo la monumental “Antología” preparada por Ramón Oquelí.

Cuando entrevistaron al socialista uruguayo “Pepe” Mujica sobre las dificultades de la democracia en América Latina, el hombre sugirió que el problema se resuelve “con más democracia”. O, como proponía el italiano Giovanni Sartori, “la democracia debe ser enseñada todos los días”, comenzando por los cubículos escolares. La democracia republicana emergió en la Antigua Grecia, hace unos dos mil seiscientos años. No fue, ni tampoco es, resultado de un decreto desde arriba, sino una vivencia salida de las entrañas de los pueblos. Una de las soluciones de nuestros graves problemas consistiría en preparar a los futuros ciudadanos primordiales, en el hogar, en la escuela, en los colegios y en las universidades, con principios republicanos y fraternos antidogmáticos, y con aquellos conocimientos que viajan más allá de lo inmediatamente empobrecedor.

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