“AIRES DE NAVIDAD”

ZV
/ 24 de diciembre de 2022
/ 01:00 am
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“AIRES DE NAVIDAD”

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EN esta Nochebuena, iniciamos la velada declamando un soneto inédito –escrito a solicitud especial– del Premio Nacional de Literatura 2022. Se trata de un regalo exclusivo a esta columna editorial y, por supuesto, al colectivo de Winston y el Sisimite. De Rolando Kattán: “AIRES DE NAVIDAD”: “Este aire navideño y misterioso/ nómades restos del soplo divino/ que viene y vuelve el barro memorioso/ y al abrazo imposible hace un camino./ Nada está lejos en una quimera/ siento la fosforescencia del nervio/ en la Navidad hay tantos hubiera/ ¡No los traslades hasta el cementerio!/ La Nochebuena, brillante en tu pecho./ ¡Ve tu bandera! Que al ser hondureño/ es tu familia la noche estrellada./ Respira y siente el aire navideño/ la vida se calibra en este sueño/ has memoria de amor esta velada”.

De Jorge Luis Borges. Tomado del poema del libro El Otro, El Mismo (1964). “JUAN, I, 14”. “Refieren las historias orientales/ La de aquel rey del tiempo, que sujeto/ A tedio y esplendor, sale en secreto/ Y solo, a recorrer los arrabales/ Y a perderse en la turba de las gentes/ De rudas manos y de oscuros nombres;/ Hoy, como aquel Emir de los Creyentes,/ Harún, Dios quiere andar entre los hombres/ Y nace de una madre, como nacen/ Los linajes que en polvo se deshacen,/ Y le será entregado el orbe entero,/ Aire, agua, pan, mañanas, piedra y lirio,/ Pero después la sangre del martirio,/ El escarnio, los clavos y el madero”. Rubén Darío: “Los tres Reyes Magos”: “–Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso./ Vengo a decir: La vida es pura y bella./ Existe Dios. El amor es inmenso./ ¡Todo lo sé por la divina Estrella!/ –Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo./ Existe Dios. Él es la luz del día./ La blanca flor tiene sus pies en lodo./ ¡Y en el placer hay la melancolía!/ –Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro/ que existe Dios. Él es el grande y fuerte./ Todo lo sé por el lucero puro/ que brilla en la diadema de la Muerte./ –Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos./ Triunfa el amor y a su fiesta os convida./ ¡Cristo resurge, hace la luz del caos/ y tiene la corona de la Vida!”. Por Juan Ramón Molina. Libro: Tierras, Mares y Cielos. “TRÉBOLES DE NAVIDAD”: Niño Dios –que en el pesebre/estás, radioso y desnudo–/ mientras que, sombrío y mudo,/ tengo fiebre./ Dulce niño,/ grácil cosa,/ como rosa, como armiño/ como armiño, como rosa./ Pobre rey,/ que ningún vasallo adula,/ que sonríes a la mula/ o que lloras junto al buey./ Del trotar/ va acercándose el rumor,/ del corcel de Baltasar,/ del camello de Melchor/ y el onagro de Gaspar./ En la noche –ardiente y bella–/ los divinos magos ven,/ que ya se paró la estrella/ sobre el místico Belén./

Sus tesoros/ te darán, que son inmensos:/ púrpuras, mirras, inciensos,/ perfumes, diamantes y otros,/ mientras danzan los pastores,/ tañendo sus caramillos,/ en los prados/ argentados/ aromados/ de tréboles y tornillos;/ y –en las bóvedas celestes–/cantan himnos y alabados/ de los ángeles las huestes./ Niño Dios, pequeño rey,/ que un almita azul alientas,/ ¿Tienes frío? Te calientas/ Con el vaho de ese buey./ Si ningún vasallo adula/ el milagro de tus ojos/ de violeta, está la mula/ contemplándote de hinojos./ Tu/ orfandad presto se fue;/ ya tienes tu manto tisú,/ un magnífico ajuar que/ una maga preparó,/ y tu cuello lucir ve/ un collar como de O./ Bien quisiera/ presentarte –como don–/ la hechicera/ sortija de Salomón:/ o un par de azules palomas/ de exótico país,/ o las mágicas redomas/ en que guardó sus aromas/ Belkis,/ cuando –ávida de placeres–/ en pos de un rey, todo luz,/ hizo su viaje de Citere/ sobre un nevado avestruz./ Ni una ofrenda, ni una cosa/ fabulosa/ te he de dar,/ ni una perla milagrosa/ de los joyeles del mar:/ ni una estrella luminosa,/ ni un sutil velo de tul,/ que –en arca de topacio–/ escondí, cerca de la Osa,/ en mi lírico palacio/ del azul./ Mas te regalo esta flor,/ –albo y rubio serafín–/ flor de amor, flor de candor…/ ¡La que respetó el dolor/ al arrasar mi jardín! (El Sisimite valora el obsequio del poeta de sus “Aires de Navidad”. Son preciosos versos –concurre Winston– que le recitan al alma).

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