Necesitamos un mecanismo anticorrupción independiente

MA
/ 20 de diciembre de 2022
/ 12:26 am
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Necesitamos un mecanismo anticorrupción independiente

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Rafael Delgado

En días pasados se anunció la firma de la carta de entendimiento que define los pasos para la conformación de un mecanismo para el combate de las redes de corrupción y la impunidad en Honduras. Es una buena señal que demuestra el consenso alcanzado para crear una instancia que venga a hacer algo sustancialmente diferente en la justicia del país. Sin embargo, no hay que ocultar que la velocidad con la que se producen los entendimientos preocupan. Lo anterior indica primero lo cauteloso de las Naciones Unidos respecto a este nuevo intento y segundo lo poderosas que son las fuerzas que se requieren neutralizar para evitar convertir al mecanismo en un nuevo fracaso.

Por mientras se llega a su conformación, dentro de seis a doce meses, habrá que seguir exigiendo y alertando desde diferentes ángulos por una solución auténtica a la problemática de la corrupción evitando nuevamente un remedo de lucha que no contribuya en nada a erradicar lo oprobioso que ha resultado para el país el narcotráfico, el lavado de dinero y la corrupción en las altas esferas de la economía y la política.
La necesidad de un mecanismo independiente e internacional que aporte al adecentamiento de la justicia en nuestro país demuestra lo profundo que hemos caído. Implica aceptar que muy poco o nada han servido instituciones como la Fiscalía General de la República, la Corte Suprema de Justicia y todas las demás instancias de ese poder del Estado. Significa aceptar que ni los partidos políticos, ni los liderazgos de la empresa privada han funcionado en esa misión conjunta que se tiene de construir una nación democrática y de bases sólidas, donde lo que no aporta para el bienestar de todos no debe prosperar mucho menos invadir los espacios más importantes de la nación. Pero sobre todo indica que las fuerzas internas ya no son suficientes para darle vuelta a la situación y que el Estado ha sido debilitado y controlado.

Como se ha mencionado en repetidas ocasiones esto tiene una larga historia. Prácticamente la corrupción ha sido un fenómeno presente en la historia política del país. No ha habido gobierno que haya combatido eficazmente y reducido a la insignificancia los asaltos a las instituciones públicas y al Presupuesto General de la República. Lo peor del asunto es que la dinámica de este proceso se aceleró notablemente en los últimos años. Sin lugar a dudas, en los gobiernos de Lobo Sosa y Hernández Alvarado la infamia llegó a todos los espacios incluyendo a Casa Presidencial, desde donde se cometían los peores asaltos contra la nación. El fraude en el uso de los recursos públicos, el financiamiento del narcotráfico a la política, la contratación de empresas del narco para lavar dinero, son ahora hechos ya comprobados. Bajo esas condiciones en esos años ocurrieron los más insólitos casos en el mal uso de los recursos públicos. Solamente bajo ese contexto pudo ocurrir que se aprobara algo como la ley ZEDE con la que se consumaba, como al acto final, la destrucción de la nación. Haber llegado a esos extremos, haber caído tan profundo, es grave. Esto no debe olvidarse.

Nos corresponde a todos los hondureños estar vigilantes. Lo que ocurra en los próximos meses respecto a la conformación del mecanismo internacional de lucha contra la corrupción, en cuanto a la elección de la nueva Corte Suprema de Justicia y un nuevo Fiscal General de la República serán decisivos en definir si seguimos hundiéndonos o logramos al menos emprender el camino del saneamiento del Estado. Es importante que desde todos los espacios organizados del país se produzca la exigencia clara que deseamos pronto un mecanismo con suficiente poder para ser exitoso en un ambiente donde los enemigos allí están; independiente en su operación y financiamiento para no caer en las mismas redes de la corrupción que se articulan en la política y los negocios; que apoye cerrando con el capítulo de la corrupción y la impunidad que le ha costado demasiado al país.

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