Fama, poder y buenas costumbres

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/ 28 de diciembre de 2022
/ 12:02 am
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Fama, poder y buenas costumbres

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Guillermo Fiallos A.

Un sinnúmero de realidades y luchas que han tardado no días, sino, años enteros de sacrificios y voluntad perseverante pueden quedar empañados, por tiempo indefinido, debido a una desafortunada actuación de segundos.

No hay duda que conducirse bien por la vida es indispensable en este mundo cada día más mediático y donde se exponen, a la velocidad de la luz, los aciertos y desaguisados de cualquier ser humano, pero, particularmente, de aquellos que -por una u otra vía- han alcanzado la fama, el poder o ambos.
El caso reciente de más lamentable mención, ocurrió el domingo 18 de diciembre, después de haber disfrutado de la mejor final de una copa mundial de fútbol en los últimos 50 años. Un encuentro que a cada momento detenía la respiración de los aficionados televidentes alrededor del globo, cerró con justicia el gane de un equipo que luchó hasta su último aliento.

Muchos sentimientos en Latinoamérica se conjugaron a favor de la escuadra argentina la que con técnica, velocidad y astucia aspiraba a besar, luego de varias décadas transcurridas, la copa mundialista que significa haber alcanzado la gloria terrenal.
Los argentinos luego de un partido sufrido y con ribetes de triunfo y de fracaso que cambiaban segundo a segundo, vieron coronado su esfuerzo al derrotar a la selección francesa. Hubo un gran júbilo planetario pues los muchachos de la albiceleste lograron conquistar sus miedos, dudas y se lanzaron con garra y corazón para dejar su historia en el campo de juego y en el estrellato mundial.

Sin embargo, tanta dicha, felicidad, celebración y perseverancia que era la consecución de miles y miles de horas de entrenamiento duro, disciplina ejemplar y trabajo convincente; fue empañada drásticamente por acciones vulgares que agrietaron los muros de admiración, que despertó la selección sudamericana en los 5 continentes.
Todo dio comienzo con la inaudita acción del portero Emiliano Martínez, quien luego de ganar el trofeo del Guante de Oro, se lo colocó frente a sus partes íntimas; reflejando y proyectando un acto impúdico que llena de vergüenza no solo a un país, sino, a toda una región donde se habla idioma español.

Sin embargo, la bajeza continuó en el camerino de la selección gaucha, cuando varios de sus jugadores se expresaron con palabras soeces respecto a sus contendientes. También, cantaban y danzaban como salidos de la jungla, lanzando consignas y epítetos despreciables hacia quienes perdieron el espectáculo deportivo. Y no contentos con el grotesco carnaval protagonizado, algunos de ellos terminaron de consagrarse dentro de lo ordinario y corriente, al desfilar por las calles de la culta Buenos Aires. ¡Un triste ejemplo para la juventud contemporánea que los admira!

El pueblo argentino desde Tierra del Fuego, pasando por Chubut, Neuquén, Río Negro, Córdoba, Entre Ríos y Jujuy derrama cultura y un alto sentido del respeto hacia los demás.
A varios de los muchachos argentinos que viajaron a Catar, les hizo mucha falta lecciones de moral y cívica, respeto a los demás y estar conscientes que la vida da vueltas y que, si hoy se puede estar arriba, mañana se estará abajo. Lo sucedido en Catar debe hacer pensar a un selecto número de hondureños que tanto en el pasado como en el hoy, alcanzaron la fama y el poder; pero han olvidado las buenas costumbres que deben estar ligadas a la moral y también, a la ley.

Aquí muchos se han vuelto famosos al llegar al poder. Familias enteras han perdido sus buenas costumbres y antes como ahora, se recetan jugosas posiciones dentro del engranaje estatal. Decenas de funcionarios se olvidaron de sus orígenes y se dieron y dan la gran vida, convirtiéndose en trotamundos recorriendo praderas, picos nevados, la Gran Manzana, Medio Oriente, África, el Sol Naciente y tantos sitios más donde no hacen nada productivo, sino que, se dedican a turistear y andar utilizando su tarjeta de crédito pagada con dinero del pueblo.
Bonos navideños hacen de muchos el negocio redondo descarado y han mutado en su moral, pues lo que antes era una costumbre condenable; hoy, es normal y aceptable.

Deberían limpiar la Honduras del pasado y del presente y como muchos están embrujados con esa palabra de moda: refundar; ojalá, comiencen por refundar sus costumbres para que, quizá y con el auxilio de ese Dios de quien tanto reniegan, les ayude a que se conviertan en Buenas Costumbres.

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