El auge financiero de Londres en el siglo XIX

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/ 24 de diciembre de 2022
/ 12:05 am
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El auge financiero de Londres en el siglo XIX

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Por: Óscar Núñez Sandoval, PhD*

Es sabido que el Reino Unido mantuvo interés en los movimientos independentistas en América Latina, que se iniciaron en 1810. Esta posición se reflejaba desde una neutralidad cómplice, hasta la ayuda y respaldo a los movimientos insurgentes. En esos años, el Reino Unido era el único Estado en el mundo con sumas considerables de superávit de capital. Además, en el centro financiero de Londres (La City) ya circulaba una multitud de corredores de bolsa, banqueros y promotores que buscaban aumentar sus ingresos. Asimismo, las tasas de interés asociadas al financiamiento de proyectos de los jóvenes, inestables e inexpertos gobiernos latinoamericanos resultaban atractivas. A continuación, algunas reflexiones sobre la relación de los países de nuestra región con el mercado financiero londinense durante los primeros años del siglo XIX.

Ya en la década de 1820, muchos países de Latinoamérica acudieron al mercado financiero en Europa para financiar las necesidades de estabilización, incluyendo sus nuevas burocracias posindependencia. Sin embargo, los persistentes conflictos internos evitaron una consolidación económica, y provocaron para inicios de los 1830, la primera crisis de insolvencia financiera por el incumplimiento de los pagos de muchos préstamos contraídos por las jóvenes naciones (particularmente Bolivia, Colombia, Chile, Perú, Argentina, Brasil y México).

En agosto de 1825, a nueve meses de haberse constituido la República Federal de Centroamérica, las autoridades emitieron en Londres bonos soberanos por un monto original de £1,5 millones (libras esterlinas). No obstante, en marzo de 1828, los bonos en circulación, oficialmente reconocidos, totalizaron únicamente £163,000. Al disolverse la Federación, y después de varios años sin entendimiento con los acreedores, Frederick Chatfield, Cónsul Británico en Centroamérica, llegó a un acuerdo con los países. El monto de la deuda (£163,000,) se distribuyó de la manera siguiente: dos doceavos (£27.200) para cada uno, El Salvador, Honduras y Nicaragua, cinco doceavos para Guatemala (£67.900) y un doceavo para Costa Rica (£13.500). Hasta 1867, Honduras tenía su credito en mora y no había ningún arreglo de pago con los tenedores de bonos. Así, por concepto de intereses acumulados se adeudaba £62,800, para un gran total de £90,000 (capital original e interés).

En el caso particular de Honduras, no debemos olvidar el escándalo financiero en 1822 del célebre Príncipe de Poyais, Gregor MacGregor, quien se agenció un préstamo por £200,000, mediante un esquema financiero corrupto que promovió, en los mercados de Londres y París, las riquezas de los valles fértiles y soleados de su reino de Poyais en La Mosquitia hondureña. Para el pago de los bonos, el astuto vendedor ofreció a los compradores imponer un impuesto de 2.5% a las importaciones de Poyais. Además, los bonos se declararon canjeables por tierra en el dicho “edén tropical”.

Para fines de 1860, después de varias décadas de ausencia en los mercados financieros, los países de Latinoamérica regresaron a Europa en busca de recursos. Muchos de ellos ya habían superado los conflictos internos, además el aumento de su producción primaria promovió el crecimiento de las exportaciones, a raíz de la nueva tecnología en el sector transporte -barcos a vapor y ferrocarril- que facilitó la interconexión de regiones aisladas a los puertos nacionales y al mercado mundial. Esto reabrió las puertas a los países emergentes que procuraban préstamos para promover el desarrollo de sus exportaciones.

A inicios de 1870 el aumento del comercio mundial, generó un alto superávit de capital en Europa. En Inglaterra la tasa de ahorro alcanzó niveles promedio de 9%, mientras que los préstamos se mantenían en porcentajes sustancialmente inferiores. Además, nuevos desarrollos en el mercado financiero abarataron el costo financiero. El auge en la comunicación y el transporte facilitó la información sobre las instituciones financieras. En la medida en que estas aumentaron, su reputación los requerimientos de reservas de capital se fueron reduciendo, contribuyendo a disminuir el costo del crédito. Además, la saturación del financiamiento a empresas asociadas con el desarrollo ferroviario que alcanzó su punto máximo en 1866, redujo la rentabilidad de este financiamiento y motivó a los inversionistas ingleses a aumentar sus preferencias por los bonos soberanos en busca de mayores rendimientos a su inversión.

Finalmente, nuevas regulaciones financieras introducidas por el Parlamento del Reino Unido (Joint Stock Act de 1854 y Limited Liability Act de 1855) no solo protegió y estimuló la formación de nuevas empresas en el mercado de valores, sino que transformó el mercado financiero con la creación y el crecimiento de nuevos bancos, más allá de las populares casas bancarias. Así, la mayor competencia redujo el costo financiero y aumentó la oferta de crédito soberano a otras naciones.

Las reflexiones anteriores emanadas de la literatura especializada sobre la conexión de América Latina con el mercado financiero europeo en el siglo XIX, particularmente el londinense, ayudan a entender el contexto del ampliamente investigado escándalo de la contratación de los tres préstamos soberanos de Honduras en 1867, 1869 y 1870 para financiar la construcción del ferrocarril interoceánico que conectaría Puerto Cortés con el Golfo de Fonseca.

*Economista

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