Los impulsores del desorden

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/ 14 de diciembre de 2022
/ 12:38 am
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Los impulsores del desorden

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Héctor A. Martínez

Editoriales y columnas dedicados al tema, foros y debates encarnizados, protestas en la calle, tomas de carreteras, señalamientos anticonservadores, grupos de intelectuales convertidos en censores del “establishment”; en fin. Latinoamérica se ha convertido en un palenque donde se libra una cruenta lucha entre el conservadurismo institucional y los grupos de presión que pretenden cambiar, no la historia, sino la hegemonía de las oligarquías tradicionales, a partir de una agenda que permanece escondida ante los ojos del público, pero no para un reducido grupo de analistas que han comenzado a tomar la punta de la madeja para ver de dónde procede todo el relajo.

Mientras nos enfrascamos en los viejos debates políticos que no sirven sino para cosechar enemigos, la rueda de la historia es forzada a cambiar de rumbo por causa de fuerzas poderosas que se mantienen en la “nube” de las grandes transnacionales -principalmente del sector financiero-, a través de la “ayuda” que llega a diferentes organizaciones no gubernamentales, según explica muy didácticamente Carlos Astiz, en su libro “El proyecto Soros y la alianza entre la izquierda y el gran capital”.

Según Astiz, el enredo con el que nos enfrentamos es de tal magnitud, que casi nadie logra percibir el problema en toda su dimensión. Pensamos que las crisis forman parte de los habituales conflictos a los que nos tienen acostumbrados los políticos tradicionales; persistimos en tratarnos como “izquierdistas” y “derechistas”, pero no hay tales. La misma incertidumbre nos reduce el espacio al análisis y nos ocluye la mente para apreciar la panorámica del fenómeno en toda su magnitud.

Los blancos seleccionados por el gran capital financiero son aquellos países donde reina la pobreza, el atraso cultural, y en donde las élites tradicionales impiden el acceso hacia los mercados globalizados. Muy al interior de cada uno de estos países, ciertos grupos de presión seleccionan los temas que se convertirán en parte de la agenda retadora, y que serán repetidos hasta la saciedad por sus agentes de campaña: feministas, líderes de los derechos sexuales, ecologistas, y los propulsores de la llamada “corrección política” que perviven en las estructuras de los movimientos y partidos de izquierda, incluyendo al Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Durante los tiempos de la Guerra Fría, las trifulcas ideológicas y guerreristas eran patrocinadas financieramente por la Unión Soviética y los Estados Unidos, y punto. Pero hoy en día, son otros los propulsores del desbarajuste institucional; los subversivos del equilibrio y la paz sociales son auspiciados por los grandes grupos financieros principalmente en los que el magnate George Soros -a quien la revista Forbes señala como uno de los empresarios más ricos del mundo- es el principal socio y accionista. ¿Cómo es posible que un capitalista de la linea dura, un financista de cepa pura sea el causante del desmadre que recorre los países, desde Chile hasta Colombia, México, Estados Unidos y Canadá? ¿No es esta una incongruencia teórica que parece salida de la mente de una mente enfermiza? ¿Cómo es posible que una agenda de izquierda, por ejemplo, sea promovida por el gran capital internacional?

Según Astiz, las organizaciones financiadas por Soros promueven la anarquía social a través, no solo de las organizaciones de “desarrollo”, sino también de académicos e intelectuales que se suman al movimiento, pensando inocentemente que contribuyen al progresismo y a cambiar el orden institucional tradicional. La agenda tiene su origen en el denominado Foro de Davos donde asisten grandes firmas comerciales y empresarios poderosos, para tratar ciertos temas que luego serán estandarizados a nivel internacional, obligando a las organizaciones internacionales a utilizarlos para cambiar los puntos de vista de la gente.

¿Qué se esconde detrás de todo este desorden que hoy nos mantiene en vilo? El control de ciertos países a los que se debilita institucionalmente, al tiempo que se promociona el autoritarismo como una forma de gobierno más estable que la democracia. Así, para el gran capital transnacional resulta más fácil hacer negocios sin restricciones políticas, y reestablecer la agenda neoliberal fallida de los 90 que proclamaba más democracia y más mercado.

(Sociólogo)

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